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“Eppur si mouve” Galileo contra el Padre Apelles

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índiceNo me atrevo a hablar de justicia divina ni de karma, sean estas cosas lo que sean. No me atrevo porque fundamentalmente no creo en ellas. Ya se me pasaron los años de perseguir platillos volantes por el monte o de intentar saber si la Ouija es algo más que un sorprendente juego de salón. Tal vez todo lo que conocemos bajo esos nombres tan sonoros no es más que una versión chusca de la casualidad dispuesta a demostrarnos que entre la realidad y la ficción la frontera esta custodiada por la voluntad de creer. Las religiones –todas- nos han demostrado que pueden existir cosas simplemente porque un número suficiente de personas dicen que existe. No es diferente a la historia del elemento “nebulium” o a los “Rayos N”; Jamás existieron pero hubo un momento en el que famosos investigadores eran capaces hasta de medir sus efectos y cuantificar sus propiedades.

Hoy es 15 de febrero y el mundo amanece aturdido al descubrir la aplastante fragilidad de nuestro planeta azul. Han bastado unas piedras despistadas sobre Ucrania para que uno de los terrores más profundos del hombre se ponga de manifiesto. Hoy es el día en el que el Jefe de la tribu de Asterix, aquel que decía que sólo temía que el cielo cayera sobre su cabeza y que eso no pasaría hoy,  miraría hacia arriba con disimulo a ver si le daba tiempo a esquivar los pedruscos que, sin duda, superarían en tamaño a los mayores menhires de toda la Galia. La Casualidad, uno de los principios inmutables del universo, ha querido que hoy sea también el día en el que celebramos el 449 aniversario del nacimiento de Galileo, el mismo al que unos frailones tan incultos como soberbios (me temo que en eso seguimos en el siglo XVII) le obligaron a renegar de su mecánica celeste.

maximosolarmanchasDicen que la Coca cola se bebe en la sala y la Pepsi en la cocina: de igual modo Galileo hablaba como Aristóteles en la sala, pero en su cocina se estaba transformando en un convencido seguidor de Copérnico; Traducido: Públicamente presentaba la teoría geocéntrica pero el sabía que lo correcto era el heliocentrismo. Pese a ser matemático decidió basarse sólo en las pruebas que pudiera hacer públicas a los ojos de sus coetáneos. El Santo Oficio podía deshacer cualquier teoría como lo hacen los malos autores de ciencia-ficción. No necesitan más que un rayo de naturaleza desconocida –los autores- o una oportuna intervención divina – los religiosos- para poner todo en su sitio. Hay que ver lo ocupado que está dios para demostrar que existe. Cuando Galileo  por fin decide presentar una defensa sobre la teoría heliocéntrica la argumenta con pruebas experimentales, que pueden ser repetidas, como ordena la praxis de la buena ciencia. Ya llevaba tiempo Galileo experimentando con sus telescopios -bastante malos en su mayoría, según el mismo llegó a reconocer- gracias a los cuales pudo ver los cráteres de la Luna, las manchas solares y otras series de elementos que demostraban que el Universo no era perfecto. Acababa de reducir a polvo los Postulados de Ptolomeo y causar una úlcera a los Jesuitas. Uno de estos jesuitas era Chistoph Scheiner. Este religioso había descubierto –según él- las manchas solares (en realidad las descubrió Fabricius) y sostenía que no estaban en la superficie del sol, sino que se trataba de planetoides (la definición de planeta entonces no era la misma que hoy: la Luna y el Sol se consideraban también planetas) que se movían entre la tierra y el propio Sol.  Scheiner era un magnífico investigador, pero su necesidad de acomodar sus descubrimientos a lo políticamente correcto le obligaban a callar. A fin de cuentas el sol no podía, no debía, de tener manchas. Pero Scheiner no podía callar, así que pidió a un amigo que publicara su descubrimiento bajo un pseudónimo. Por chocante que parezca el pseudónimo fue “Apelles Latens Post Tabulam” o más sencillo: Padre Apelles. ¿De nuevo el karma?

nicolás masloff paraguayGalileo había observado también las lunas de Júpiter – él las descubrió- y por supuesto sabía que giraban en torno a Júpiter (en esta época lo podéis ver brillando en el cielo si miráis al sur) y no a la tierra ni al Sol. Quedaba claro que no todo giraba en torno a la tierra.  Compiló todo esto en su “Sidereus Nuncius” pero cometió un error: se mofó –con razón-  de sus detractores abiertamente, lo cual era equivalente a mofarse de la posición oficial del clero. Por eso entró en la ecuación el cardenal Bellarmino conocido como “El martillo de los Herejes”, quien no había tenido ningún problema en mandar a la hoguera a Giordano Bruno unos años antes, y las reglas del juego cambiaron.

Es falso –las cosas hay que decirlas- que la Iglesia obligara a negar a Galileo su teoría. Si ese hubiera sido el caso, Galileo hubiera ardido en la hoguera como Bruno. El clero estaba más preparado y sabía que lo que Galileo decía era cierto, pero se amparó en que no era demostrable. Galileo fue censurado, si, pero en el sentido en  que su teoría no era una verdad absoluta, sino una simple hipótesis que aún no había sido demostrada. Pero el escenario cambia en los años sucesivos y muchos de  los que habían sido ridiculizados por él ascienden en grado dentro de la estructura eclesiástica. Galileo niega que jamás se le hubiera realmente prohibido difundir sus teorías (ni él ni la iglesia rubricaron jamás nada al respecto), pero es casi un anciano y está enfermo. La amenaza de la tortura y la cadena perpetua sólo le dejan una salida: Abjurar. Galileo terminó sus días ciego dictando sus últimas obras a sus escasas visitas bajo arresto domiciliario.

404px-Sidereus_Nuncius_1610.GalileoEs importante tener en mente  que a día de hoy, Siglo XXI, la iglesia mantiene su inocencia e insiste en que Galileo les “debía obediencia”. Incluso el papa actual ha hecho encaje de bolillos para no pedir perdón. De hecho la Universidad de “La Sapienza”de Roma, la mayor universidad de Europa, rechazó la visita del Papa por su postura en contra de Galileo.

Galileo es aún la bestia negra del clero. Pero no pueden evitar que si hoy, día de su cumpleaños, levantan la vista hacia el firmamento verán cómo los satélites galileanos giran en torno a Júpiter y caen piedras sobre Ucrania demostrando que el Universo no es perfecto. Por cierto: el mencionado Padre Apelles, terminó por asumir las teorías de Galileo.

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Written by aitztv

15 febrero, 2013 a 15:57

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