Creo que lo se…

Lo que creo saber y cómo lo se…

Y ahora apareces tú… (desesperación en letra)

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En ocasiones, una carta que no se envía adquiere el valor de un vino añejo que no se bebe. Cada año que pasa acumula historia y misterio. Si no lo descorchas, si no lo consumes nunca sabrás cuán bueno era. Pero también, en ocasiones, merece la pena esconder la evidencia tras el polvo de los años, para que la buena crianza se transforme en reserva, buena o mala, pero reserva. Y en esas reservas, permanece la ilusión y el “pudo ser”. Una carta que no se va a enviar es posible que merezca ser no escrita, pero… ¿Quién le pone verjas al campo?

“…Y ahora apareces tú. Como un misterio.
Y te siento tan cerca que me dueles. ¿Es mi piel la que se esconde de tu juventud, o es mi miedo el que se asoma? Cada centímetro más cerca es un paso que me aleja. Tan cerca de ti y tan lejos. Si tan sólo pudiera hablarte cuando estás. Si no me escondiera en la soledad para contarte cosas que nunca te diré! Lo diré alto. NO me he enamorado. ¿Hay eco? ¿Nadie repite? Lo haré yo. NO ME HE ENAMORADO. Soy el único que no lo sabe ¿o acaso eres tú la única que no lo sabe? Seguiré fabricando historias…”

Era viernes. Podría decir la fecha y la hora exacta, pero no tiene importancia. Me limitaba a escribir lo que yo creía que era lo correcto, porque estaba seguro de que no debía enamorarme de ti. Pero esa seguridad llegó tarde. Poco después, un día frente al mar te mandé un mensaje. Nunca te había escrito hasta entonces, recuerdo que el timón nos llevaba al puerto de destino y te envié un mensaje al trabajo… Y tuve la sensación de que te agradó recibirlo y eso me animó a acercarme más a ti…Y fui feliz.
Desde ese momento hasta un domingo en el que te robé un beso en la cafetería y tu me lo devolviste en el tren, hasta aquella noche en la oscuridad pasaron muchos días … Y hoy hace un año, una noche de junio, estábamos juntos, lejos de casa. Tenía tanto miedo a estar a solas contigo que casi no podía taparlo con el deseo que tenía de tu compañía…Y fui feliz. El paseo por La ciudad me llenó de orgullo. No tenía que esconderme, podía ir contigo de la mano, o abrazados por delante del propio ayuntamiento de la ciudad. Pudimos cenar en la calle en una noche maravillosa y disfrutar de una sobremesa cálida. Hicimos el amor por primera vez, al menos yo lo intentaba, y las fronteras se caían suaves, como si fueran alas de libélulas teñidas de tornasol. Las angustias en morado, los dolores en añil…Y tu estabas allí dando la salida al final de lo nuestro. Hoy hace un año que empezó a cuajarse el peor año de mi vida, pero yo no lo sabía.
Por más que me esfuerzo sigo sin saber por qué no puedo echarte de mí. Me causa tanto dolor recordar que no entiendo por que sigo haciéndolo…lo más sencillo hubiera sido dejarlo, hay refugios, desde el amor que se compra hasta el que se vende…Y en lugar de eso sigo ladrando a la luna, incapacitado para vivir relación alguna que no sea con los recuerdos.
Hay que asumir que cuando todo lo imposible ya se ha descartado, lo que queda, por improbable que pueda parecer, ha de ser cierto. Es cierto que jamás se cruzarán de nuevo nuestros caminos y me duele profundamente no haber dejado nada en tu vida. Yo sigo ordenando mi ropa, mi calzado, mi vida, como cuando estaba contigo. Sigo aplicando lo que me enseñaste, controlando mi autoridad y canalizando mi mal humor…sólo porque a ti te gustaba que fuera así y –aunque te cueste creerlo- he intentado eliminar ese rastro de tristeza que siempre decías que se notaba en mi. Soy algo menos gris, incluso alguien me dijo no hace mucho “ahora eres un hombre de verdad”. La ironía de la sangre, que sigue siendo el mejor medio de infusión de sentido común a las mentes tan herméticas como la mía.
Llegué a pensar –si, ya se que me equivoqué- que podría construir algo contigo y que por primera vez no fuera una fortaleza donde esconderme, sino un espacio creativo y compartido, una estación utópica a tu lado en la que mostrarme sin mas vergüenza que la de poder equivocarme…Y puse la mecánica necesaria en parte. Ya te lo dije muchas veces; trabajo con maquinaria pesada. Lloro dos días y después actúo…me desfondo, lloro de nuevo y vuelvo a actuar, hasta que la masa enorme de una idea empieza a desplazarse, muy lentamente… milímetros a la hora…Pero se mueve. No es que sea lento; es que estoy solo. Tengo tantas mentes que ajustar, tantas fibras que sensibilizar, tantas emociones que despertar…Necesito reforzar tantas necesidades y bailar con un pie al borde del abismo para que alguien pueda estirar la mano y quedarse convencido de que me ha ayudado…He tenido que manipular tanto que estoy agotado. Pero se mueve. Baja por la ladera cada vez a más velocidad…Quizás de centímetros a la hora, pero se mueve. Ahora podré descansar. Dentro de un tiempo, supongo.
Nadie creyó en mí. No importa. He creado. Lo tengo. Lo he conseguido. Pero estoy sólo.
Tantas veces me has llamado cobarde…Tenías razón. Pero no lo era entonces. Lo fui después. No interpreté el momento crítico en el que podíamos haber empezado algo bello, bueno y consistente juntos, lo dejé pasar y ahora he de pagar el precio lo que me queda de vida.
Hace tiempo que me he abierto el pecho dejando mi corazón al alcance de quien lo quiera coger, para aquella persona que no se sienta asqueada del dolor que puede causar cuando lo apriete en su puño hasta ahogarlo…Hoy es un día de junio. No estoy en aquella ciudad, no hace una bella noche, no veo la luna más grande del año…Y estoy solo.
Todo ha de pasar por primera vez por segunda vez. Se van terminando esas cosas que se han de repetir en silencio…comienzan a llegar las cosas que se han de repetir una vez por última vez. Porque en breve todo se habrá cumplido y la máquina descenderá por la ladera a velocidad endiablada.
Me sentaré en el puerto, con los pies colgando sobre el agua a decir adiós al barco que se va…Tendré en la mano el billete que he decidido no usar y entonces descansaré, porque todo lo que me he propuesto en mi vida y he podido hacer ya está hecho. Para lo demás se terminó el tiempo.
“…Y ahora apareces tú. Como un misterio…”
Era el año más feliz de mi vida. Supe que sufriría. Pero nunca creí que tanto.
Espero que siempre navegues con un buen viento de popa, yo siempre estaré en el mar, para cuidar de ti.

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Written by aitztv

27 marzo, 2011 a 19:07

Publicado en Literatura, Prosa

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