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La fábrica vacía / The stopped factory

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No  puedo evitar una sensación de tristeza cuando visito una fábrica vacía. Es como una aula sin niños. Su falta de actividad me produce un tipo de fobia que no sé si está estudiado. Siempre tengo la impresión de que las máquinas me miran como pidiéndome ayuda, rogándome que les de algo de materia prima que echarse a las tolvas y empezar a producir. Los que no creen en los sentimientos de las cosas no pueden entender esto. Cuando las máquinas funcionan ronronean; responden al contacto con ese cosquilleo indicativo de que todo va bien, de que están contentas. Las fábricas son pequeñas orquestas de música industrial tan perfecta en los acordes como en las síncopas. Estoy seguro que los responsables de esas enormes líneas de fabricación se vuelven al terminar la jornada hacia sus máquinas y les dan las gracias y les prometen volver al día siguiente, como cuando somos niños y creemos que nuestras madres nos esperan tras la puerta el primer día de escuela.

Cuando se para una máquina parece que que te pregunta por qué lo haces. Es lógico. Si su misión es hacer cosas, producir, crear… ¿Qué le queda si la detenemos? Se que no me cree nadie pero las máquinas sufren. Lloran amargamente cuando llega el final de sus días y se saben camino del desguace. Muy pocos de nosotros nos paramos un momento a decirles “Gracias”. Supongo que nos da vergüenza que los demás nos oigan un comportamiento tan irracional. O quizá nos da pánico que nos ocurra lo mismo. Tal vez vemos en las máquinas la metáfora final de nuestros días: nadie nos dará la gracias cuando dejemos de producir esa sensación inaprensible que se llama vida. Ayer funcionaba: hoy no. Tampoco sabemos nosotros entre qué engranajes están escritos nuestros recuerdos y amores. No se por qué cuando viene a tu memoria tu cara sonriente me emociono y cuando noto entre mis manos aquella cálida sensación de cariño me pongo a llorar. Los recuerdos de las vida; la primera sonrisa de tu hijo, su llanto como música en tus oídos, la promesa que te hiciste de jamás abandonarle… Todo eso esta escrito en alguna de esas ruedas dentadas independientemente de que esté en marcha o parada.  Y cuando te tienes que ir, te das la vuelta desde la puerta y ves la máquina parada. Entonces te das cuenta de que lo único que ha muerto eres tú.

I cannot avoid a feeling of sadness when I visit an stopped factory. It’s like a classroom without children. Its lack of activity makes me a type of phobia that I do not know if it is studied. Always have the impression that the machines look at me as asking for help, begging me to them something raw that throw to hoppers and start producing. Those who do not believe in the feelings of things can’t understand this. When the machines work they purr; they respond to contact with that tingling indicative that everything is going well, that they are happy. The factories are small orchestras of industrial music as perfect in the chords and the syncopations. I am sure that workers of these enormous lines of manufacture become at the end of the day to their machines and say “Thanks” and promise to go back the next day, as when we are children and we believe that our mothers are waiting behind the door the first day of school.

When  you stop a machine seems that it asks you why do you it. It is logical. If his mission is to make things, produce, create… What does it if we stop it? I know that no one believes  but the machines suffer. They cry bitterly when reaches the end of its days and is know they are in the way of scrapping. Very few of us  stop a moment to say ‘Thank you’. I suppose that it gives us shame that others hear us so irrational behavior. Or perhaps gives us panic yo know  that same thing will happens to us. Perhaps see in machines the final metaphor of our times: nobody will give thanks when  we finish to produce this incomprehensible sensation that is called life. Yesterday it worked: today will not. Nor do we know us between what gear are our memories and love. I don’t know why I get excited when your smiling face comes to the memory and when I feel in my hands that warm feeling of affection. I’ll start to cry. The memories of the life; the first smile of your child, their crying like music in your ears, the promise you made that you never leave him… All that is written in any of these sprockets whether it is running or stop. And when you gotta go, turn you from the door and you see stop the machine. You then realize that you are the only thing death .

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Written by aitztv

21 febrero, 2013 a 11:36

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