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Archive for febrero 2011

Mary Shelley y el volcán Tambora

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Hace unos meses pude visitar el volcán Taal en las Islas Filipinas. Fue una visita accidentada, estaba en alerta uno, pero mereció la pena. Es imposible no pensar en lo terrible que tiene que ser vivir una erupción de un estrato-volcán de ese tipo. Casi todo el mundo ha oído hablar del Krakatoa y de cómo semanas después los europeos leían la prensa por la noche a la luz de los restos de la erupción. También el Pinatubo en el año 91 aterrorizó a propios y extraños (me refiero a la base norteamericana) en Filipinas. Pero muy pocos habrán oído hablar del volcán Tambora. Se encuentra en indonesia, como casi todos los mencionados anteriormente, y su erupción en 1815 está considerada la mayor del milenio, la mayor actividad volcánica de los últimos 10.000 años para otros. Desde mi punto de vista de lego, quizás el mayor desastre natural desde el aerolito que causó la extinción de los dinosaurios y de la mayor parte de las especies vivas en el cretáceo.
El cambio climático que produjo fue tal que durante dos años el mundo vivió las consecuencias de aquel acontecimiento telúrico. Así, 1816 se conoce como el año sin verano. Hay referencias en casi todos los países de lo nefasto que fue el periodo para la agricultura y el ganado. En términos generales llovió dos o tres veces más de lo habitual, lo que causó que muchos de los pocos (curioso juego de palabras) que se podían permitir unas vacaciones, las tuvieran que pasar encerrados en las lujosas villas alquiladas para tal fin en la Europa continental, más concretamente en Italia, Francia o Suiza. Varias personas habían elegido un lugar cerca de Ginebra para pasar el verano. Lo cierto es que estaban huyendo de las deudas y de las miradas indiscretas de la sociedad de entonces. El poeta Percy Shelley era un hombre casado, pero en adúltera relación con la joven Mary Godwin. La otra pareja la componían John William Polidori. Médico personal de Lord Byron, y el propio Lord Byron, que acababa de abandonar a su legítima esposa y a la hija de ambos, Ada, cuando ésta sólo sumaba dos meses de vida.( No perdamos de vista a la pequeña Ada, que nos dará una sorpresa el final de este relato. ) El nombre de Augusta Ada tal vez se deba a la hermanastra de lord Byron, Augusta, con la que se le acusó de mantener relaciones incestuosas. Nada extraño puesto que era cierto; también fue acusado de sodomía (también cierto) y de todo lo malo de lo que se le podía acusar a un hombre, aristócrata venido a menos, en aquella época. Pero olvidemos a Ada por un instante y recordemos quienes estaban en Diodati durante el verano de 1916. He mencionado a Polidori como médico personal de Byron. La salud del sexto Barón de Byron nunca fue buena: Nació. vivió y murió cojo, aunque lo intentaba disimular y los huesos de dolían muchísimo, especialmente cuando hacía frío. Supongo que padecería algún tipo de reumatismo o quizá lo que hoy sabemos que es la fibromialgia. De hecho, aunque siempre se nos ha dicho, al menos a mi, que Lord Byron murió en un duelo, lo cierto es que falleció de malaria, una enfermedad mucho menos romántica. No quiero olvidar que el hijo de Percy Shelly y Mary Godwin también viajó con ellos, al igual que Claire Clermont, entonces embarazada de Byron, aunque sean menos relevantes en mi historia.
Como contaba, un año antes el volcán Tambora había entrado en erupción con tal violencia que de los más de cuatro mil metros que tenía de altura dos mil se había vaporizado fruto de una tremenda explosión. Todas esa materia estaba flotando en el aire. El monte Tambora medía ahora unos 2.800 metros. ¿Dónde estaba el resto? Parte volvió a la superficie de la tierra de forma inmediata (los fragmentos mayores y más pesados) pero el resto del polvo, más de 1.500.000 toneladas flotaron por la atmósfera en forma de aerosol, reduciendo la cantidad de luz solar que recibía el planeta. Era el mes de abril. La primavera había sido eliminada del calendario. En el hemisferio norte poblaciones que superaban los 25ºC de temperatura al día siguiente apenas llegaban a 5ºC. El ganado recién esquilado moría de frio, la escarcha quemó las primeras flores de las cosechas y en el curso del mes de mayo algunos lagos se helaron. Se perdieron los cereales, incluida la cosecha de arroz en China, nevaba el Taiwan… Y en Suiza, donde Byron, Polidori y los Shelley pasaban el verano, el hambre obligo al gobierno a declarar emergencia nacional.
Por si todo esto no bastara, llovía continuamente, un día si y otro también. Los largos paseos por el campo tan propios del romanticismo estaban descartados… Pero quedaba la literatura. Así, en el ostracismo al que ellos mismos, el clima y la sociedad les había enviado, surgieron largas conversaciones nocturnas sobre los temas de actualidad. De la actualidad de 1816.
Un filósofo ocupaba una buena parte de las conversaciones. En un momento en el que se estaba viviendo un auténtico experimento climático, la ciencia -apenas separada por entonces de la filosofía- ocupaba las largas sobremesas del grupo. Intento imaginarlo. Veo una mesa de madera exquisitamente trabajada y la luz de las velas rompiendo la oscuridad. En el exterior la ventanas soportan una lluvia pertinaz y los truenos iluminan la estancia rasgando el aire. Imagino una chimenea y los vasos de cristal tallado llenos de oporto. Imagino a Polidori sentado con la copa en la mano observando a un Byron caminando de forma extravagante -disimulando la cojera- mientras se explica con cierta displicencia sobre cualquier tema. Las damas, sentadas una al lado de la otra- estarían tomando te mientras Percy Shelley juega con un pañuelo de seda que esconde y recupera de la manga de su casaca. Es posible que hablaran sobre Darwin. Un filósofo que postuló sobre cómo se forman las nubes, contumaces causantes de la lluvia que les envolvía, que como medico creía que había modos de contener las infecciones aplicando gases, que pensaba en que incluso se podría curar el cáncer y que insinuó -atentos- que todos los seres vivos han evolucionado de un antepasado común. ¿Nos suena esto? Claro que si. Pero no estamos hablando de Charles Darwin, padre reconocido de la evolución tal y como la entendemos hoy en día y que entonces tenía unos 8 años, sino de Erasmus Darwin, su abuelo. Quizás ahora comprendamos las fuentes de las que bebió el joven Darwin (y por supuesto Jean-Baptiste Lamarck), antes de embarcar en el Beagle, aunque no llegó a conocer a su abuelo, pero si -evidentemente- conoció su obra.
Erasmus Darwin era un hombre “renacentista”. Inventaba cosas que no registraba porque era socialmente impropio para un médico, pero nunca ocultó su interés por algo que estaba entonces de moda: El galvanismo. Lugi Galvani estaba en su laboratorio de Bolonia, cuando un asistente tocó con un instrumento médico de metal la pata de una rana muerta. Todos hemos visto lo que suele ocurrir en estos casos. La rana pataleó. Galvani reprodujo el experimento incluso despreciando el cuerpo de la rana y quedándose sólo con las patas. Seguían pataleando. Galvani, identificó ésta reacción con un “espíritu vital” que llamó “electricidad animal”. Hoy sabemos gracias a Alexandro Volta que no existe tal. La electricidad estaba en la diferencia de metales. La rana estaba en un gancho de bronce y el instrumento medico era de otro metal. Sinceramente lo desconozco pero podemos pensar en acero ya que tampoco es muy relevante en la historia que nos ocupa. Lo que si es relevante para todos es que Volta descubrió gracias a Galvani la forma de hacer pilas y baterías, algo que todos debemos a estos dos estudiosos que además eran amigos.
Percy Shelley, pese a que le he descrito como un afectado mojigato, era un poeta radical que abandonó la fortuna familiar y fue expulsado de los foros de la época por su marcado ateísmo. Para el, el galvanismo era una evidencia más de la no existencia de Dios puesto que era posible animar un cuerpo mediante la corriente eléctrica. Mary Shelley (la llamaremos así aunque no fue oficialmente la Señora Shelley hasta 1917, cuando se suicido la esposa de Percy y se pudieron casar) conoció personalmente a los “padres” de la electricidad porque eran amigos de su propio padre. La idea de animar un cuerpo con una corriente eléctrica no era nueva para ella. ¿Nos va sonando la historia? Percy Shelley se había vuelto “librepensador” al leer las obras de William Godwin, a cuya librería acudía a menudo. Se cierra uno de los eslabones de esta cadena. Recapitulemos:
William Godwin era un referente de la política y la literatura británica. Su esposa Mary fue una conocida escritora y practicante activa del feminismo. Su hija Mary Godwin conoce en la libreria Godwin a Percy Shelley. Deciden escaparse juntos y se llevan a Clair Clearmont, hermanastra de Mary a la que George Byron había dejado embarazada. Todos ellos eran conocedores del trabajo de Galvani y Volta a quienes conocían personalmente y conocían a un personaje algo más oscuro: Giovane Aldini. Sobrino de Galvani y buen conocedor del uso de las pilas que volta había creado.
Giovani Aldini creía profundamente en la electricidad animal que su tío había enunciado y que el propio Aldini publicó. Eso no le impedía reconocer la utilidad de las pilas de Volta, pero no se conformaba con las ranas. Usaba cadáveres humanos. No se si Mery o Percy estuvieron en la demostración más macabra de Aldini, pero lo que es seguro es que habían oído hablar de ella. Aldini hizo algo espeluznante. Con el publico en la sala, introdujo electrodos por los orificios corporales en el cadáver de un recién ajusticiado. Después, conectó los electrodos a sendas baterías y dejó que la corriente hiciera el resto. El cadáver comenzó de repente a patalear y a mandar puñetazos al aire, retorciéndose en la camilla ante el horror de los asistentes. No contento aun, Aldini aplicó corriente en el rostro del muerto, quien comenzó a poner horribles muecas y a abrir y cerrar los ojos, a mover la mandíbula y a levantar las manos y cerrar los puños. Cuando abrió un ojo hacia el público, comenzaron los gritos y el abandono precipitado de la sala. Algunos pedían que se repitiera la ejecución, por que el reo había vuelto a la vida. Según se dice uno de los espectadores murió de un ataque cardíaco.
¿Cómo se transmitió la información a principio del siglo XIX? No lo sé. Me temo que con dibujos aterradores y creciendo en angustia cada vez que un informador de la época hacía su crónica. Me imagino a algunos contando la historia de oído y afirmando rotundamente “Yo estuve allí y lo vi”
Así pues, la idea de resucitar el cadáver de un reo ejecutado, por medio de la electricidad no era una idea ajena a la mente de Mary Shelley. Desde la infancia ella había conocido en su casa a los hombres que aplicaban la recién conocida electricidad a todo lo que se movía. El “fluido vital” podía hacer que los muertos volvieran a la vida de forma temporal. No es dificil ver cómo en la mente de la joven Mary, la idea de la resucitación permanente tomara vida. Si un poco de electricidad hacía moverse a los muertos ¿Qué no se podría conseguir con una cantidad enorme de corriente?. Sin duda este fue uno de los temas del que se hablaba en las largas tertulias alrededor del fuego de la mansión de Diorati.
Pero hemos llegado a la noche mágica. Lord Byron presa de un mortal aburrimiento propone a sus acompañantes que cada uno de ellos escriba una pieza. Tanto Byron como Mary Shelley eran propensos a las depresiones. En el caso de la escritora es probable que fuera el menangioma, tumor benigno que padecía, el culpable de sus dolores de cabeza, depresiones y al final la muerte. Mary comentó siempre que la idea le había venido durante un sueño, aunque hay quien dice que se trató de una alucinación producida por el tumor cerebral. Alemania es rica en cuentos de fantasmas que eran habituales compañeros de tertulia en las largas noches del grupo junto al lago Leman. Pero hay un detalle más. Si damos un salto adelante en el tiempo veremos como Mary Shelley, que escribía de forma regular -siempre creemos que Frankestein es su única obra- y que publicaba sus obras, no olvidemos que su padre era editor, nos encontraremos con un libro de viajes titulado “Caminatas en Alemania e Italia”. Cierto es que es posterior a 1816, pero demuestra el interés que Mary ponía en los viajes y nos trae a la memoria que ella, ya conocía Alemania de antes. Lo sabemos por que en una escapa anterior con el propio Shelley, se unieron con su hermanastra en Calais, Francia desde donde alcanzaron Suiza. Pero la vuelta la hicieron por Holanda, por lo que no tuvieron más remedio que entrar en territorio alemán, e incluso navegar por el Rhin. Intelectuales como eran, sin duda que visitaron cuantos lugares de leyenda encontraran en el camino y dado que tuvieron que atravesar la región de Hesse no obviarían una visita a un castillo que es el orgullo de la comarca. Tiene unos 800 años de antigüedad y se llama… ¿Lo adivináis? “El Castillo de Frankenstein”. Como vemos, la gran inspiración de Mary Shelley no fue fruto de una noche de lluvia. Sin duda todas estas cosas estaban tomando cuerpo en su mente. Quizás el dolor de cabeza que sentía por causa de su tumor, le llevaba en ocasiones a fantasear con la posibilidad de que el cerebro se pudiera extirpar y sustituir por uno sano. Son sólo suposiciones. Mis suposiciones, lo que las hace aun menos fiables, pero creo que podemos jugar un poco con la idea y pensar en una Mary Shelley atormentada por una sociedad que la señala como adúltera, repudiada por su familia que la negó cualquier auxilio, acompañada por un hombre casado estigmatizado por sus ideas que es padre del único hijo de Mary que sobrevivió, con una hermanastra embarazada por unos de los seres más promiscuos que la historia dice haber conocido y que además mantuvo una relación con su propia hermanastra Augusta Ada en la que engendró un hijo, una mujer que había sido preparada por su madre para enfrentar con rebeldía un mundo de hombres… ¿Es de extrañar, sabiendo que conocía los experimentos del galvanismo, que se atreviera a pensar un relato en el que un nuevo taumaturgo diera vida a la podredumbre de la sociedad? (No olvidemos que el resucitado era un asesino ajusticiado.) Es posible que el castillo de Frankenstein fuera la pieza que le faltaba a Mary para componer la historia y la ocurrencia de Byron el detonante final.
Si traducimos la palabra “frankenstein” pierde mucho morbo. Además no es necesario, porque su sólo sonido pone en nuestra mente al mejor Karloff de la historia del cine. Pero lo cierto es que quiere decir “la piedra de Frank”. Hay una curiosidad que sin duda Mery Shelley no conoció. ¿Quién era el poderoso caballero que está inmortalizado en el castillo con un dragón enrollado en su pierna? Lo contaré enseguida.
Me gustaría antes dedicar unas líneas al resto de las historias de la noche de autos.
Byron estaba leyendo relatos alemanes (de nuevo Alemania) de “Phantasmagoriana”… Y a partir de aquí todo se complica. La leyenda dice que esa noche, al impulso de Byron de que cada uno esbozase una historia de terror, nació el monstruo de Mary Shelley y también el vampiro. Nadie, repito, nadie, escribió una obra esa noche. Mary hizo un relato que tituló “el sueño” – ya hemos mencionado que lo inicia comentando un sueño- que fue después un capítulo de la novela de Frankenstein. De Percey y Byron, al parecer no transcendió nada de enjundia, pero se comenta que Byron escribió “el entierro” un relato que adelantaba la figura de un vampiro. Y precisamente “el vampiro” es el título que se endosa a Polidori. Creo que no fue así. Lo que yo creo es que Polidori escribió entonces “Ernestus Berchtold o el moderno Edipo”. “El vampiro ” fue posterior y en el atacó con fuerza a Byron (al principio de forma anónima) usando sus modos para hacer el molde del personaje, algo que toda la sociedad notó. Hubo un par de personas más esa noche pero que nada aportan a lo que estamos contando, salvo más confusión.
De nuevo en la mente de Mary Shelley nos quedan un par de detalles que hemos dejado pendientes antes. George Frankenstein es el caballero de la serpiente en la pierna. El dragón que hemos mencionado anteriormente. El baile de fechas puede llegar a ser mareante y presiento que sería necesario comprobar si coinciden. No tengo la más mínima intención de hacerlo, así que nos movemos entre el año 1.200 y el 1.500. Por mucho que nos tiente la criptozoología, estamos hablando de literatura. Los cuentos fantásticos sólo son cuentos. Por lo tanto, mientras estemos en las motivaciones de Mary Shelley para escribir lo que escribió, daremos por supuesto que los dragones no existen como seres alados que escupen fuego de sus entrañas. Pero en aquella época, en los años que he mencionado, si que existía una orden del dragón”. Fue creada por el rey de Hungría quién la otorgó entre otras personalidades de entonces al Rey De Valakia (hoy sur de Rumanía) por su valor y apoyo frente a los otomanos. Este rey era Vlad II, a quien todo el pueblo llamaba Vlad “El demonio” que dicho en rumano es “Vlad Draculea”. ¿Nos suena? Era ni más ni menos que el padre de Vlad III conocido como “Vlad Tepes” o -traducido- “Vlad el empalador”, hoy héroe nacional de Rumanía. Por cierto, no pongáis ajos ni crucifijos en el monitor del ordenador. Era cristiano ortodoxo, y al final de su vida, católico. Mitad historia mitad leyenda, si es cierto que en una ocasión empaló a 23.000 prisioneros, incluyendo a los colonos alemanes que encontró en su camino. Mitad historia mitad leyenda, quién sabe, George Von Frankenstein venció en una batalla a Vlad III y ese es el Dragón, que la heráldica depositó en su escultura. Drácula contra Frankenstein en el siglo XV. Y ni siquiera se había inventado el cine.
En los años en que los Shelley visitaron el castillo de Frankenstein, la leyenda era otra. Allí vivió un tal Diple o Dippel, alquimista teólogo y anatomista. Vamos que despiezaba cuerpos en la medida de lo posible. Vendía un reconstituyente hecho a base de huesos y tejidos animales triturados. Un aceite curativo de los muchos que, imagino, habría en la época. De él se dijo que intentaba llevar un alma de un cuerpo a otro, que intentó resucitar un muerto hecho de partes de otros y que murió envenenado por su aceite cuando añadió restos humanos a la mezcla. Si es cierto que lo echaron de pueblo y que firmaba sus cartas con un enigmático “frankensteneinsis”
Con todo lo dicho, creo que no es aventurado decir que la idea de la novela “Frankenstein o el nuevo Prometeo” no surgió por una casualidad. Por el contrario fue un proyecto muy meditado que había bullido en la mente social y físicamente atormentada de Mary Shelley varios años antes de la mágica noche de abril del año sin verano.
Cronológicamente:

Mary sabe en su infancia de los experimentos de Galvani, Volta y Aldini, a los que ve frecuentemente con su padre.
Conoce y se enamora de Percy Shelley, anarquista y ateo enamorado del galvanismo.
Escapa a Suiza con Su amante y su hermanastra y vuelve por Alemania, donde visita el Castillo de Frankestein y conoce la historia de Dippel.
El volcán Tambora sumerge en la desgracia a Europa y Norteamérica.

Lo que yo creo es que Mary Shelley estuvo allí donde había que estar para recoger los datos necesarios, y tuvo una delicadeza absoluta para tratar un tema lleno de despojos, tanto físicos como sociales y obtener una obra perfectamente pensada y madura. Recomiendo la lectura de la novela original. Encontraremos un monstruo que pide cuentas a su creador. Un hombre resucitado horrible, que acusa a su taumaturgo de ser un dios mendaz, obligándose a la soledad por los tiempos de los tiempos. Una entidad que decide equilibrar la balanza social por sus propios medios, quizá en lejana réplica de los ecos feministas que la madre de Mary inculcó en ella desde temprana edad. Mary Shelley buceó en la historia, la ciencia y la filosofía para llegar hasta allí. Y bien es sabido que lo consiguió.
Y ahora me preguntaréis. ¿Que pasó con la pequeña Ada, la hija de Byron que éste abandono con sólo dos meses de vida? Byron nunca quiso saber nada de ella. Ni tan siquiera reclamó la custodia que entonces correspondía los padres por ley. Augusta Ada Byron King pasó a ser Lady Ada Lovelace cuando su esposo W. King fue nombrado conde de Lovelace. Ella entendió como nadie el lenguaje de las máquinas, en especial de la máquina analítica de Babagge cuyo lenguaje creó ante de ser construida. El lenguaje de programación “ADA” se llama así en su nombre. Si se transcribe la lógica de Lovelace a los programas actuales es perfectamente operativa y funcional. Fue rostro de las etiquetas de windows una temporada. Gracias a ella, que sólo vivió 36 años, igual que el sexto Lord Byron al lado de quién yace en el panteón familiar por expreso deseo de Ada, gracias a Ada Byron, decía, he podido contar ésta historia en mi ordenador. Se ha cerrado el circulo. Al menos, esto es lo que yo creo.

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¿Por qué?

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Estoy seguro de vivir en la ignorancia. Como tu y como mucha gente más en el mundo. Todos creemos conocer las cosas. Muchas de ellas pensamos que son ciertas por el solo hecho de que nosotrosa “sabemos” que es cierto. Desde el reglamento del fútbol hasta las leyes de la genética hay espacios de conocimiento que parecen haber sido llenados para nosotros en el momento en el que tomamos conciencia de que existimos. No es así. Hoy me decido escribir lo que yo se. ¿Qué se sobre Leonardo? ¿Es verdad que un niño puede naver negro por un desliz de su tatarabuela? ¿Fleming descubrió la penicilina por casualidad?. No lo se, pero creo que lo se. No voy a buscar fechas, no voy a navegar por internet ni a consultar la enciclopedia. voy a contarlo como lo tengo aprendido. Como lo recuerdo.

Written by aitztv

12 febrero, 2011 at 11:33

Publicado en Sin categoría

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