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Archive for agosto 2012

El trópico también existe

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Se ha terminado por el momento la situación de alarma en Manila, que es algo diferente a que se haya terminado la emergencia. La visión que todos tenemos de los trópicos donde bellezas de piel dorada nos cuelgan guirnaldas de flores al cuello mientras sorbemos nuestro daiquiri de un coco no es más que una mistificación de la realidad más dura. El trópico se retuerce cada día bajo la terrible torsión de un clima implacable que sí, sin duda tiene mucho de benéfico, pero que se manifiesta brutal e inmisericorde cuando derriba una por una las débiles construcciones de los hombres. Nos sobran dedos para contar los días en los que la lluvia y el viento nos han dejado unas cifras aterradoras de víctimas mortales, desparecidos y desplazados. Más de medio millón de personas en albergues temporales, casi cien muertos, decenas de desaparecidos y dos millones de afectados. Esto es el trópico, lejos de mujeres hermosas bailando el hula-hula, de las playas paradisiacas de arena de cristal y de olas coronadas por surfistas. Es la realidad de personas que no están aquí de vacaciones sino luchando duramente por su futuro mientras ven – tragándose el corazón -  al agua cortando en dos la ciudad como un cuchillo llevándose sus escasas pertenencias. No son las gentes del campo ni los habitantes de las montañas, no son los marineros ni los  pescadores a la orilla del mar; son los oficinistas, los empleados de los supermercados, los camareros, los conductores de los trisyclos y tal vez, esa chica sonriente que ayer te abría la puerta de tu hotel y que mañana lo volverá a hacer, con la sonrisa tatuada en la cara para poder empezar de nuevo. Es el trópico en estado químicamente puro, el cinturón del planeta intentando escapar de sus trabillas subiendo y bajando entre dos hemisferios irreconciliables. No hay Norte ni hay Sur. Son los habitantes de la nada, el continente cero. No vale con cerrar los ojos; esta gente existe, están ahí, construyendo un país diferente ente volcanes, terremotos, tsunamis y tifones. La policía y el ejército filipino han sido ejemplares llevando sobre sus hombros a ancianos, niños y a todo aquel que no se pudiera valer para escapar de la marea; pero imposible llegar a todo ni a todos. El trópico no es sólo una fiesta, no es sólo el Caribe, no es Punta Cana, no desaparece cuando nos quitamos la pulsera de “todo incluido”. El trópico no es sólo un lugar geográfico en la barriga del mundo. Es el hogar de mucha gente buena que a veces necesita un hombro donde llorar. Más allá de las barreras idiomáticas y de las fronteras políticas están los límites que la naturaleza impone están las personas. No estamos hablando de rescates económicos por una mala gestión ni de cifras en un cuaderno; Hablamos de personas cuyo mérito está en levantarse una y otra vez cuando te ha tocado vivir en la esquina más redonda del mundo. Sólo una llamada a la reflexión para que los que vivimos en la parte fácil del planeta no nos olvidemos, nunca, de los que además de tener que luchar como todos los demás, viven pendientes de los caprichos de cielo, tierra y mar.

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Written by aitztv

13 agosto, 2012 at 6:56

Publicado en Viajes

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De Tarquino a Prometeo

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J.M.  SANCHEZ Cuando los tifones atraviesan las islas Filipinas son como la mano de un amante. Recorren la columna vertebral de Luzón, la Sierra Madre, como la punta de los dedos de un enamorado recorren la espalda de su amada. Sin pretenderlo, aunque estén sólo de paso, modifican la vida de todos los isleños poniendo en solfa todas las pequeñas cosas que son grandes logros para los humildes. El tifón se cuela en las casas, las anega y cambia caprichosamente los muebles, los escasos muebles de sitio transformando una vivienda en un trastero, un jardín en un yermo y la vida de sus ocupantes en un número estadístico en los informativos. Penetran por la cintura del archipiélago y escapan por la nuca, justo donde nos encontramos nosotros contemplando la lluvia muchas veces ignorantes de la senda de dolor que ha dejado a su paso. Es posible que hoy sea una de esas noches en las que que comparta ron y silencios con Benson mientras los siete velos de la naturaleza se mueven frente a nuestros ojos, ocultando tras sus movimientos impúdicos la tragedia tras de si. Son  como los celos que arremeten contra nosotros cuajados de soberbia cuando nos saben indefensos, cuando nuestro corazón es más débil. Los tifones marcan comienzos y finales en cientos de miles de vidas. Es una cuchilla que cae del cielo y separa de nuevo a los ricos de los menesterosos, a los humildes de los más humildes y a los vivos de los muertos. No me quise perder el espectáculo y me encaminé al mar cuando estimé que ya era seguro hacerlo; me equivoqué. El espectáculo de las olas rompiendo en la orilla de un mar que hasta entonces había considerado amigo era hipnótico. No podía dejar de mirar y de admirar, de sentir ese miedo estimulante que te hace saber que estás frente a una fuerza contenida tal que te podría desmembrar con un suspiro y arrojar tus despojos en una orilla lejana. Quizá el mar enfadado quiere un poco de intimidad. Me acerqué más y más y me equivoqué de nuevo. Pensaba que los pies bien asentados en la arena eran suficiente asidero para mi seguridad; me volví a equivocar. En un segundo sentí como la arena desaparecía debajo de mi arrastrada hacia la marea al punto que el agua me golpeaba en las rodillas como si me hubieran atrapado las dos hojas de una tijera. Mientras caía aun tuve un momento de lucidez para sacarme la cámara del cuello y extender los brazos todo lo posible en lo que supongo es un acto reflejo de los fotógrafos; salvar el material. No se trata de salvar la cámara –se consiguen a cambio de dinero- sino de salvar los momentos congelados que nunca se podrán repetir. En esos segundos eternos, donde parece que el tiempo se vuelve denso como el engrudo, aun le dio tiempo a mi mente –absolutamente irracional en ese instante- a recordar un verso de Shakespeare de su obra la “Violación de Lucrecia” cuando Tarquino, dispuesto a perpetrar su crimen se detiene un instante pensando si “Acaso un instante de placer vale la condenación eterna” pero, al igual que le ocurrió a Tarquino, yo pensé que una instantánea del mar enfurecido valía el riesgo. Quizá el mar pensó lo mismo y por ello en lugar de masticarme se limitó a darme un zarpazo con sus poderosas garras de espuma y  a apartarme como las bestias apartan a los insectos, depositándome incólume en la orilla sin más injurias que las que uno siente en la vergüenza de la derrota. Pero me llevé el premio. Así como Prometeo pagó su hurto alimentando a las águilas con su hígado yo pagué el mío con un instante de pavor inolvidable; pero estaba sentado en la orilla, cubierto de arena y algas, con mi tesoro entre los brazos. No se trataba de tener u obtener una buena o mala fotografía, se trataba de haber estado allí y haberla hecho. De haber tenido la oportunidad de apretar el disparador una milésima antes de que  la cizalla de agua salada me pretendiera dividir en dos partes imposibles de reunir. Volvía satisfecho. Dolorido por la embestida, quitándome prendas hundidas de agua y poniendo a salvo todo lo que merecía ser salvado. Benson, socarrón y divertido me tendía una toalla mientras, conteniendo la risa, me preguntaba:

-¿Ha disfrutado del baño, Sire?

Written by aitztv

6 agosto, 2012 at 4:56

Publicado en Periodismo digital, Viajes