Creo que lo se…

Lo que creo saber y cómo lo se…

LOOK AT YOU ALL STILL MY GUITAR GENTLY WEEPS…

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Casi desde que tengo uso de razón mi guitarra ha estado a mi lado. Recuerdo que fue un regalo para mi hermana, por el destino no la había llamado para las artes, así que estuvo unos cuantos años languideciendo ente un armario y la pared, en uno de esos huecos que quedan que parecen hechos a medida para una guitarra. En cualquier caso es una guitarra de Toña, la famosa casa de música de la bilbaína calle tendería. Unos años después intenté sacarle una nota, Estaba muy deteriorada. Mi padrino, ese neoyorkino del que siempre digo no sé nada, la tocó en el año 69 (lo recuerdo, era mi comunión) con una púa y se llevó una buena parte del barniz.  Años después, decía, le restañé las heridas con un golpeador de plástico y le lavé un poco la cara.

Desde entonces está siempre a mi lado. Muchas noches frente al ordenador, cuando las palabras deciden quedarse tercas en mi interior, la tomo y suavemente “My guitar gently wheeps”. Nunca la obligo. Mi guitarra toca lo que ella quiere; en realidad es ella quien me toca a mi: yo soy el instrumento.  Es bastante caprichosa. Hay días que suena como un trueno y todas sus cuerdas tocan la misma canción; Otros días… Mejor no hablamos.

Pero hoy me ha ocurrido algo curioso. Mientras se cargaba una pagina en el ordenador, le he tomado y… Lo he notado. Está cansada. La he acariciado como siempre, y la he hablado. Pero algo va mal. No responde a mis manos como antes. creo que me pide que la deje. Supo que se ha hastiado  de mi. Ha soportado a mi lado muchas afrentas, sobre todo musicales, pero también incendios, calores abrasadores en un maletero, humedades en tiendas de campaña… casi como un matrimonio. Más de 40 años juntos y ahora ha decidido que ya hay música en mis manos que le pueda interesar. Quizá es que siempre toco lo mismo o tal vez está harta de ver a su lado a mi guitarra eléctrica, que aunque nunca toco siempre está ahí, a mi lado, con su piel de ébano y sus redondeadas formas insinuantes.  Sea lo que sea tengo que darle una solución. Puedo hacer como que no va conmigo y de vez en cuando intentar arrancarle algún sonido, como en los viejos tiempos. O puedo simplemente dejarla ahí, que se quede en un rincón y cuando me preguntan por ella diga, “ahí sigue, como siempre”. Tal vez necesite otras manos: unas que sepan pulsar las cuerdas correspondientes en el orden correcto para hacer que suene de nuevo. Es un dilema. Mientras tanto, me conformo con mirarla. De vez en cuando la abrazo. La miro y prometo que todo será como antes. Para mí es la guitarra perfecta y si no estuviera a mi lado, la echaría mucho de menos.

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Written by aitztv

22 febrero, 2013 a 20:43

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