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ApartheidSignEnglishAfrikaansFue un 2 de febrero cuando el presidente sudafricano Frederik de Klerk levantó las humillantes limitaciones que durante 30 años había limitado a la clandestinidad el Congreso nacional Africano. Fueron los años del Apartheid, Esta decisión tuvo como consecuencia inmediata la liberación, la excarcelación, de Nelson Mandela. Para muchos, para la mayoría ese fue el canto del cisne de la segregación y ,por extensión, de la esclavitud. Nada más equivocado. Tenemos los occidentales la tendencia a pensar que la esclavitud es, o fue, cosa de blancos encerrando negros africanos en veleros para llevarlos a Estados unidos a cortar caña de azúcar o a trabajar en los campos de algodón. La esclavitud es una forma cristalizada del racismo que por desgracia está en mayor o menor grado en la mente de  todos los seres humanos sin excepción. Decía Desmond Tutú -Obispo de Pretoria– que hay dos tipos de sociedades: la racista y la que no ha tenido tiempo de demostrar su racismo. El alto al bajito, el feo al guapo, el hombre a la mujer, el rico al pobre… dado que todos somos diferentes por algún motivo siempre tenemos en mente que lo nuestro es mejor que lo del vecino y  le consideramos, inconscientemente, inferior. la sociedad no ayuda a salvar ésta barrera. Al contrario: la amplifica en muchos casos. La esclavitud aun existe y existe en  la forma clásica, comprar y vender seres humanos, por ejemplo en pleno siglo XXI en Mauritania. El mundo marginal, a veces no tanto, de la trata de blancas y del comercio sexual en general es también una forma de esclavitud tolerada en algunos países como lo son a fin de cuentas los matrimonios convenidos en los que lo que importa el la dote, es decir, donde se vende a una mujer –generalmente una niña- en una transacción camuflada pero que no es más que una trata de blancas disfrazada de matrimonio, al que muchas veces se le puede añadir el plus de la pederastia, cuando dichas niñas se entregan a ancianos decrépitos sin escrúpulos, pero con dinero. Muchas de estas formas de comercio existen y por desgracia no tienen visos de desaparecer a corto plazo. Por mucho que invoquemos a los derechos humanos nacer mujer es en muchos lugares una garantía de terminar formando parte de una de estas formas  de determinación, en el sentido de limitación de la libertad personal. Pero si volvemos a esa forma clásica, la del esclavo africano en América, pensamos que aquello terminó con Abraham Lincoln y la guerra civil de aquel país. No nos equivoquemos: sin dudar del altruismo y la buena voluntad del decimosexto presidente de los Estados Unidos de América, detrás de aquella decisión había una gran presión de eso que hoy llamamos grupos de poder y que entonces, igual que hoy, sólo buscaban su beneficio.

En el siglo XIX acababa de aparecer un elemento desestabilizador de lo que hasta entonces era el ritmo casi inmutable de la vida: el vapor. Muchos han pretendido poner fecha al invento y la verdad es que es difícil. Desde Herón de Alejandría hasta Newcomen la máquina de vapor había ido pasando por diferentes momentos de popularidad como juguete o como fuerza motriz de pequeñas herramientas y dispositivos. Hay que esperar a las aportaciones de Watt para ver las aplicaciones prácticas a gran escala de ese fuente de energía que a finales del siglo XVIII comenzó a bajar a las minas, mover vehículos, dar fuerza a los telares… El vapor era la nueva fuente de riqueza: con las modernas máquinas de vapor comienzan las producciones en cadena: las fábricas crecen y cada vez se produce más, más rápido y más barato. Está naciendo la revolución industrial y, como siempre, los ricos se van haciendo más ricos y los pobres… más pobres. Pero esto no tiene el mismo valor en todos los lugares. Mientras en el viejo mundo los trabajadores son despedidos, porque las máquinas se amortizan con los sueldos, mientras cientos de mineros se encuentran sin trabajo, los campos necesitan menos jornaleros y el mundo se mueve al ritmo de los pistones que suben y bajan, hay lugares donde nada de esto merece la pena. No merece la pena porque los trabajadores no cobran. No hay que pagarles escuelas ni seguros. Y el que tiene esclavos tienen cada día más porque los cruza y los selecciona. Mujeres que paran muchos hijos sanos. Hombres grandes y musculosos que puedan soportar grandes jornadas. Todo un programa de cría en cada granja. El viejo mundo es cada vez menos competitivo. No puede competir con la mano de obra gratuita del Nuevo Mundo. Incluso los célebres “clippers”, veloces barcos que fueron el canto del cisne de la navegación a vela, hincaron la rodilla frente a los barcos de vapor haciendo un póstumo servicio llevando esclavos al nuevo mundo intentando perpetuar su redondo negocio de carne humana.

No nos engañemos. La esclavitud tenía que desparecer para que las colonias no hundieran el Imperio. Siempre es motivo de alegría que los derechos vuelvan a los sujetos individuales. Lo que no podemos pensar es que el hombre blanco dio la libertad al hombre negro: simplemente devolvió lo que había robado. La humanidad aun tiene muchos esqueletos debajo de la cama. Como dijo Santayana, si no nos fijamos en la historia estaremos condenados a repetirla. La explotación a la que nos vemos sometidos, los abusos de los que detentan el poder, a veces disfrazados de liberales como aquellos hombres del siglo XIX, no son más que larvadas formas de esclavitud.

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Written by aitztv

1 febrero, 2013 a 23:59

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