Creo que lo se…

Lo que creo saber y cómo lo se…

Entre Cáncer y Capricornio.

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_IGP3446 Cada vez que pronuncio la palabra “tropical” me vienen a la cabeza un montón de recuerdos, de improntas, que me sitúan en lugares y tiempos diferentes a los reales, a los que ocupo ahora mismo. Los trópicos suenan a guaraní,  a flores exorbitadas, a frutas prohibidas. La franja de tierra y mar entre Cáncer y Capricornio es el pasillo de la casa de los marineros, dónde las aventuras de Emilio Salgari tenían sus escenarios de piratas, corsarios y bucaneros. Allí estaban las islas con sus nativos y sus gobernadores, con sus princesas y sus puertos, con sus tabernas llenas de ron y el horizonte convertido en una línea al final de océano.  Sabe a café y especias, a copra y te, a pimienta y canela… El trópico suena a fiesta, a playas interminables de arena blanca y a nativas de piel dorada bailando sensuales al ritmo de instrumentos artesanos, a peces multicolores y a deidades marinas que nunca comprenderemos los que no hemos crecido a los pechos de esta tierra. El cinturón del planeta, esa línea que el sol dibuja en la panza de la madre tierra  está inevitablemente vinculado al mar. Sabe a yodo y sal, a brea y caña de azúcar. Tiene su propio reloj que marca las horas al son de las mareas; es la anestesia de los sentidos, el camino que nos lleva a una laguna azul entre la foresta con el aire invadido con las mixturas de mil flores. A veces  podemos dejar volar las ideas y sentirnos capaces de encontrar el tesoro perdido enterrado bajo una cruz en el mapa al pie de árbol del ahorcado, seguramente con una maldición que nos perseguirá de por vida. Todos tenemos en el fondo de nuestro ser una fibra tropical, una necesidad de sentir el sol crudo en la cara y los alisios flotando entre nuestro pelo. No es la tierra que mana leche y miel, no es la tierra prometida, no existe aquí el cuerno de la abundancia… Es la tierra de la que no te quieres ir, el país de Nunca-jamás donde te niegas a crecer y vuelas entre las nubes buscando a alguien que te sepa coser la sombra a los pies. Sin embargo también en los trópicos existen las sensaciones inquietantes, las que son como garras heladas que te penetran por la espalda y te aprietan el corazón hasta que te falta el aliento. El aire te abraza y te amenaza, te envía su aliento cálido a la vez que te muestra los colores tenebrosos de las tormentas y la inquietantes incógnitas de las profundidades marinas. Aquí se esconden del paso de los siglos los pueblos desconocidos, los saberes ignorados que tienen el poder de hacer que la selva te devore o el océano se levante en una poderosa muralla capaz de entrar tierra adentro a recuperar aquello que los hombres le han robado durante décadas. Este es el lugar donde la humanidad paga con hecatombes naturales el diezmo que la naturaleza impone por vivir en su regazo. Para muchos, el precio de vivir en los trópicos es la propia vida. Dan y quitan, te ofrecen el abrigo a sotavento mientras en el otro extremo el viento hinca sus dientes en la costa donde arranca pedazos que desmenuza para con el tiempo convertir toda su furia en playas de arenas de cristal. La propia tierra se abre bajo los pies de sus habitantes para escupir parte de sus ardores, de sus infiernos al aire azul del eterno mediodía. Y una vez más tras la tempestad sucederá la calma. El cielo de fuego del atardecer se tenderá reflejado en las lagunas doradas en islas que aun no han pisado los pies de los hombres. Lluvias mansas dibujaran círculos concéntricos, crecientes ceros encadenados, en la piel de los abrevaderos de aves engalanadas hasta lo estrambótico y reptiles luminosos que levantan su cuello para olfatear el aire.  El planeta en su giro inmenso y eterno acumulará de nuevo la energía en su panza hasta que reúna la suficiente para crear un nuevo caos. Hombres y bestias, criaturas grandes y pequeñas se reunirán de nuevo en lo más profundo de los abrigos naturales, para observar con la mirada nerviosa cómo, de nuevo, se inicia un nuevo ciclo, un eterno retorno, un nuevo año cósmico en los trópicos.

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Written by aitztv

3 julio, 2012 a 11:33

Publicado en Viajes

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