Creo que lo se…

Lo que creo saber y cómo lo se…

Acaba de cumplirse el tercer aniversario de la publicación de «LA CENA».

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Marq

Así es. Corría el año 2015, el 18 de diciembre para ser más exactos, cuando la revista digital Vuelo de Cuervos. Publicó su cuarto número, en este caso dedicado a los asesinos en serie. Escribí dos relatos ya que, como es habitual en mí, el primero de ellos me quedó demasiado largo, así que «LA CENA» fue el relato escogido y aceptado por mi buena amiga Lorena Gil para formar parte de aquella entrega de la revista.

No anduve muy fino en aquella ocasión, ya que equivoqué un «asesino en masa», que son las personas que matan a un gran número de personas de forma simultánea en un período corto de tiempo, con un «asesino en serie» que es la persona que asesina a más de dos personas en un lapso superior al mes, de forma que deja un período de reposo entre los crímenes.

Mi «presunto asesino» era Marq Eilts, un noble francés que reúne a sus amigos en una cena en la que tiene preparada un sorpresa a sus invitados. La cena resulta estupenda, pero la sobremesa es… espectacular.

En «LA CENA» de dan cita los personajes más granados de aquella sociedad versallesca: condes, marqueses y duques, gente afín a la corona y ricos hacendados que, con sus luces y sus sombras, tienen que enfrentarse a los postres a dos sorpresas preparadas con mimo por su anfitrión: una es el café. La otra una declaración tan contundente como la caída de la hoja de la guillotina.

Doré

No pasó mucho tiempo antes de que Diego H. Kataryniuk se interesara por «LA CENA» para convertirlo en un cortometraje. Pese a que nos conocemos hace muchos años, como lo cortés no quita lo valiente ni mucho menos lo educado, me pidió permiso para adaptar la idea a la pantalla, cosa a la que accedí encantado, y el propio diego junto a David Caiña transformaron el relato en lo que vais a ver muy pronto.

 Corría el año 2016 cuando se registró el guion que causó muy buen impresión entre las instituciones culturales, y se dio luz verde a su producción. Durante el pasado mes de agosto, cuando más apretaban las temperaturas, nos encerramos en sesiones maratónicas de rodaje. Una experiencia inolvidable.

Y aquí estamos. Esta semana el equipo seremos los primeros en ver el corte final de «Amargo era el postre» y disfrutar de un trabajo bien hecho, original y con una estética impresionante.

No seré yo quien cite al elenco de técnicos, actores y actrices, productores y auxiliares a la producción que se dejaron, literalmente, la piel (alguno casi un pie) para que «Amargo era el postre» sea una realidad. Eso se lo dejo a Diego H. Kataryniuk porque creo que el mérito es suyo, y me siento muy honrado de ser uno más de ese gran equipo.

Por mi parte, agradecimiento. Cuando aquel 18 de diciembre del 2015 vi publicado el relato en «Vuelo de Cuervos» ya estaba encantado. ¡Cómo no me sentiré ahora! Mis personajes tienen cara y voz. Han pasado a formar parte del bestiario inmortal del cine y eso me llena de felicidad.

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Written by Juan Manuel Sánchez-VIlloldo

13 enero, 2019 at 19:39

El coleccionista.

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―No, Mire. Sé que para usted su infidelidad fue un grave error, pero no me interesa. Es cierto que yo colecciono errores ajenos, pero las infidelidades apenas se cotizan: ¡todo el mundo tiene alguna!
―¿Pero no ve las consecuencias? Mi exesposa se quedó con todo: mi casa familiar, coches, cuentas… y sobre todo ya no puedo ver a mis hijos-. ¿Está seguro de que no le gustaría añadir todo eso a su colección? ¡Por favor! Estoy desesperado… No tengo para comer
―Lo lamento mucho, pero no. ¿No tiene usted otra cosa, algún otro error grave que venderme?
El hombre vestido de andrajos sacó una pistola y descerrajó tres tiros en la cabeza del coleccionista.
―Ahora sí ―dijo mientras se sentaba a esperar ofertas.

Written by Juan Manuel Sánchez-VIlloldo

10 diciembre, 2018 at 9:28

Publicado en Literatura, Prosa, relato, Terror

Una de miedo

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Pasada la noche de Halloween, es el momento de dar la bienvenida al Día de todos los Santos. Suele ser un  buen día para recordar que la muerte nos iguala a todos y que, dentro de cien años, unos y otros seremos calvos por igual.

Nos gusta recrearnos en estas cosas de ánimas y difuntos, como si familiarizarnos con eso del “más allá” nos fuera a servir de algo cuando nos llegue la hora de entregar la cuchara, pero no podemos escapar de ese cierto encanto que tiene el mundo de mármol y granito que popula los cementerios. Además (¡cómo no!), cuando uno se dedica a esto de juntar letras, es inevitable no dar la razón a tantos buenos autores que han hecho de ese (infra)mundo un rincón de calidad.

Como suele dar la impresión de que la muerte desgarrada pertenece a los poetas, mientras que los escritores de prosa son más de “casquería”, y dado que no estoy muy de acuerdo con encasquetar esas categorías ni a unos ni a otros, deposito aquí un fragmento con lo mejor de ambos mundos: la prosa poética de Juan Ramón Jiménez en su irrepetible “Platero y yo”.

Que sí: que todos creemos que hemos leído “Platero y yo” pero, ¿cuántos lo hemos hecho en realidad?

Hay un capítulo perfecto para esto días. Se titula, y con eso ya dice mucho, La fantasma:

XVIII – LA FANTASMA

“La mayor diversión de Anilla la Manteca, cuya fogosa y fresca juventud fue manadero sin fin de alegrones, era vestirse de fantasma. Se envolvía toda en una sábana, añadía harina al azucenón de su rostro, se ponía dientes de ajo en los dientes, y cuando, ya después de cenar, soñábamos, medio dormidos, en la salita, aparecía ella de improviso por la escalera de mármol, con un farol encendido, andando lenta, imponente y muda. Era, vestida ella de aquel modo, como si su desnudez se hubiese hecho túnica. Sí. Daba espanto la visión sepulcral que traía de los altos oscuros, pero, al mismo tiempo, fascinaba su blancura sola, con no sé qué plenitud sensual…

Nunca olvidaré, Platero, aquella noche de setiembre. La tormenta palpitaba sobre el pueblo hacía una hora, como un corazón malo, descargando agua y pierda entre la desesperadora insistencia del relámpago y del trueno. Rebosaba ya el aljibe e inundaba el patio. Los últimos acompañamientos – el coche de las nueve, las ánimas, el cartero- habían ya pasado… Fui, tembloroso, a beber al comedor, y en la verde blancura de un relámpago, vi el eucalipto de las Velarde – el árbol del cuco, como le decíamos, que cayó aquella noche- , doblado todo sobre el tejado de alpende…

De pronto, un espantoso ruido seco, como la sombra de un grito de luz que nos dejó ciegos, conmovió la casa. Cuando volvimos a la realidad, todos estábamos en sitio diferente del que teníamos un momento antes y como solos todos, sin afán ni sentimiento de los demás. Uno se quejaba de la cabeza, otro de los ojos, otro del corazón… Poco a poco fuimos tornando a nuestros sitios.

Se alejaba la tormenta… La luna, entre unas nubes enormes que se rajaban de abajo a arriba, encendía de blanco en el patio el agua que todo lo colmaba. Fuimos mirándolo todo. Lord iba y venía a la escalera del corral, ladrando loco. Lo seguimos…

Platero; abajo ya, junto a la flor de noche que, mojada, exhalaba un nauseabundo olor, la pobre Anilla, vestida de fantasma, estaba muerta, aún encendido el farol en su mano negra por el rayo.”

Written by Juan Manuel Sánchez-VIlloldo

1 noviembre, 2018 at 12:00

Publicado en Literatura, Poesía, Prosa

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Supongo que he dejado pasar demasiado tiempo sin escribir nada. No, no me refiero a escribir relatos o a permanecer transportado a otro universo en una nueva novela: me refiero a escribir como lo hacía antes.

Siempre digo que escribir no es una fiesta. No es siempre divertido. Lo considero un arte duro, casi un deporte de riesgo que muchas veces te deja agujetas en el corazón. Esa es la causa, o al menos eso quiero suponer, de que me acerque a los libros de los amigos con un respeto reverencial, que hace que mis lecturas sean lentas y que me llenen de un percutiente sentimiento de culpabilidad. Se lo que cuesta tener una buena idea, traducirla a palabras y conseguir que alguien se interese lo suficiente como para publicarla, y también se lo que se valora la opinión de un amigo.

El asunto es que todo tiene un  propósito y un momento, y en los tiempos que corren, creo que me he quedado vacío de ambos. Leo las palabras, paso las páginas, y al cabo de un rato debo volver a leerlas porque no me he quedado con nada. Tengo entre manos obras de personas  a las que considero geniales cocineros de palabras. Tengo entre manos libros de mi buen amigo Pedro, de Rosa, de Mari Carmen e incluso mi última posesión, de Alaitz Arruti. Tengo esos libros dedicados, firmados y rubricados (la tinta de los escritores siempre es sangre) y no llego a ellos. Sí: lo he dicho bien: soy yo quien no llega. La razón es muy sencilla: añoro mi trópico.

Antes escribía mis historias de alcohol, vómitos y Mummatas, de escabio y tifones, de mi sirviente imaginario y mis paseos por la Playa de los Esqueletos. Recorría las calas solitarias  mientras buscaba dientes de tiburón y recogía corales y nácar. Antes soñaba. Ahora soy un extraño en mi tierra.

Tengo que decir, con toda honestidad, que si fuera este el momento de decidir, no habría vuelto. Rotundo: no hay grises. Todo es negro. Estaría en Filipinas, donde quiero estar y con quien quiero estar, y si no he regresado allí aún es porque no puedo. Añoro que Manila me golpee con el olor de sus calles, y que el norte me abrace con sus playas de arena de cristal. No: no quiero estar aquí. Me vuelvo huraño y taciturno, y la indefinición me mata, los retrasos me asfixian.

Quiero irme . Pero no me dejan.

Written by Juan Manuel Sánchez-VIlloldo

24 julio, 2017 at 7:00

Publicado en Sin categoría

“PACIENTE 101”, por Joseba Paulorena

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paciente 101Hay veces que una obra crece entre tus manos según vas avanzando es sus páginas. Este es el caso de PACIENTE 101 de Joseba Paulorena.

Describe una sociedad tan aséptica que la sensación de control total se escapa del libro, y te hace pensar que nada va a pasar, que lo leerás como parte de un mandato superior y te sentirás satisfecho cuando lo termines y abandones en una estantería para comenzar con otro.

Pues no.

Nada más lejos de la realidad. “Paciente 101” te va a incomodar, va a removerte del sillón y en más de una ocasión te obligará a releer algunos párrafos, angustiado por lo que allí se ha dicho, insinuado.

En una sociedad donde nada se deja al azar, y en la que es necesario un control total de la natalidad, aparece una niña cuya fisiología puede cambiar no solo el mundo, sino el delicado equilibro universal que compete a humanos y xenos, criaturas extraterrestres de diferentes orígenes.

No hay salvación: un pandemia se extiende de forma lenta pero inexorable. No hay tratamiento, no hay vacuna, no hay cura. No hay defensa contra un arma peligrosa con la que nadie contaba enfrentarse jamás: el amor.

Lejos de recrearse en damas o escenas ñoñas, Joseba Paulorena trata el tema con pulso de cirujano, y nos sumerge poco a poco en una sociedad gris que trata a sus miembros como una madre controladora e insensible, que no duda en sacrificar a los hijos cuyas mentes  graba a fuego la siguiente máxima: “Mi vida por la humanidad”, y es que no hay recurso más preciado que el propio ser humano.

Procrear para el estado es el modus vivendi del ser humano, algo tan natural como el respirar, en un mundo donde la poligamia es una característica de la sociedad, inseparable como la humedad lo es del agua.

Paciente 101  no es una novela para saltarse páginas, ninguna debería serlo, pero en este caso hacerlo rozaría el sacrilegio.

Written by Juan Manuel Sánchez-VIlloldo

31 mayo, 2017 at 22:59

Publicado en ficcion, Literatura, novela, Prosa, scifi

MIÑONES DE BIZKAIA

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IMG20170509190221Hoy ha tenido lugar ne la Librería ELKAR de Bilbao la presentación del libro histórico “Miñones de Bizkaia: policías forales del Señorío”.

Su autor, Jorge Cabanellas en compañía de una representante de la editorial valenciana SARGANTANA, especializada en temas culturales, nos ha comentado su periplo, desde que cayó en sus manos una de las chapas que formaban parte del uniforme de dicho cuerpo foral, hasta la publicación del libro.

No han faltado los familiares de aquellos que fueron fusilados o hechos desaparecer durante los momentos más crudos de la guerra, como tampoco el recuerdo de los que, por razones ideológicas, abrazaron el bando nacional. Como J. Cabanellas ha querido dejar claro desde el principio, se han tratado ambas vertientes del conflicto desde el rigor, el respeto y, por supuesto, sin rencores.

Nos ha ofrecido un breve, pero jugoso, recorrido por las hemerotecas, archivos municipales e incluso del propio ejército, ilustrado por la proximidad a la propia librería ELKAR de la comandancia de Miñones de Bilbao, que se conserva, cosa que ignorábamos la mayoría de los presentes, tal y como hubo de ser abandonado en 1937.

Un libro editado de forma primorosa por SARGANTANA de forma primorosa, con abundante fotografías y que hará sin duda las delicias de los familiares de los últimos integrantes de aquel cuerpo foral, y de los aficionados a la historia.

Jorge Cabanellas ‘Miñones de Vizcaya. Policias forales del señorío’.

 

Written by Juan Manuel Sánchez-VIlloldo

9 mayo, 2017 at 21:52

Publicado en Historia, Prosa

Entrevista en NGC3660

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José Jorquera Blanco, me entrevista para NGC3660

Breve: Juan Manuel Sánchez-Villoldo

Written by Juan Manuel Sánchez-VIlloldo

11 noviembre, 2016 at 10:25