Creo que lo se…

Lo que creo saber y cómo lo se…

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El secreto de los tulipanes (2)

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Es difícil copiar a tiempo real lo que a uno le pasa por la cabeza. a veces las ideas son esos pajaritos, gorriones los llamaba Becker, que necesitan un cuaderno a mano que sirva de jaula temporal. Sin embargo, se antoja más difícil aun encontrar dónde anidan esas ideas que, cono hoy, nos acosan a las horas más cerradas de la noche…

Se dobló sobre sí tratando de recoger de algún modo el dolor que sentía. Era una punzada ácida, afiliada, que le hacía sentirse como una brocheta. Un trozo de carne ensartado a través del pecho.
– No…haga eso…debe calmarse…
Era la voz del aquel hombre. También jadeante y trémula
– Debe calmarse –insistió-, o nos matará… a los dos.
Levantó la cabeza de forma furtiva y vio al individuo doblado igual que el, con el mismo gesto. Los ojos cerrados en gesto de dolor y la mano extendida sobre el pecho, con el índice y el corazón apretando en el lugar exacto donde el sentía el dolor. De nuevo le pareció recordar a ese hombre, pero otra vez se le escapo el pensamiento antes de alcanzarlo del todo, aunque en esta ocasión una voz femenina acompañó el pensamiento “¿por qué te tocas el pecho, te pasa algo?”; y escuchó su propia voz contestando, “nada, tranquila. Son agujetas” y le asaetaron la mente imágenes velocísimas de una ciudad con playa, de un restaurante japonés donde jóvenes universitarios hablaban de Kafka en voz demasiado alta robándose la palabra unos a otros como demostrando quien había leído más libros; en otro plano un hombre le explicaba a un camarero como desde Alsacia se habían expandido las cervezas de abadía y un vino de nombre muy raro, que no podía recordar…sonaba como… ¡Uf! Una palabra muy difícil…
– “Gewüstraminer” -dijo el extraño-
… y la palabra le transportó a otro escenario. Ahora las imágenes avanzaban a una velocidad endiablada. Se vio a si mismo en una mesa enorme cubierta con un mantel de dibujos geométricos amarillos y azules, en los que el intentaba hacer cuadrar su servilleta decorada con los mismos motivos. “No; el vino es un Chablis” pero da igual. El llora y no sabe por qué. Hay una mujer a su izquierda y no consigue terminar de verla… sólo se escucha decir palabras sueltas… “muchacho”, “abuso”, “victima”, “pervertido” y la mujer le abraza y le dice…”llora, suéltalo”… se ve escondiendo la cara en el cuello de ella y aspirando su perfume…las palabras se van agrupando de dos en dos…de tres en tres…”muchacho mayor”, “abuso de mi”, “víctima inocente”…
Hace el amor con esa mujer y el perfume se le queda clavado…”estuve un año huyendo de ti”…todo suena en su cabeza como si fuera un enorme precipicio lleno de ecos…
Abrió los ojos y nada parecía haber cambiado. La tienda seguía en su sitio y el extraño frente a él…bueno, en realidad le parecía menos extraño a medida que pasaba el tiempo. Se dejó caer en una silla y empezó a frotarse los ojos con las manos; mientras lo hacía vio en el interior de sus párpados infinidad de figuras geométricas que se superponían y pisaban en un desvaído color amarillo sobre un fondo intensamente negro. Algo estaba claro. Ese hombre sabía de él más que cualquier persona en el mundo y no estaba allí por casualidad ni llevaba la ropa que llevaba por casualidad. Estaba seguro de que si miraba la chaqueta con detenimiento no le recordaría a una que tuvo. No es que se pareciera sino que era su chaqueta; como eso era posible o de dónde había salido aquel individuo le daba igual, nunca podría entenderlo. Pero estaba claro que ese hombre venía a por algo que se había quedado a tras en el tiempo y que ahora se debía cumplir. Decidió rendirse.

– Usted sabe el secreto –dijo sin dejar de frotarse los ojos-. ¿Qué gana con que yo se lo cuente?
Abrió por fin los ojos y algo deslumbrado continuó.
– Usted estaba allí ¿Verdad? Estuvo en todos y cada uno de los malditos momentos que llevo años arrastrando. Estaba allí y ahora quiere estar aquí- se señalo las sienes con los índices-pero no sabe lo que cuesta eso. Tiene un precio altísimo.
– ¿Cuánto? –dijo el hombre
– ¿Cuánto? Déjeme que lo piense… Veamos ¿Esta usted dispuesto a morir? No me mire así. Ese es el precio de los tulipanes- se iba recobrando a medida que notaba que ganaba terreno- Yo enviaré los tulipanes y será el último envío que haga en mi vida pero, para usted, será el último encargo que haga. A mí o a cualquier otra persona. ¿Qué le parece el trato?
– ¿Me va a matar por unas flores? Pensé que enviarlas era su negocio- el hombre cada vez tenía las comisuras de la boca más curvadas hacia el suelo-. No le he propuesto nada ilegal, amigo
– Nada ilegal para este mundo, para el mundo de los demás… pero sí para el mío. Ya ve lo que son las cosas. En mi mundo el que usted muera forma parte del juego. Digamos que entra en el precio del envió de unos ramos de flores. Considérelo una cortesía de la casa, porque- se levantó de la silla-, usted quiere morir ¿me equivoco?
– Se ha equivocado en algo –contestó el hombre sin inmutarse-. No tiene que enviar unos ramos de flores. Tiene que enviar unas flores. Me preocupa más que entienda eso, que el precio o que las amenazas de muerte que me está enviando. Nada de ramos; sólo flores.
– Eso da igual, no me ha contestado ¿Quiere morir o no?
El hombre pareció sentirse incómodo de pronto, pero continuó ignorando la tozudez del empleado.
– No da igual; y ya le he dicho que le contestaré en su momento. A todo. Incluso a esa estúpida pregunta que me acaba de hacer- le miró fijamente a los ojos-. ¿Ha entendido bien mi pedido? Repítamelo, por favor.
– No insulte mi inteligencia. Pretende que envíe once ramos de tulipanes rojos y uno de tulipanes amarillos durante doce días. Un ramo al día para terminar en una fecha concreta, dentro de un par de meses, más o menos.
El hombre entrecruzó sus manos detrás de la nuca, como si no hubiera sido capaz de explicar a un matemático las tablas de multiplicar.
– …no ha entendido nada…-dijo en voz baja como hablando con su conciencia-. Mire. No tiene que comprar doce docenas de tulipanes un día tras otro y enviarlos a donde yo le diga. Tiene que comprar tan solo, e insisto, tan sólo, once tulipanes rojos y uno amarillo. Y lo más importante. Aunque los deberá enviar en días sucesivos, los ha de comprar todos a la vez. El mismo día y a la misma hora. Recuérdelo porque todo depende de ese detalle. “el mismo día y a la misma hora” Sin un solo fallo ni error. Y además cada uno de ellos llevará una nota que yo le daré. Las notas irán en sobres numerados y con la fecha de envío. Y olvídese de la cámara frigorífica. Las flores estarán simplemente en agua. Las meterá usted en un florero y dejará que vayan languideciendo poco a poco durante los doce días que estarán aquí. Nada de tratamientos, nada de pastillas conservantes ni de hormonas vegetales…Sólo las cambiara de agua cada día por la mañana. Ahora le pregunto de nuevo- alzó el dedo índice y calló un par de segundos antes de continuar -. ¿Lo ha comprendido?

El empleado abrió los ojos como si se le fueran a salir de las órbitas. El tipo le pareció definitivamente chiflado. Loco de atar. Si no hubiera sido por lo certero de alguno de los comentarios anteriores le mandaría al infierno en ese mismo instante pero –por otro lado- la curiosidad le estaba mordiendo de forma imposible de controlar. Necesitaba tiempo para pensar en algo; no podía decirle que si a todo sin más. Aun se haría de rogar un rato. Empezó a hablar esperando que una palabra le llevara a la siguiente sin demostrar demasiada confusión.
– ¿Me está diciendo que debo preparar once tulipanes rojos y uno amarillo un día determinado y dejar que languidezcan en un jarrón sólo con agua durante doce días y que debo enviar uno al día? – No daba crédito a lo que estaba contando;- ¿Se da cuenta que el ultimo parecerá un alcachofa cuando salga de aquí? ¿Quiere que me despidan? – Miró un momento al techo antes de bajar la vista a los ojos del extraño y continuar- Es absolutamente imposible. No nos podemos permitir que alguien diga que enviamos flores marchitas. Además. El transportista nos cobraría una fortuna para una sola flor. No, ni hablar –sacudió la cabeza- es imposible, ya se lo he dicho. ¡Imposible!
-Pagaré cada día como un ramo completo. Doce ramos por el precio de uno. Y añada una propina especial para el transportista al margen de su tarifa habitual.
– El jefe no lo autorizará…
– Pagaré el doble.
– No es cuestión del dinero. No podemos hacer un envío en malas condiciones. ¿No tiene usted dignidad profesional?
– …el triple; y otro tanto para usted por las molestias.
No le afectó por el dinero. Le afectó la propuesta en sí. Estaban cerrando el trimestre lejos de los objetivos recomendados por la cadena que gestionaba los envíos y el jefe no podría evitar hacer cuentas. Treinta y seis docenas de tulipanes al precio de doce flores era una oferta irrechazable. “me está acorralando” pensó de forma fugaz; “si el jefe sabe esto no dejará pasar la oportunidad y tendré que darle la razón a este loco”. Se le ocurrió una salida de emergencia. No sabía si evitaría el problema, pero al menos lo aplazaría.
– Mire – le dijo con falsa afectación-, no puedo prometerle nada, pero hablaré con el encargado. Si el está de acuerdo lo haremos como usted dice-levantó ambas manos por encima de la cabeza-, pero tendrá que hablar con el en persona. Lo tendrá aquí el viernes a última hora. Si aun quiere hacerlo y el esta de acuerdo…Allá ustedes. – Miró a los ojos del desconocido- Yo sólo trabajo aquí.
El desconocido torció la boca más que nunca antes de añadir;
-El viernes… Aquí estaré. Con los sobres y con el dinero…

Y ya era viernes de nuevo. No costaba mucho imaginarse que ese sobre que traía el extraño en las manos era ni más ni menos que el conjunto de notas que había anunciado. El visitante seguía sentado en el mismo lugar desde que había entrado, pero en sus ojos se adivinaban las ganas de decir algo. No se podía resistir.
– Me ha engañado usted: Lo sabe ¿verdad?
– ¿Cómo dice?
– Que me ha engañado usted. En realidad –se levantó con un gesto de dolor, como si demasiado tiempo sentado le entumeciera- ha intentado engañarme. Pero no se preocupe. Nunca lo hubiera conseguido.
– No entiendo a qué se refiere…
– Me ha intentado engañar dos veces – el visitante volvió a describir una sonrisa curva-, Primero por que no ha hablado con el encargado ni con nadie de este asunto y me está haciendo perder el tiempo que no me sobra precisamente… y por otro lado, estamos en plena época de tulipanes, al menos hasta que se termine el mes de febrero. ¿A quién quería engañar? –Sacó una tarjeta de “Hilverda DeBoer” del bolsillo interior de su chaqueta- Este es uno de los mayores exportadores de flores frescas de Holanda; Me lo han confirmado; hay tulipanes de temporada hasta febrero y ustedes son clientes suyos – el visitante ladeó un poco la cabeza antes de preguntar-. Lo intentaré una vez más… ¿Por qué odia tanto los tulipanes?

El dependiente se había quedado abrazado a la escoba como si fuera la muñeca preferida de una niña pequeña. No esperaba verse sorprendido con tanta facilidad en la mentira que había urdido. No pensaba contar nada, pero al menos intentaría no mentir más.
– Oiga, lo siento mucho –Buscó cuidadosamente las palabras- . Lo cierto es que tiene razón en ambas cosas pero… Mire, no acabo de entender por qué sabe usted tanto de mí. ¿Qué placer le produce mortificar a un pobre dependiente de una floristería? Sabe usted demasiadas cosas sobre mi vida. Yo no se nada de usted. Entra aquí y me avasalla con sus preguntas… me hace daño y yo no tengo ni la más remota idea de cómo defenderme. Es cierto que le he mentido…Sólo quería que se fuera, que se cansara de esperar y me dejara en paz. Pero no lo va a hacer ¿verdad? Se apoyó en el mostrador con un gesto vencido- Usted ha venido a por algo y no se marchará sin ello. Así que – dejó la escoba a un lado y cruzó los brazos- pongamos las cartas boca arriba. No me importa saber quién es usted, ni como sabe tanto sobre mí. Sólo quiero que me diga a que ha venido…y que se vaya- escondió la cara entre las palmas de las manos-, que se vaya para siempre.

Sorprendentemente la respuesta del visitante fue todo lo contrario que el dependiente esperaba. Aguardaba a oír un montón de reproches, de amenazas por algo que el no recordaba del pasado, pero no fue así. El visitante simplemente bajó la cabeza.
– Eso espero yo también. Poder irme cuanto antes. –Miró al dependiente como pidiendo clemencia- No me apetece estar aquí; ni disfruto mortificándole, como usted dice. No –un sombra de cansancio extremo aumentó su aspecto de enfermo- Debo terminar algo…y necesito su ayuda. Eso es todo.
El dependiente se fijo un poco más en el extraño. Había vuelto a perder peso y llevaba el pelo aun más corto que en la visita anterior. Tenía la piel más blanca, casi transparente. Una blancura acentuada por lo negro de su vestimenta. Parecía que llevara puesto un ataúd de tela. Una mortaja comprada en las rebajas. Viéndole así daba la impresión de que alguien le hubiera sacado lo mejor de su vida a través de una hipodérmica. Como si la vida discurriera por ciertos vasos al igual que la sangre y algo o alguien se la hubiera extraído sin descanso, día a día, minuto a minuto, noche tras noche. Cuando sacó la cabeza de entre los hombros para hablar de nuevo, le recordó a una tortuga.

– No nos sobra el tiempo- sus ojos volvieron a ser duros cristales- .Terminemos con esto.
Se puso en pie y desgarró el paquete que llevaba en las manos. Dos docenas de sobres volaron unas décimas de segundo hasta aterrizar sobre el mostrador. Comenzó a hablar sin esperar la reacción del dependiente.
– Cada uno de estos sobres pequeños está acompañado por uno mayor. El mayor es para usted. En el encontrará instrucciones precisas para enviar las flores, mejor dicho la flor, cada día. El otro deberá acompañar el envío. No se moleste en abrir los sobres pequeños.; hay una copia del contenido en el otro. Usted sabrá en todo momento hasta la última palabra escrita en esas notas. Como la fecha límite para las flores frescas es febrero, haremos coincidir la entrega del último tulipán, el amarillo, con el último día del mes, esto es, deberá llegar a su destino el próximo 28 de febrero; es lunes – lo dijo con la seguridad de quien ha memorizado hasta el último detalle- así que debe tener cuidado para no cometer ningún error ni el sábado ni el domingo. Lo mismo le digo para los días 19 y 20. No se despiste los fines de semana o todo esto no servirá para nada. En cuanto a la fecha de inicio de los envíos – hizo una pausa más por coger aire que por necesidad de recordar algún detalle- debe ser el 17 de febrero, jueves. Menos mal que este año no es bisiesto – hizo un guiño de complicidad al dependiente- , así me ahorro muchas explicaciones, ¿no cree? – Abortó una intervención del vendedor- No, no me interrumpa, ya le he dicho que no sobra el tiempo. Verá, los tulipanes los comprará…
El dependiente escuchaba la voz del extraño como si fuera el viento atravesando un valle. Poco a poco estaba recibiendo fragmentos de información que recomponían una historia en su cabeza. Algo que había intentado olvidar durante muchos años. El 28 de febrero… el había celebrado el 28 de febrero. No tenía nada que ver con las flores, por eso le había hecho el comentario del año bisiesto. No hubiera valido el día 29. Por eso no sobraba el tiempo: tendría que esperar otros dos años si fallaban los envíos: El año siguiente era bisiesto. Sin saber por qué volvieron a su cabeza las imágenes de la muchacha morena con los pendientes blancos y azules. Blanco y azul…blanco y azul…demasiado familiar…La cabeza empezó a volar en una quimera blanca y azul…es…el suelo. Esta viendo un suelo blanco y azul…y una mesa blanca, con manteles individuales azules…ahora lo ve más claro. Está en una cocina y todo el mobiliario es blanco y azul. El horno no cierra bien (debe ser la goma) y escapa calor pero no importa, eso puede esperar. Escucha unos golpes rítmicos, constantes…Ahora lo ve claro. Está haciendo el amor con ella. Lo están haciendo en la mesa de la cocina ¿Qué hora es?… ¡Casi las cuatro y media! se tienen que ir pero no pueden parar…Se había acercado a ella y la había abrazado cargado de deseo y ella había correspondido. No era la primera vez que hacían el amor juntos pero el no recordaba tanta excitación. Los golpes…es la mesa. La mesa está apoyada en la pared y responde a sus movimientos con mecánica precisión. Su ropa interior está en el suelo. Es una minúscula prenda negra que el había bajado desde sus caderas a los tobillos unos minutos antes, justo cuando ella había ofrecido toda su colaboración. Y el perfume…y los pendientes… está besando su cuello y tiene cerca los pendientes, blancos y azules…una flor que el le había comprado por su cumpleaños… blancos y azules…en su cumpleaños… ¿Cuántos pétalos tiene cada flor? encima del frigorífico la televisión esta contando las noticias… “buenos días, señoras y señores…Hoy 28 de febrero…” ella inicia un gorgoteo, un ronroneo felino que indica que ya lo ha logrado. El se retira. No están tomando precauciones y termina fuera de ella… un fuerte dolor en el pecho le obliga a boquear como un pez…”me vas a matar”- dice ella dulcemente casi sin mover los labios” El no contesta. El dolor es aun demasiado fuerte.

– Eran seis.

Ha sido la voz del visitante. El dependiente sacude la cabeza y le mira con el rostro aun encendido…

– Los pétalos eran seis-aclara el intruso- Compró los pendientes en “Lucrecia’s” Sus amistades se sorprendieron de que pudiera tener buen gusto…a veces. Las amistades de ella, porque las suyas ni saben ni sabrán nada de ese regalo- suspiró como si se le estuviera haciendo muy difícil mantener la conversación-. ¿Ha comprendido todo lo que le he dicho?- señaló con el dedo el bolsillo donde el dependiente guardaba la agenda- No le he visto tomar notas.
– No se preocupe. Está todo claro. ¿Acaso podía ser de otra forma?
– Creo que no le entiendo…
– Me ha entendido perfectamente. Usted busca algo, ya se lo he dicho. No se qué es pero se acaba de descubrir- el visitante apretó los labios al escuchar esa frase- Usted lo ha dicho. Nadie de mis amistades sabe que existen esos pendientes, por lo tanto usted viene de su lado; del lado de ella. ¿Algún amigo, quizá? No lo creo. No se si es tan siquiera real.

El dependiente entrelazó sus dedos y los hizo crujir muy despacio. Hacía mucho que no chasqueaba de esa forma las articulaciones. No entendía por qué lo acababa de hacer. Después continuó hablando.

– Hay algo que yo se y he olvidado, usted lo sabe y quiere que yo lo recuerde. Pero sólo lo puedo recordar en el momento preciso ¿verdad? Ni antes ni después. Cada vez que algo viene a mi recuerdo usted lo interrumpe – se apretó las sienes con la mano izquierda como intentando extraer algo de su mente-. ¿Por qué?… no se por qué pregunto; se que no me lo va a decir. Al menos por ahora. “todo a su tiempo”. Eso me dijo. Escúcheme, veo que empiezo a captar su atención así que hablaré claro ahora, porque sea lo que sea quiero que se acabe pronto. Yo- se llevó ambas manos al pecho- no estoy… muy bien de salud. Supongo que eso también lo sabe, pero sé por qué mide tanto el tiempo de la acción – el visitante se removió inquieto-. Usted también está enfermo. No se moleste en negarlo. Se le nota claramente. Los dos vamos a morir, la única diferencia es que yo tengo más de sesenta años y usted… -le miró detenidamente- ¿unos cuarenta? Quizá alguno más. ¿Le duele la espalda, verdad? Se lo que es eso, pero me estoy desviando. Mire; no se como demonios piensa hacerlo, pero estoy seguro de que está sincronizando nuestras muertes y por lo que veo no puede esperar mucho. Al menos no puede esperar a que llegue un año no bisiesto y eso me inquieta. Porque si no me equivoco… nos quedan meses ¿No es cierto? No llegaremos a la primavera –lanzó una mirada divertida a su alrededor- ¡Qué ironía. No llegaré a la primavera y estaré rodeado de flores! Un poco cruel ¿No cree?

ooooOOOOoooo

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Written by aitztv

30 marzo, 2011 at 6:33

El secreto de los tulipanes (1)

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Como un juego dejo aquí parte de un relato. Tal vez quieras saber cómo sigue o tal vez no. Sólo quiero saber si te parece interesante. Con que digas que te gusta, o me dejes un comentario en ese sentido será suficiente.

El empleado de la floristería levanto la mirada hacia el hombre que acababa de dejar caer un grueso sobre color manila en el mostrador y encontró lo que sabía que iba a encontrar. Lanzó una mira de reojo al reloj que colgaba en la pared y al ver que faltaban apenas cinco minutos para cerrar se tragó un juramento.

– ¿Usted otra vez?
– Le dije que volvería hoy a última hora – contestó el hombre ignorando el todo del empleado-. Convinimos es que si usted no me solucionaba el envío hablaría con alguien que sepa como hacerlo.

Al dependiente no se le pasó por alto el “que sepa como hacerlo” que le acababan de lanzar como una flecha envenenada con curare, pero ya eran muchos años detrás del mostrador de una tienda y no movió un músculo de más para encajar la frase…Amigo –pensó-, endílgame tus mejores insultos ahora porque ahora, dentro de cinco minutos, voy a dejar de ver tu cara”

– No se preocupe el caballero. Le comenté al dueño sus requerimientos y enseguida le atenderá en persona.

– Me complace saberlo. Tendré que esperar, ¿no es así? Es lo que me iba a decir ahora –comentó recién llegado mientras buscaba dónde acomodarse- No se preocupe me sentaré aquí a esperar y no le molestaré mientras usted barre. Porque va a barrer ¿Verdad? Lo digo por la hora. Ya tenia que haber cerrado.

Esta vez el empleado si acusó el comentario; “barrer” no era la palabra que esperaba oír. “Recoger”, “ordenar”…sonaba bien, pero no le gustaba hacerse a la idea de que en veinticinco años de trabajo una de sus máximas responsabilidades era bailar con la escoba todas las tardes de lunes a viernes y los sábados a la mañana, eso sin contar Navidades, el día de los difuntos y alguna otra fiesta que cayera caprichosamente en domingo. “¡Qué te zurzan!, pensó. “Al menos yo duermo caliente todas las noches y no tengo que andar como… tú haciendo cosas raras para que las mujeres te hagan caso”. Comenzó a mover la escoba rítmicamente sin dejar de mirar al individuo que tenía sentado frente a el. Pretendía enviar una flor, sólo una al día, acompañada de un sobre y una tarjeta. Cuando unos días atrás entró en la tienda le había parecido un cliente interesante, de esos que vienen a dejarse una buena cantidad de billetes en un buen regalo de empresa a la esposa de algún directivo que ha dado a luz o una corona del diámetro de la rueda de un tractor con una filacteria con letras doradas…”los empleados de la empresa municipal de aguas residuales a su querido director” Al día siguiente del funeral ya estarían afilando los sables para ver quien se quedaba con el puesto…o con la viuda… si es que alguno de esos meritorios a incompetente no le calentaba la cama al difunto durante sus viajes de empresa. Le envió otra mirada al recordar como le había preguntado si tenía tulipanes…

– Lo siento muchísimo señor. En esta época del año no trabajamos esa flor. Trabajamos con invernaderos propios ¿sabe? Los que haya podido ver en otros comercios son importados de Holanda y también cultivados. Nosotros preferimos el producto que podemos controlar desde el principio hasta el fin –dijo con un reflejo de orgullo-.
– Qué contratiempo. No se me ocurrió pensar en eso – dijo mientras se rascaba pensativo la nuca-. Claro que yo nunca he sido un experto en flores pero… -esta vez se paso un dedo por la frente, como si estuviera recorriendo una arruga invisible-…Qué contratiempo.
– Oiga. Igual le puedo ayudar. Dígame ¿Quería enviar tulipanes rojo o amarillos?
-… ¿Qué…?
– Que si quería enviar tulipanes rojos o amarillos, porque no significan lo mismo ¿Sabe? Verá – continuó su explicación -, flores se pueden regalar muchas, quiero decir de muchos tipos: Una ortiga representa la crueldad de quien la recibe y un trébol una advertencia de venganza. Veo por su expresión que no sabía nada de esto. Fíjese, las rosas significan distintas cosas si se envían capullos o flores abiertas.
– Pero… ¿Las rosas no son una muestra de amor?
– Eso es muy simple. Presiento que usted quiere decir algo con flores… ¿me equivoco?
– Todos lo hacemos cuando enviamos un ramo a alguien ¿No?
– Me refiero a que usted quiere decir algo…especial…Mire. No se envían tulipanes porque si. Tiene que haber una razón. No, espere. No me interrumpa. No trato de meterme es sus asuntos, sólo quiero decirle que, si quiere decir algo especial, hay otras flores para hacerlo. ¿Me comprende?
– No se preocupe, no pensaba decírselo de todos modos, pero ha picado mi curiosidad. Dígame amigo, ¿Qué significan los tulipanes amarillos?

Pensó que aquel tipo le acababa de caer bien. Se había fijado en sus manos disimuladamente y no llevaba ninguna alianza ni marca de haberla llevado jamás, así que decidió arriesgar un poco y probar a tirarle de la lengua. A él también le picaba la curiosidad “¡Qué demonios!…no va a ser más listo que yo”. Le distraería hablando de flores y plantas y caería como un mirlo en la confesión. No sería el primero en contarle que su mujer le había pillado con los calzoncillos puestos del revés a la vuelta de una supuesta reunión de negocios. Se imaginaba la escena cada vez que entraba un tipo con peticiones raras. “te juro cariño que no ha pasado nada, sólo hemos tomado una copa” y la esposa lo miraba con cara de decir “¿me tomas por estúpida? mientras le llenaba la maleta con lo indispensable para que se largue se casa lo antes posible o le señala con un dedo de rigidez pétrea el sofá en el que va a pasar muchas, muchas noches hasta que el abogado arregle los papeles necesarios para no volver a verle en el resto de sus días. Luego lo querían arreglar con flores. No es posible imaginar la cantidad de envíos que no se harían si los maridos supieran mantener la bragueta cerrada y el culo en el sofá de su casa en lugar de meterse en líos.

-Pues verá – comenzó con aire académico-, el amarillo en las flores no suele tener muy buena prensa. En general tiene que ver con el amor, pero no con…digamos…la parte buena del amor –hizo una pausa como buscando las palabras más adecuadas para estirar un poco la explicación-. Ya sabe, cuando una relación sale mal… no funciona…”ahora” – se dijo- “arriesga ahora”… espero que no sea ese el caso de usted con su prometida…

Dijo la palabra prometida de una forma casi líquida, arrastrando mucho la “i”, “prometiiiiida” hasta el punto que se dijo a si mismo que había sonado como el silbido de una serpiente. Al cliente le debió de parecer que sonaba igual de mal porque le clavó dos ojos azules duros como el acero mientras cerraba los puños sobre el mostrador.
– No tengo prometida, tío listo. Estoy casado. ¿Tiene algún problema con eso?
¡Bingo! Vas a cantar muchacho,,, Vas a contarme todo lo que te guardas y yo haré otra marca más en las cachas de mi revolver…ahhh Te daré más sedal, para que pelees un poco…
Fingió confusión
– Disculpe el señor… ya le he dicho que yo… yo no quería…verá le pretendía explicar…
– ¡CÁLLESE!
Una nube de silencio cayó del techo de la tienda como una manta. Uno…dos…tres… como mucho duró cuatro segundos “¿Te ha parecido oír algo como cuando se rompe una cuerda de violín?… Era el sedal ¡Cretino! Has tensado tanto la línea que se ha roto y encima se te ha clavado un anzuelo en las pelotas. Este pez es una pieza muy grande para un pescador de caña como tú”
Intentó recuperar terreno poniéndose digno. Eso solía dar resultado. Grita para que no te griten. Eso era. Comenzó a llenar lo pulmones a la vez que –inconscientemente- se ponía ligeramente de puntillas para parecer algo más alto, dispuesto a pelear como los lagartos; de costado e hinchados para aparentar más envergadura. El tipo seguía mirándole como le hubieran cambiado los ojos por diamantes. No tenía la cara pálida ni enseñaba los dientes, sin embargo la furia que se adivinaba detrás de sus pupilas hubiera bastado para romper el escaparate de la tienda si desviaba la mirada hacia allí. No tenía una expresión violenta. Simplemente parecía que le hubieran congelado la cara. “¡Dios mío, Que no mire a los cristales!”.
– Escuche. No me quiero meter en líos señor. Simplemente ocurre que me he fijado en que no lleva alianza y…
– Usted si la lleva –le interrumpió la disculpa.
– Eh…Si. Claro. Estoy casado…
– Desde hace 35 años – le interrumpió de nuevo.
– ¿Cómo lo sabe?
– Es igual. Continúe, por favor.
– ¿Cómo?
– Que siga. Cuénteme el final de sus tulipanes de colores.
– Espere un poco…
– No. Espere usted – ahora el intruso había tomado el mando de la conversación-. Mire bien lo que voy a hacer. Aproveche porque no lo pienso repetir.

Inesperadamente se separó un par de metros del mostrador y se dio la vuelta. Lentamente levantó los brazos con los codos ligeramente flexionados, como un predicador, y comenzó a dar una vuelta sobre si mismo como un derviche a cámara lenta. Tenía la espalda ancha y era cargado de hombros. Mediría poco más de un metro ochenta y llevaba una especie de chaqueta de loneta con los últimos tres botones atados y el cuello algo levantado. “Piel de gabardina”, se permitió el chiste. No tenía botones en las mangas y pudo ver en la mano izquierda un reloj muy plano, con correa de acero; un reloj suizo “longines” de esos que no llevan segundero. Los pantalones y los zapatos eran inmaculadamente negros. No parecía llevar nada en los bolsillos. Cuando giró los segundos ciento ochenta grados mostraron que llevaba una camisa oscura, marrón, con una fina raya azul en vertical. Al fijarse detenidamente se percibía que había perdido peso últimamente. La ropa le quedaba un poco holgada y tenía la cara ligeramente demacrada. Con aspecto de padecer una enorme fatiga. “Este hombre está enfermo o le ha ocurrido algo desagradable”. Llevaba el pelo rubio ceniza muy corto, casi de militar, y se apreciaba una ligera desviación del tabique nasal hacia la derecha. La boca era pequeña, pero muy proporcionada y mostraba una clara tendencia a curvar las comisuras hacia abajo “¡Diablos! Apuesto a que este tipo no puede sonreír aunque le paguen por ello”. Y los ojos. Ahora se daba cuenta de lo que pasaba con los ojos de aquel individuo. Tenia un verde casi amarillo estrellado alrededor de las pupilas rematados en un azul frío, casi gris. Y apenas parpadeaba ¡Eso era! Al no parpadear parecía que te atravesaba al mirar fijamente.

– ¿Satisfecho? Ya ha visto todo o que tiene que ver. Ahora ¿Quiere terminar la historia de los tulipanes? Le aseguro que ardo en deseos de conocerla.
Estaba desandando el camino y llegando de nuevo al mostrador donde se apoyó cargando su peso en los codos con un pequeño gesto de alivio. Como si es postura le evitara algún dolor.
– Está bien, pero después espero que me de alguna explicación…
– Todo a su tiempo amigo. Siga: Los tulipanes.
– Bien – se rindió a la constancia del otro- Los tulipanes rojos representan una declaración de amor, eso es todo. Lo mismo se puede hacer con rosas. Usted mismo lo ha dicho.
– ¿Y los tulipanes amarillos? ¿No estábamos hablando de los amarillos?
– Si, claro. Los tulipanes amarillos representan el amor sin esperanza. ¿Contento?
– O sea – dijo el intruso haciendo caso omiso al comentario- que si envío tulipanes amarillos estoy diciendo que no responderé al amor de esa persona. ¿Es eso?
– No tío Listo – no pudo evitar devolver el calificativo-. Si recibes tulipanes amarillos alguien te está diciendo que le olvides. No se trata de amor no correspondido. Eso puede llegar a arreglarse con el tiempo ¿Quién sabe? Hoy no pero dentro de dos años si…ya conocemos a las mujeres. No; he dicho “amor sin esperanza” es decir, no hay nada que hacer…kaput, finito, se acabó para siempre. Siéntate en su portal y lo más que conseguirás es ver como otro la mete mano mientras tu aplaudes. Llámala, escríbela… Hazte un tatuaje en la frente con su nombre si te apetece… pero ella no será tuya jamás… ¿Lo va entendiendo?
El hombre había cerrado los ojos y con las yemas de los dedos se apretaba las sienes, como si de repente la luz se le hubiera clavado en el cerebro.
-Vale…Es suficiente…- se llevó una mano al pecho como si le faltara el aire- no me diga más. Es una estupidez.
-¿Cómo…?
– Ya me ha oído. ¿Quiere que se lo repita? Es una estupidez. Una absoluta estupidez.
– Usted insistió…
– …y me arrepiento de ello – dijo sacudiendo la cabeza-. ¿Quién entiende el lenguaje de las flores?
– Mucha gente. Fíjese; conocí a un…
– Olvídelo. Le diré lo que pienso -Se separó de nuevo del mostrador antes de continuar-. Si envío un ramo de flores a alguien tendré que adjuntar una nota de explicación para que comprenda por qué le regalo tulipanes o crisantemos silvestres (si es que existen) –hizo un gesto amplio con la mano como abarcando todas las vitrinas llenas de flores- ¡Tienen que hablar por si solas!. Son un regalo. No pretenderá dar un cursillo para recibir regalos…-Soltó el aire como si fuera la cámara de reventada de un neumático – Olvídelo…- dijo mientras clavaba los ojos en algún lugar indefinido frente a el.

El dependiente miró al extraño de nuevo. Ya no le caía tan bien como unos minutos antes. En realidad hacía ya un rato que le parecía conocer de antes a aquel tipo. Quizá fuera… ¡Claro! ¡Era la ropa! El había tenido una chaqueta parecida a aquella. Pero habían pasado muchos años desde entonces y la que llevaba el hombre que tenía delante mirando distraídamente al infinito era nueva; se podría afirmar que se la ponía por primera vez. No es que fuera un modelo de prenda que evolucionara mucho, pero si había detalles que cambian con los años. “Que tenían que haber cambiado” Los cuellos eran algo grandes para la moda actual, al igual que los bolsillos ligeramente oblicuos ya no se llevaban hoy en día. Sin querer dilató las aletas de la nariz como intentando percibir en el aire un ligero olor a naftalina escapándose de aquella prenda, pero nada. Le llegó el rastro de un perfume vagamente familiar, pero nada más.
Aquel individuo estaba haciendo chorrear su pensamiento como si fuera un grifo mal cerrado. Los pensamientos iban y venían en su cabeza como gorriones alocados revoloteando dentro de una habitación cerrada. Aparecían ideas, sensaciones…destellos que le saludaban desde el pasado y que no podía fijar el tiempo suficiente para saber de que se trataba. Le llegaban imágenes, sonidos, olores; le parecía que cada vez que uno de los pájaros se quería posar alguien daba un portazo y lo espantaba, pero… ¡un momento! Una imagen se iba formando más clara en su mente; se estaba enfocando muy despacio, pero enfocándose a fin de cuentas. Empezó a ver un rostro, una mujer joven. Sólo distinguía el pelo, moreno y ensortijado en un recogido informal… una simple goma. Vio un destello de color, un pendiente…no muy grande; era una especie de flor de botón blanco con pétalos azules, cuatro o cinco pétalos… y la cara se iba aclarando más y más…y ¡PLAS!
Un ruido explosivo le sobresaltó y borró toda imagen de su cabeza. Vio al extraño mirándole fijamente con las comisuras de los labios apuntando hacia el suelo. La palma de su mano aun permanecía pegada al mostrador donde la acababa de estrellar violentamente produciendo aquel ruido seco tan parecido a un disparo. Levantó las cejas llenando la frente de arrugas en un gesto entre cínico y divertido.

– ¿Es que se ha vuelto loco? – Preguntó el dependiente empezando a sentir una extraña inquietud-. ¡Estoy operado del corazón, maldito estúpido! ¡Un susto así puede matarme!
– Lo siento -dijo el extraño en tono conciliador-. No he tenido más remedio. Estaba usted a punto de atraparlo.
El dependiente no aguantaba más. Aun sentía en el pecho las palpitaciones de un corazón latiendo enloquecido mientras la sangre le bombeaba en las sienes con tal fuerza que casi podía oírla.
– Tengo que pedirle que se vaya. No se a que quiere usted jugar ni por qué me ha elegido a mi, pero no creo que podamos atenderle aquí. Ya sabe que no tenemos tulipanes así que… márchese, se lo ruego. Si no lo hace me marcharé yo, después de haber llamado a la policía, por supuesto. No tengo por qué tolerar sus chifladuras.
– ¿Y qué va a contarles? ¿Que no le dejo pensar? ¿Qué quiero enviar unas flores que usted no vende? No sea estúpido. Lamento mucho lo que acaba de ocurrir, pero ya le he dicho antes que todo será explicado a su tiempo. Hagamos una cosa – apartó la mano del mostrador y juntó los índices bajo su mentón-. Dejemos todo esto a un lado y hablemos de lo que quiero de usted (como florista, se entiende). Deje que le explique cual es el pedido que quiero hacer; es una cosa muy simple. Después me iré.
– No estoy muy seguro de querer atenderle ¿sabe? A decir verdad preferiría que se fuera usted al infierno ahora mismo… y que se quedara allí una buena temporada. Alégreme el día y muérase; Le mandaré a su viuda una corona por cuenta de la casa. Yo mismo la confeccionaré con mucho gusto- levantó una mirada llena de veneno- ¿Le pongo tulipanes? ¿Tulipanes amarillos? Oh ¡perdón!… las flores no son para su esposa… ¿Verdad?
– Entenderé que me he merecido su… ¿ironía? Pero no me afecta. Usted y yo no podemos hacernos daño el uno al otro aunque lo intentemos con todas nuestras fuerzas. Por cierto – el desconocido volvió a separar los brazos del cuerpo- ¿le gusta mi chaqueta? Me he fijado que hace rato que no la quita ojo. Tal vez esté sucia y no me he dado cuenta…
– La chaqueta esta limpia – hizo un gesto de desprecio con la mano-. El sucio es usted. La miraba porque me recuerda a una que tuve yo hace tiempo. Si cuidara su lengua tanto como su ropa no estaríamos ahora en esta situación. ¿Cuánto hace que la tiene?
– Unas horas; en realidad me la he puesto por vez primera para venir aquí.
– ¿En serio? Parece más antigua, pero es un modelo muy común. Supongo que no es de marca ¿la compró en un supermercado?
– Tiene bueno ojo, amigo. Si; a dos manzanas de aquí.
– Igual que hice yo. Hay cosas que no cambian.
– ¿Se ven muchas de estas por aquí? Al ser un modelo tan común… ¿Cuántas ha visto en el último año? ¿Muchas?..Se lo pondré más fácil ¿cuántas ha visto en los últimos cinco años?… ¿en los últimos diez?…
– ¿Otra vez? ¿A dónde quiere ir a parar?
– A ningún sitio, amigo – dijo con un nuevo gesto de la comisura de la boca-. Usted me preguntó…

El dependiente comenzaba a dar muestras de auténtica derrota. Atendería el pedido y terminaría de una vez con aquella situación. Además, la colonia que antes había percibido en el individuo era cada vez más fuerte y más familiar. No recordaba el nombre pero si creía haberla usado alguna vez. “creo que me la regaló alguien, pero no recuerdo quién” La sensación de no poder acordarse de algo al cien por cien siempre le sacaba de quicio. No había cosa que más le molestara que no recordar exactamente dónde había dejado el coche. Cuando salía con alguien tenía que saber la calle y el número o si no el estaba preocupado toda la velada. Pero… ¿Por qué recordaba eso ahora? Hacía muchos años que no salía con nadie fuera de su entorno familiar; era otro gorrión dándose cabezazos contra el cristal de una ventana. Sacudió la cabeza con fuerza y se sintió un poco mareado. Ese hombre le estaba aturdiendo, así que cuando antes terminara con el, mucho mejor.

– Sabiendo que no voy a venderle tulipanes ¿Me hace el pedido? Tengo ganas de acabar con esto y marcharme a casa.
– De acuerdo – el extraño tiró ligeramente de la cinturilla del pantalón, como para subírselo un poco-. En realidad son varios pedidos. Quiero hacer doce envíos.
– ¿Y me lo dice ahora? ¿Ha visto que hora es? -El empleado comenzó a ponerse rojo de ira- ¡Me ha tenido toda la tarde perdiendo el tiempo con sus monsergas! ¿Qué quiere que haga ahora? No tengo tiempo material de preparar doce ramos, llamar a los transportistas o avisar a los destinos ¡Dios! – Miró a todas las estanterías de la tienda rebuscando con la mirada hasta los últimos rincones- Ni tan siquiera sé si me queda material para preparar doce ramos iguales. No se lo que me queda en la cámara frigorífica.; tendré que llamar a…
– ¡Tranquilo! No hace falta que llame a nadie aun. Tendrá tiempo de sobra para hacerlo. A ver si me entiende; quiero hacer doce envíos pero no tienen que salir todos hoy ¿de acuerdo? De hecho no tiene que empezar a enviarlos en una fecha determinada. Al contrario. Deben – y recalcó la palabra- deben terminar en una fecha que yo le diré. ¿Me ha comprendido? – Le miró fijamente a los ojos- Tiene que tenerlo muy claro porque es imperativo que se cumplan todos los envíos para esa fecha.
– ¿Cuál es la fecha?
– Faltan un par de meses
– Bien –dijo el empleado suspirando tras el susto- ¿Qué más? ¿Alguna nota?
Había apartado lo ironía. Daba por hecho que por muy promiscuo que fuera ese hombre no tendría doce amantes, así que debía tratarse de un tema de regalo de empresa o de alguna promoción. “Lo que había supuesto al verle entrar”, se dijo con satisfacción. Puso su tono de profesional para seguir haciendo preguntas.
– ¿Contarán los festivos? Se lo digo por que el reparto en festivo lleva un recargo. Ya sabe, los transportistas…
– Días naturales. No se preocupe por el precio. Cobrarán por adelantado, puede tranquilizar a su jefe.
– Ese será problema de mi jefe y de usted. Yo pienso cobrar igual a fin de mes -frotó el índice y el pulgar significativamente- Vamos con otro asunto. Tendré que saber la fecha exacta para hacerle un presupuesto de lo que sale el envío, eso es igual sea la flor que sea. Lo que si tenemos que dejar zanjado es qué flores van a ser –sacó una libreta y comenzó a tomar notas- . No cuesta lo mismo la docena de claveles que la de rosas.
– Ya lo hemos hablado ¿no?
– Correcto, entonces ¿le parecen bien rosas rojas?
– ¿Rosas? No amigo. Hemos hablado de tulipanes; Y todos los envíos serán rojos menos el último, que será amarillo.
Esta vez el empleado no se inmutó. Arrancó la hoja en la que estaba escribiendo y comenzó de nuevo a anotar.
– Mire- dijo detenidamente- Estaba empezando a suponer que me iba a salir de nuevo con eso, así que le diré lo que voy a hacer. Voy a ir cada día a ese supermercado donde usted compra chaquetas pasadas de moda y compraré los tulipanes que necesite – hablaba sin levantar la vista del papel donde hacía cuentas y más cuentas-. Durante ese paseo sus malditos tulipanes de invernadero van a duplicar su precio. Después le sumaré los impuestos y le añadiré el precio del transporte y hasta el de mi desayuno si voy a la mañana- cerró la libreta con un solo gesto-. Lo toma o lo deja; ya le he dicho que yo no vendo esas flores.
– ¿Por qué los odia tanto?
– ¿Cómo ha dicho?
– Los tulipanes, ya me ha entendido. Los conoce a la perfección pero se niega a venderlos. Está intentando disuadirme y ni tan siquiera se ha enfadado pese a que le insisto en ello de forma contumaz. ¿Qué le recuerdan? ¡Vamos! Hace un momento estaba usted intentando sonsacarme si tenía una amante o no. Yo seré más directo –le señaló directamente con el dedo-. ¿Cuál es el secreto de sus tulipanes? ¡Me debe esa respuesta!
-¡YO NO LE DEBO NADA! –Explotó el comerciante-¿Quién demonios se cree usted que es? O mejor aun ¿Quién demonios es usted?-Arrojó la libreta y el bolígrafo al suelo rompiendo este último en varios trozos- ¡Entra aquí desenterrando fantasmas y todavía piensa que le debo algo! ¡Es usted el que debe muchas explicaciones! –Jadeaba y se llevó la mano al lado izquierdo del pecho al sentir una punzada de dolor, un dolor que casi tenía ya olvidado- ¡Me las debe a mi!

ooooOOOOoooo

Written by aitztv

28 marzo, 2011 at 0:29

Publicado en Literatura, Prosa

Y ahora apareces tú… (desesperación en letra)

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En ocasiones, una carta que no se envía adquiere el valor de un vino añejo que no se bebe. Cada año que pasa acumula historia y misterio. Si no lo descorchas, si no lo consumes nunca sabrás cuán bueno era. Pero también, en ocasiones, merece la pena esconder la evidencia tras el polvo de los años, para que la buena crianza se transforme en reserva, buena o mala, pero reserva. Y en esas reservas, permanece la ilusión y el “pudo ser”. Una carta que no se va a enviar es posible que merezca ser no escrita, pero… ¿Quién le pone verjas al campo?

“…Y ahora apareces tú. Como un misterio.
Y te siento tan cerca que me dueles. ¿Es mi piel la que se esconde de tu juventud, o es mi miedo el que se asoma? Cada centímetro más cerca es un paso que me aleja. Tan cerca de ti y tan lejos. Si tan sólo pudiera hablarte cuando estás. Si no me escondiera en la soledad para contarte cosas que nunca te diré! Lo diré alto. NO me he enamorado. ¿Hay eco? ¿Nadie repite? Lo haré yo. NO ME HE ENAMORADO. Soy el único que no lo sabe ¿o acaso eres tú la única que no lo sabe? Seguiré fabricando historias…”

Era viernes. Podría decir la fecha y la hora exacta, pero no tiene importancia. Me limitaba a escribir lo que yo creía que era lo correcto, porque estaba seguro de que no debía enamorarme de ti. Pero esa seguridad llegó tarde. Poco después, un día frente al mar te mandé un mensaje. Nunca te había escrito hasta entonces, recuerdo que el timón nos llevaba al puerto de destino y te envié un mensaje al trabajo… Y tuve la sensación de que te agradó recibirlo y eso me animó a acercarme más a ti…Y fui feliz.
Desde ese momento hasta un domingo en el que te robé un beso en la cafetería y tu me lo devolviste en el tren, hasta aquella noche en la oscuridad pasaron muchos días … Y hoy hace un año, una noche de junio, estábamos juntos, lejos de casa. Tenía tanto miedo a estar a solas contigo que casi no podía taparlo con el deseo que tenía de tu compañía…Y fui feliz. El paseo por La ciudad me llenó de orgullo. No tenía que esconderme, podía ir contigo de la mano, o abrazados por delante del propio ayuntamiento de la ciudad. Pudimos cenar en la calle en una noche maravillosa y disfrutar de una sobremesa cálida. Hicimos el amor por primera vez, al menos yo lo intentaba, y las fronteras se caían suaves, como si fueran alas de libélulas teñidas de tornasol. Las angustias en morado, los dolores en añil…Y tu estabas allí dando la salida al final de lo nuestro. Hoy hace un año que empezó a cuajarse el peor año de mi vida, pero yo no lo sabía.
Por más que me esfuerzo sigo sin saber por qué no puedo echarte de mí. Me causa tanto dolor recordar que no entiendo por que sigo haciéndolo…lo más sencillo hubiera sido dejarlo, hay refugios, desde el amor que se compra hasta el que se vende…Y en lugar de eso sigo ladrando a la luna, incapacitado para vivir relación alguna que no sea con los recuerdos.
Hay que asumir que cuando todo lo imposible ya se ha descartado, lo que queda, por improbable que pueda parecer, ha de ser cierto. Es cierto que jamás se cruzarán de nuevo nuestros caminos y me duele profundamente no haber dejado nada en tu vida. Yo sigo ordenando mi ropa, mi calzado, mi vida, como cuando estaba contigo. Sigo aplicando lo que me enseñaste, controlando mi autoridad y canalizando mi mal humor…sólo porque a ti te gustaba que fuera así y –aunque te cueste creerlo- he intentado eliminar ese rastro de tristeza que siempre decías que se notaba en mi. Soy algo menos gris, incluso alguien me dijo no hace mucho “ahora eres un hombre de verdad”. La ironía de la sangre, que sigue siendo el mejor medio de infusión de sentido común a las mentes tan herméticas como la mía.
Llegué a pensar –si, ya se que me equivoqué- que podría construir algo contigo y que por primera vez no fuera una fortaleza donde esconderme, sino un espacio creativo y compartido, una estación utópica a tu lado en la que mostrarme sin mas vergüenza que la de poder equivocarme…Y puse la mecánica necesaria en parte. Ya te lo dije muchas veces; trabajo con maquinaria pesada. Lloro dos días y después actúo…me desfondo, lloro de nuevo y vuelvo a actuar, hasta que la masa enorme de una idea empieza a desplazarse, muy lentamente… milímetros a la hora…Pero se mueve. No es que sea lento; es que estoy solo. Tengo tantas mentes que ajustar, tantas fibras que sensibilizar, tantas emociones que despertar…Necesito reforzar tantas necesidades y bailar con un pie al borde del abismo para que alguien pueda estirar la mano y quedarse convencido de que me ha ayudado…He tenido que manipular tanto que estoy agotado. Pero se mueve. Baja por la ladera cada vez a más velocidad…Quizás de centímetros a la hora, pero se mueve. Ahora podré descansar. Dentro de un tiempo, supongo.
Nadie creyó en mí. No importa. He creado. Lo tengo. Lo he conseguido. Pero estoy sólo.
Tantas veces me has llamado cobarde…Tenías razón. Pero no lo era entonces. Lo fui después. No interpreté el momento crítico en el que podíamos haber empezado algo bello, bueno y consistente juntos, lo dejé pasar y ahora he de pagar el precio lo que me queda de vida.
Hace tiempo que me he abierto el pecho dejando mi corazón al alcance de quien lo quiera coger, para aquella persona que no se sienta asqueada del dolor que puede causar cuando lo apriete en su puño hasta ahogarlo…Hoy es un día de junio. No estoy en aquella ciudad, no hace una bella noche, no veo la luna más grande del año…Y estoy solo.
Todo ha de pasar por primera vez por segunda vez. Se van terminando esas cosas que se han de repetir en silencio…comienzan a llegar las cosas que se han de repetir una vez por última vez. Porque en breve todo se habrá cumplido y la máquina descenderá por la ladera a velocidad endiablada.
Me sentaré en el puerto, con los pies colgando sobre el agua a decir adiós al barco que se va…Tendré en la mano el billete que he decidido no usar y entonces descansaré, porque todo lo que me he propuesto en mi vida y he podido hacer ya está hecho. Para lo demás se terminó el tiempo.
“…Y ahora apareces tú. Como un misterio…”
Era el año más feliz de mi vida. Supe que sufriría. Pero nunca creí que tanto.
Espero que siempre navegues con un buen viento de popa, yo siempre estaré en el mar, para cuidar de ti.

Written by aitztv

27 marzo, 2011 at 19:07

Publicado en Literatura, Prosa

Segunda divagación imprescindible

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Muchas gracias a quien ha recuperado este poema que creía definitivamente perdido. Lo habitual es que los poemas tengan un dueño diferente a su autor, así que consideremos que he pagado el copiright.

Lo se porque me duele.
Me duele el pecho en tus ausencias más
diminutas.
Sollozo en los caminos
que no puedo descubrir
contigo.
Y así, de perdido,
en el caótico martirio
de tu falta de presencia
hago ácido mi cambio
y mi destino.
Así escuece mi veneno
llamalo vida – en la piel;
en mi piel que tus dedos
distraidos o ignorantes-
ya ni entienden ni codician.
¡Tan sórdido es el instinto
que me empuja!
Inconfesable es, por
sabido, lo distinto.
Diferente y conocido,
revelado. Ocaso, tal vez,
de mi alma inmunda.
… por eso
me duelen,
tus ausencias
más diminutas.

Written by aitztv

27 marzo, 2011 at 11:56

Publicado en Literatura, Poesía

Divagación imprescindible Nº 1

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Soy un desastre. Siempre termino por perder todo lo que escribo. Voy a dejar mis veleidades aquí porque me han dicho que lo que entra en la red no sale nunca. Así me aseguro de que -aunque yo sea incapaz de encontrarlo- nunca estará perdido del todo.

Hoy te voy a dar
Todas las cosas que no tengo.
Te enseñaré
Los lugares que no conozco
Y el trago suave del vino
Que nunca he bebido.

Te voy a cantar las canciones
Que nunca he aprendido.
Y te enseñaré los paisajes
Que ignoro.

Hoy te voy a cantar todas
Las canciones cuya letra
Es para mí un misterio,
Y te contaré cuentos, y te
Recitaré poemas
Que nunca he oído.

Solo así confío en que
Te lleguen los besos
Que no te he dado.
Y que me alcance el sabor
De tu piel más íntima,
La que yo no alcanzo.

Hoy te voy a decir
Lo que no sabes.
Porque, en el fondo,
Sólo soy un pobre hombre
Enamorado.

Written by aitztv

27 marzo, 2011 at 10:52

Publicado en Literatura, Poesía

¿La “Guerra del crimen”?

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Hace tiempo que me ronda una idea por la cabeza y si no suelo hablar de ella es por el temor, más que infundado, de que me faltan los recursos intelectuales para ser claro en el asunto. Claro que por otro lado pienso que hay muchas cosas que no sé hacer pero que puedo evaluar: No soy experto cocinero, pero sé si me gusta un plato o no. Tampoco mis habilidades con la aguja me permitirán jamás quitar la plaza a ningún modisto mediático, ni tampoco a una humilde “pantalonera” como fueron algunas tías mías, pero creo que soy capaz de distinguir cuando una prenda le queda como “un tiro” a mi desordenado cuerpo. Es decir; soy un ciudadano como la mayoría, capacitado para ver “lo que no es” aun cuando no sepa que hacer para que “sea”. Partiendo de éste principio me atrevo a criticar una de las cosas que siempre se han hecho bien en este país. Me refiero al doblaje. Antes de continuar debo aclarar que este ignorante hizo sus pinitos en ese mundo y algo de conocimiento tengo. No se trata de criticar ni la técnica ni el arte. Tenemos unas voces maravillosas y unos actores de doblaje a los que muchos “oscarizados” extranjeros deben gran parte de su éxito. Es tal su significado que si nos cambian la voz de un determinado actor o actriz lo notamos al momento. Y en general… No nos gusta. ¡Qué seria de Roger Moore (James Bond) sin Constantino Romero? ¿Nos imaginamos al Dr. House (Luis Porcar) con otra voz? ¿Sabemos que el célebre “Señor Cuesta”(José Luis Gil) es la voz de Hugh Grant, entre otros muchos? La verdad es que debemos infinitos minutos de entretenimiento y de buen cine (a mi me gustan las películas dobladas, es mi opinión y mi derecho) a muchos desconocidos que no son, como opinan algunos, parásitos del séptimo Arte, sino actores y actrices con mayúsculas. Aunque algunos sólo se dediquen a la locución y al doblaje, la mayoría son habituales del teatro y tienen una sólida formación artística. Ya he mencionado a José Luis Gil, pero no quiero dejar en el tintero a Jesús Puente, a Lola Herrera, al inolvidable Antolín García… Muchos y muy buenos artistas. Recordemos que su profesión es “Actor de Doblaje” y es en la palabra “Actor” en la que me gusta hacer énfasis.
Doblar una obra es una labor compleja que tiene sus niveles de dificultad según sea su origen. Cuando más sencillo se plantea es cuando el origen es tu propia lengua. Doblar sobre Castellano es lo primero que aprendes cuando te inicias en la técnica. Los gestos de voz, los acentos y las pausas son bastante evidentes, además de ahorrarte gastos ya que no se necesita traducción ni ajuste (en la mayoría de los casos). Cuando la obra esta en otro idioma deben intervenir al menos dos personas más. Alguien tiene que traducir el texto, pero eso sólo no es suficiente. Aunque el texto proporcionado por el traductor sea exacto en tiempo al discurso del actor (se dice “texto en boca”) enseguida nos damos cuenta de que algo falla. Hay lugares donde se hace así (fue común en doblajes al castellano que venían de América) y todos recordamos aquellas frases como “¡Caray Jim!… ¡Qué bueno que viniste!” que siempre era la misma independientemente de los gestos de boca del actor. En mis tiempos de estudiante cuando alguien fallaba en todo excepto en encajar el tiempo, es decir empezaba a hablar con el actor y terminaba a la vez que él sin más artificios, decíamos que el “Take” (la toma) estaba “frito”. Hace falta algo más para que la toma sea buena.
El “take” era en mis tiempos la unidad de trabajo del actor de doblaje. Se resumía en 20 segundos o cinco líneas, aunque es una barrera bastante difusa para una interpretación. Cobrabas o te citaban por Takes. En mis tiempos de estudiante compartíamos el atril y el guión, todos armados de lápiz y goma de borrar. Estábamos atentos a nuestras “bocas” (en realidad la boca de nuestro actor) llenando los papeles de flechas, culebrillas, palotes, líneas y demás elementos gráficos que pudieran traducir a voz la expresión de una emoción, la intensidad de un silencio o la intimidad de un suspiro. La emoción de ver tu serie favorita con tu voz en uno de los personajes es algo mágico. No eres tú. Casi te parece que has vendido el alma al Diablo y te has reencarnado en otra persona. Pero todo esto es imposible si tu “take” está “frito”, así que se hace imprescindible la participación del “ajustador”. Ajustar un take equivale a que, además del tiempo exacto, las vocales abiertas coincidan con la boca abierta del actor, lo mismo que las oclusivas, labiales, etc. deben coincidir con el gesto correspondiente en el interprete en pantalla. Es una labor tediosa y difícil. No es raro el concurso de un espejo para ver como es “gestualmente” una palabra determinada. Por ejemplo: En la mayoría de los países, Frederic Joseph. Flintstone es simplemente “Fred” Sin embargo aquí llegó una versión doblada en América, en la que todos los nombres se habían traducido o al menos “castellanizado”. Por alguna razón decidieron que Fred tenía que ser traducido, así que lo más similar que el ajustador de turno encontró fue “Pedro”. Haced la prueba frente a un espejo y mirad lo similar del gesto al pronunciar “Fred” y al pronunciar “Pedro”. Así pues, un take pasa por un traductor, un ajustador, un director de doblaje, un actor de doblaje (o varios) y finalmente, antes de salir al público, por un control de calidad. ¿Por qué entonces cada día se producen más errores? No hablo de fallos de dicción, ajuste o interpretación. En ese aspecto seguimos gozando de una salud proverbial. Hablo de los contenidos. He visto (vale, los he oído) errores graves en películas, algunas de gran consumo, pero lo que más me duele son los errores en los documentales, porque un material que se considera formativo, queda desacreditado cuando se incrusta en su contenido un error de bulto. Intento recordar algunos ejemplos: En este repaso os ruego que penséis cómo “suena” lo escrito, no os fijéis tanto en las letras como en los sonidos.
Comienza la película “2010”. La voz del Narrador nos pone en situación, leyendo unos mensajes telegráficos de lo que está ocurriendo en “10”. Es curioso que un lugar se llame “10”, tan curioso como que se trata de un error. Si nos fijamos, el narrador lee lo que va apareciendo en pantalla como si se tratara de la entrada de texto de un descodificador de aeropuerto… Pero nunca pone “10” Pone “IO”, es decir dos vocales y no dos números. IO es una de las lunas “Galileanas” de Júpiter, junto con Europa, Calisto y Ganímedes. Sin embargo el narrador en toda la presentación hace alusión a “10”. ¿Nadie se dio cuenta? No. No es un error de doblaje. Es un error de cultura general. Repasemos otro ejemplo de ficción. En un capítulo de la serie Star Gate SG1 la actriz Amanda Tapping (Samantha Carter) hace una mención al “arsenal”, palabra cuyo significado es:
1.- Establecimiento militar o particular en que se construyen, reparan y conservan las embarcaciones, y se guardan los pertrechos y géneros necesarios para equiparlas.
2.- Depósito o almacén general de armas y otros efectos de guerra.
3.- Conjunto o depósito de noticias, datos, etc
Paloma Escola (espero no equivocarme) pronunció la palabra a la “inglesa”, poniendo el acento en la primera sílaba. Es decir; “Ársenal” como si habláramos del célebre equipo de fútbol británico que pese a haber ganado 13 ligas inglesas aun no es un equipo de “ciencia ficción”. ¿Nadie se dio cuenta antes?
A veces los errores se suman en una misma producción. Recuerdo que en un documental se hace mención a un “ordenador de gráficos de silicona” ¿Sabéis que es? Yo tampoco. Ni yo ni nadie porque simplemente no existen los “ordenadores de gráficos de silicona” No se trata de que los gráficos de silicona se ordenen solos, sino de que se refiere a ordenadores fabricados por la empresa Silicon Graphics International antes Silicon Graphics Inc. Los monoplazas de fórmula uno no llevaban “ruedas de fuego y piedra”. Llevaban neumáticos Firestone. Creo que en el mismo documental escuché como los rusos habían lanzado un “cohete de protones”. ¡Vaya con los rusos! Los demás quemando combustible sólido como locos y ellos impulsados por protones… No saques el champán que no hay cohetes de protones que valgan. Existe el cohete Protón (Протóн) ruso, que aunque nació en la guerra fría para ser vector de armamento nuclear, afortunadamente, no tuvo ocasión de demostrar su utilidad. Si lo ha hecho y “cum laude” como cohete espacial no tripulado en tiempos de paz. De nuevo traductor, locutor y control de calidad… despistados. Pero aun hay más. Los errores mencionados pueden ser (lo son) causados por el desconocimiento sobre lo que se habla. Otro asunto es, cuando hablamos de ignorancia total. En el mismo documental se ve la imagen de un astronauta que pierde un guante y la locución dice “La pérdida de un globo…” ¿De un globo? Pensemos… ¿Cómo se dice guante en inglés? Claro… se dice “glove” y el traductor tiró por la calle de en medio. Glove = globo… Y si se escribe “trompeta” suena “tarariiiiii”.
Pero volvamos el inicio de todo esto. El canal temático “Historia” emitió recientemente un documental, magnífico a mi entender, sobre Galípoli. Si quieres tener amigos australianos y/o neozelandeses, créeme, no les saques el tema. Allí junto a franceses y británicos recibieron una brutal paliza que se saldó con decenas de miles de muertos entre los que los oceánicos tenían alistada una buena parte de su juventud. El General otomano Atatürk labró allí su leyenda, desgraciadamente combatiendo del lado de los alemanes. Pero a lo que vamos. Durante la intervención de un experto, la voz del locutor se superpone a la del mismo para traducir lo que nos cuenta y entonces, es cuando nos habla de la “Guerra del Crimen”. Me sonó fatal. Poniendo un poco de atención, uno descubre que el experto hablaba de la “Guerra de Crimea” donde la Rusia Imperial y zarista quiso hacerse con la península de Crimea. No saber Quién combatió entonces o el resultado de la misma no tiene mayor importancia. Lo grave es ni siquiera saber que existió.
No estamos faltos de profesionales del doblaje. Los hay y muy buenos. Para mi se trata de una de las profesiones más admirables y sus artífices están casi siempre a la sombra de los grandes oropeles de las producciones. Pero eso no me hace apartar la vista de que hay otro gran problema que asoma a través de estos errores que están ciertamente magnificados por ser tan públicos. Estamos perdiendo el fondo de armario educativo. No dominar el idioma nos obliga a memorizar. Nos faltan conocimientos, nos faltan sinónimos y nos falta educación. Vuelvo a mi justificación inicial para decir que una vez más detecto el problema pero desconozco la solución. Cierto es que los que tenemos cierta edad mucho de los que sabemos lo aprendimos a través de sistema del “jarabe de palo” que se estilaba antes. Pero no podemos avanzar hacia la creación de personas que son analfabetos funcionales. Personas que saben leer y escribir, personas que pueden trabajar bien, pero personas que tienen por libro la televisión y por informativo un “reality”. Traducir Crimea por crimen equivale a no saber historia, no saber geografía y peor aun; no tener ninguna intención de aprender. Y una vez más… traductor, actor, control de calidad…Nadie se molesta en corregir el error. ¿O nadie sabe cómo?

Written by aitztv

3 marzo, 2011 at 15:00

Publicado en Cine, Doblaje, Historia

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