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El trópico también existe

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Se ha terminado por el momento la situación de alarma en Manila, que es algo diferente a que se haya terminado la emergencia. La visión que todos tenemos de los trópicos donde bellezas de piel dorada nos cuelgan guirnaldas de flores al cuello mientras sorbemos nuestro daiquiri de un coco no es más que una mistificación de la realidad más dura. El trópico se retuerce cada día bajo la terrible torsión de un clima implacable que sí, sin duda tiene mucho de benéfico, pero que se manifiesta brutal e inmisericorde cuando derriba una por una las débiles construcciones de los hombres. Nos sobran dedos para contar los días en los que la lluvia y el viento nos han dejado unas cifras aterradoras de víctimas mortales, desparecidos y desplazados. Más de medio millón de personas en albergues temporales, casi cien muertos, decenas de desaparecidos y dos millones de afectados. Esto es el trópico, lejos de mujeres hermosas bailando el hula-hula, de las playas paradisiacas de arena de cristal y de olas coronadas por surfistas. Es la realidad de personas que no están aquí de vacaciones sino luchando duramente por su futuro mientras ven – tragándose el corazón -  al agua cortando en dos la ciudad como un cuchillo llevándose sus escasas pertenencias. No son las gentes del campo ni los habitantes de las montañas, no son los marineros ni los  pescadores a la orilla del mar; son los oficinistas, los empleados de los supermercados, los camareros, los conductores de los trisyclos y tal vez, esa chica sonriente que ayer te abría la puerta de tu hotel y que mañana lo volverá a hacer, con la sonrisa tatuada en la cara para poder empezar de nuevo. Es el trópico en estado químicamente puro, el cinturón del planeta intentando escapar de sus trabillas subiendo y bajando entre dos hemisferios irreconciliables. No hay Norte ni hay Sur. Son los habitantes de la nada, el continente cero. No vale con cerrar los ojos; esta gente existe, están ahí, construyendo un país diferente ente volcanes, terremotos, tsunamis y tifones. La policía y el ejército filipino han sido ejemplares llevando sobre sus hombros a ancianos, niños y a todo aquel que no se pudiera valer para escapar de la marea; pero imposible llegar a todo ni a todos. El trópico no es sólo una fiesta, no es sólo el Caribe, no es Punta Cana, no desaparece cuando nos quitamos la pulsera de “todo incluido”. El trópico no es sólo un lugar geográfico en la barriga del mundo. Es el hogar de mucha gente buena que a veces necesita un hombro donde llorar. Más allá de las barreras idiomáticas y de las fronteras políticas están los límites que la naturaleza impone están las personas. No estamos hablando de rescates económicos por una mala gestión ni de cifras en un cuaderno; Hablamos de personas cuyo mérito está en levantarse una y otra vez cuando te ha tocado vivir en la esquina más redonda del mundo. Sólo una llamada a la reflexión para que los que vivimos en la parte fácil del planeta no nos olvidemos, nunca, de los que además de tener que luchar como todos los demás, viven pendientes de los caprichos de cielo, tierra y mar.

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Written by aitztv

13 agosto, 2012 a 6:56

Publicado en Viajes

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