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La perla de Oriente

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Primer Mapa de Manila conocido

 

 

       Si fuera posible disfrutar de la maquina del tiempo Manila sería una visita obligada. Aquella ciudad en el siglo XIX tenía una elegancia de porte como pocas urbes han visto y verán jamás. Era aquella Manila, con tan solo Ermita, Malate, Intramuros y Sampaloc, una cuidad plácidamente dinámica que se movía al ritmo de lo que entonces era uno de los grandes comercios internacionales. Tenía los acentos orientales puestos sobre aquel estilo colonial español, bello pero estructuralmente útil. Lucía ese sabor mestizo en sus muros de piedra y en sus calles adoquinadas. Una o dos veces al año se comunicaba con Escudo de Armas de ManilaEuropa a través del célebre Galeón de Manila, que pespunteaba el mar desde Acapulco hasta España para unir estilos de vida y –siendo Filipinas el punto medio de cada singladura- de esos viajes Manila adquiría una visión cosmopolita del mundo haciendo del mestizaje una seña de identidad que iría perdiendo a lo largo de la triste historia del Siglo XX. Hoy pocas trazas quedan de aquel lugar en medio de ningún sitio donde nativos, criollos y mestizos supieron levantar un imperio en lo que Magallanes denominó las Islas de Poniente. Tenemos que dejarnos caer por Intramuros o acercarnos al Casino Español para intentar empaparnos de los eternos bulevares trufados de palmeras que ya no veremos. A partir de la claudicación española frente a la joven y arrogante flota de los Estados Unidos de América la urbe perdió el ritmo y entró en la adolescencia con los miembros desproporcionados. Los americanos instalaron la electricidad sobre muros centenarios, los tranvías sobre los caminos primorosamente adoquinados y la educación práctica–tan necesaria- sobre la educación del espíritu sin tener en cuenta la profunda religiosidad de los filipinos. Como en la célebre película de Berlanga y con cincuenta años de antelación la llegada de los estadounidenses se interpretó como el fin de todos los males, la lotería fantástica, el renacimiento. Manila creció desordenadamente y en 1950 ya había absorbido dieciséis ciudades y a una población muy superior a la suma de las poblaciones manila-streetcar-early-1900sanexionadas. El río Pasig, auténtico sistema circulatorio de la ciudad, se convirtió en un sumidero incapaz de digerir la inmundicia que tanta población humana producía y mientras la ciudad iba engordando por sus cinturones exteriores el viejo centro colonial se vaciaba, abandonaba y finalmente arruinaba hasta caerse o ser derribado. Se estaba perdiendo aquella ciudad a la que acudían las clases pudientes de Tokio de riguroso smoking, el espejo donde se miraba el Mar Sur de China. Se disipaba el glamour entre las nubes de humo producidas por decenas de miles de vehículos quemando combustible barato. Y aun quedaba lo peor: la guerra con Estados Unidos, que no aceptaba la independencia que bombas en Manilaproclamó Aguinaldo, terminó de traspasar todo el control a manos americanas. Este hecho tuvo un precio superior a la mera pérdida de soberanía: Filipinas pasó a estar en el punto de mira de los enemigos de los estadounidenses y tuvo que sumar el precio de la guerra mundial a los destrozos que los propios americanos habían causado pocos años antes. Durante medio siglo Manila fue destruida y reconstruida una y otra vez. No sólo fue la guerra: Sucesivos gobiernos y desgobiernos con descabellados planes urbanísticos terminaron con lo poco que sobrevivió a los bombardeos americanos y los incendios japoneses quienes, sabiéndose perdedores, optaron por la tierra quemada y dieron fuego a la ciudad mientras la abandonaban. Edificios supervivientes a los conflictos, como el célebre Jai Alai de Taft Avenue, perdieron en los despachos lo que ganaron a las bombas y fueron derruidos para construir algo en su lugar que nunca se construyó. Vivía 300px-Manila_Walled_City_Destruction_May_1945Manila, aquella perla de oriente que empezó a ser habitada 65.000 años antes por el Hombre de Tabon, aquella cuidad estado que fue Reino de Manila mucho antes de que los occidentales se lanzaran al mar con la espada entre los dientes, Manila –decíamos-estaba viviendo su peor momento. Pero es Manila una ciudad coqueta que sabe de sus encantos y pretende obtener de ellos el máximo partido. Sabe que aun le quedan grandes monumentos en aquel interior abandonado y durante la segunda mitad del siglo XX abrió su viejo joyero y se engalanó con lo que atesoraba en su interior: insufló vida a Intramuros y comenzó a crecer hacia el mar, recuperando aquel mestizaje que hizo de ella  un paraíso. Esta vez ha sido la ciudad la que se ha adelantado a los pobladores, contrayendo a  una velocidad tal que no da tiempo a colmar las nuevas edificaciones. Esto le ha robado a esta viaja dama parte de su alma. Nadie habita en un bellísimo intramuros y muchas de las nuevas construcciones permanecen con una bajísima ocupación porque la mentalidad – y los medios- de los filipinos aún no se han adaptado a la nueva condición. Pero ahí está Manila: mirando a Asia.

galeon de manila    La Perla de Oriente quiere volver y está volviendo a tener su lugar especial en el mundo. Su bahía natural se abre con los brazos extendidos pidiendo nuevos retos que afrontar en un siglo XXI que ya se mueve a velocidad de crucero. Es de nuevo aquella tierra lejana en el quiasma de todos los mares que ofrece a los nuevos aventureros la oportunidad de crear nuevas vías de desarrollo, nuevos negocios.

    Nuevos tiempos, nuevas ciudades: Manila está en ello.

Makati

 

*la cronología no es exacta ni pretende serlo. No se trata de una crónica sino de una exposición sobre el carácter de una ciudad y sus habitantes.
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