Creo que lo se…

Lo que creo saber y cómo lo se…

Y conseguirte las estrellas…

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m42_hstUn día como hoy la astronomía estaba de enhorabuena. Venía al mundo William Huggins, uno de los muchos autodidactas que a lo largo de la historia han contribuido al desarrollo de esta disciplina. La astronomía es una ciencia que habitualmente se nutre del entusiasmo de los aficionados con notables éxitos. Es tan amplia la bóveda celeste que resulta imposible cubrirla en su totalidad, razón por la que los esfuerzos combinados de miles de observadores nocturnos son necesarios para avanzar un poco cada día.  Nadie se queda indiferente la primera vez que ve los anillos de Saturno en un tembloroso telescopio doméstico. A muchos de nosotros, yo me incluyo, nos causa una fiebre que nos engancha todas las noches a pasar frio en la búsqueda de nuevas imágenes con las que sentirnos parte del infinito que nos rodea. Huggins no se libró del influjo de la noche estrellada. Desde muy joven decidió dedicar su vida al estudio del universo y lo hizo con sus propios medios, construyendo su propio observatorio privado, humilde, pero en principio suficiente para sus necesidades.

arizonaSe dice que un astrónomo no tiene vida familiar. Recuerdo mi visita a Kitt Peak en Arizona. Durante el día veías carteles por todos los lugares recordándote que no hicieras ruido, que había “durmientes”. A la mañana encontré a una chica joven cuya piel parecía de papel vegetal. Era casi transparente. La cancha de baloncesto estaba llenándose de vegetación porque nadie la usaba. Pero en cuanto se escondía el sol me venían a la cabeza los “morlocks” con los que H.G. Wells poblaba el futuro inframundo. Ver aparecer a los astrónomos era los mas parecido una escena de “The Walking Deaths” que recuerdo en este momento. Sin embargo Huggins tuvo una suerte envidiable. Una joven –en realidad dos décadas más joven- le admiraba tanto que en cuanto se conocieron sus vidas quedaron unidas “hasta el infinito y más allá”. Ella había vivido muchas vicisitudes que la llevaron a refugiarse en la noche tras el ocular de un telescopio barato. Fue también una autodidacta a quien su abuelo metió en el cuerpo el veneno de la astronomía. William y Margaret, una vez casados, emprendieron una frenética labor de investigación del espacio desde un punto de vista diferente. No buscaban la simple localización de los cuerpos celestes ni realizar un mapa exhaustivo del Universo, sino  comprender mejor la composición de esos astros y si se esconde algo detrás de su aspecto. Ambos desarrollaron la espectrografía más allá de los conocimientos de la urlépoca, alcanzando conclusiones que la historia casi siempre ha atribuido a Huggins cuando debían ser méritos públicamente compartidos o directamente atribuidos a Margaret. Ella era además de astrónoma aficionada, licenciada en literatura clásica, música y Artes. Había conseguido por sus propios medios realizar fotografías del sol por proyección con las que inició un estudio sobre las manchas solares. Por ejemplo, casi todos conocemos la constelación de Orión, esa que siempre sale en las películas de marcianos y que les encanta a todos estos catetos que siguen buscando aliens en las pirámides de Egipto. Bajo el cinturón de Orión, esas tres estrellas en línea que vemos en los cielos de invierno y que aquí se conocen como “las Tres Marías”, hay una mancha difusa, como una pincelada de acuarela en tonos granates. Es la célebre Constelación de Orión. Esa nebulosa fue estudiada por Margaret y ella fue quien descubrió que no se trata de estrellas ni galaxias, sino de gas sobrecalentado. Cuando se atribuye el descubrimiento a Huggins se atribuye a Williams o al matrimonio, pero en realidad es mérito exclusivo de Margaret. Sin quitar un ápice de valor al trabajo, maravilloso, de William Huggins (no confundir con Huygens, más famoso) no creo que hubiera pasado a la historia en solitario. Margaret, además,  era toda una autoridad en instrumental, en especial en astrolabios y esferas armilares, siendo una de las contribuyentes de la Enciclopedia Británica. Nunca abandonó sus estudios sobre la historia de la música, destacando sus trabajos sobre Gio Paolo Maggini, un luthier del que bebieron Stradivarius, por mencionar a uno más afamado.image.axd

Su profundo victorianismo aceptó que fuera William el reconocido con el Título de Caballero, quedándose ella en un consolativo “Lady Huggins” que se quiso cataplasmar reconociendo su mérito durante la ceremonia, destacando “La gran colaboración que él (William) había hecho a la nueva ciencia de la astrofísica con la colaboración de su amada esposa”. Más, en cualquier caso, de lo que nunca se dijo de la esposa de ningún premiado.

Conocieron a los Curie cuando estos recibieron el Nobel por sus descubrimientos en el mundo de la radioactividad, aportando al sistema periódico el Radio y el Polonio.  Esto debió afectar a los Huggins que concluyeron que una línea inexplicable de la zona verde del espectro de la Nebulosa de Orión sólo se podía deber a un nuevo elemento. Lo denominaron “Nebulio” (Nephilum). Como ocurrió posteriormente con los rayos N, el Nebulio fue reanalizado y estudiado hasta que incluso hubo quien halló su peso atómico y características generales: A veces el entusiasmo del investigador maquilla los resultados, porque el Nebulio, simplemente, no existe.  En 1928 Bowen desmontó el Nebulio al descubrir por espectroscopía ultravioleta que se trataba de oxígeno ionizado.

De los Curie, los Huggins debían de  haber aprendido a valorar lo que Margaret descubrió y no su marido, pero ella no era polaca ni el francés, con lo que su británica condición dejó a Margaret en una posición de científica consorte que ella misma permitió y alentó.

No tuvieron hijos, los astrónomos duermen de día y de noche miran las estrellas. Compartieron el resto de su vida hasta que él falleció a los 86 años. Margaret le sobrevivió otros cinco años más antes de reunirse con él. Pocas parejas en la historia de la humanidad parecen haber sido tan felices como ellos. se dice que fueron “una de las parejas cuyo matrimonio más aportó a la astronomía”. Es lógico: pocas parejas pueden ofrecerse uno al otro, el Universo y las estrellas.

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Written by aitztv

6 febrero, 2013 a 23:59

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