Creo que lo se…

Lo que creo saber y cómo lo se…

Tenía que ocurrir…

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El término “animales sociales” se aplica a aquellos seres vivos que son capaces de una organización colectiva que va más más allá de la mera suma de fuerzas. Suele ser difícil meternos en la cabeza la idea de que la división de tareas en condiciones justas es el método más eficiente para conseguir beneficios comunitarios. No se trata de unirnos muchos para hacer todos lo mismo, sino de tomar el trabajo de la comunidad allá donde lo deja tu compañero y llevarlo hasta dónde otro compañero pueda continuarlo. He mencionado a propósito las condiciones justas, porque creo que son mucho más importantes que las condiciones igualitarias. Precisamente el término “igualitario” es el que nos convierte en masa, en un conjunto bio-social que al final sólo tiene como meta seguir siendo lo que es en lugar de promover el avance y la evolución como sociedad. Es un error común pensar que simplemente siendo muchos se llega más allá: ser muchos lo único que nos garantiza un mayor número de fracasados.

Si ahora tomo un piedra y la lanzo y me tomo la molestia de medir la distancia lograda podré hacerme una idea de cuantos lanzamientos necesito para recorrer una distancia: si por ejemplo alcanzo los 25 metros, necesitaré cuatro lanzamientos para lograr llevar la piedra a 100 metros; aritmética pura y dura. El error de alguno es pensar que si un hombre puede llevar una piedra a 25 metros, cuatro hombres podrían mandarla a 100 metros. Si lo pensamos vemos a cuatro hombres actuando a la vez pero no en sociedad. Es correcto según el principio de igualdad – son cuatro hombre con una piedra idéntica- pero dado que la meta era llevar la piedra a 100 metros no se logrará ni el fin común ni el personal. Podríamos seguir sumando lanzadores, pero ni toda la población mundial podrá cumplir con el propósito inicial. Si por el contrario disponemos a cuatro hombres a la distancia justa, separados 25 metros uno del otro, es seguro que alcanzaremos nuestra meta. Sé que muchos pensaran que ésto es un simple sofismo y que se puede argumentar con el clásico ejemplo de la rama que, sola, puede ser partida por un niño, pero unida a otras ramas resiste al hombre más robusto. Sin embargo ambos ejemplos son válidos.  Que muchas ramas juntas son mucho más resistentes que una sola es un hecho que demuestra que la unión hace la fuerza, pero mi pregunta es: ¿Siempre es necesaria la fuerza? Pienso que es mucho más práctica la cooperación.

Cooperar es transcender a la acción del conjunto. Equivale a lograr que el efecto personal de nuestra colaboración sea superior en beneficio a lo que la suma de las partes arrojaría como resultado dentro de unos términos justos para todos. Insisto, no en Igualdad sino  en justicia. El problema de la igualdad nace en que alguien tiene que dictar los principios igualitarios: Un ser humano podría pensar que un gorila tiene los mismos derechos que él, por lo tanto ofrecerle una vivienda, colegio público para sus hijos  y recogida discriminada de basuras. No: eso es justo para el ser humano, pero no para el gorila. Él necesita su bosque y su libertad: Eso es justicia. Igualar no es siempre justo, casi nunca lo es.

Creo que esto también ha de ser válido para los procesos. Las actuaciones deben de ser justas a las causas y no comunes. Los humanos, cuando actuamos en conjunto, tendemos a repetir los patrones que han funcionado, algo que puede ser un buen punto de partida pero no siempre válido para realizar el camino completo. Si ponemos como ejemplo las ONG  –sin entrar en mayores polémicas-  nos encontramos con una idea maravillosa prostituida finalmente por interesados y aficionados a partes iguales. La conocida “cruz Roja” es un ONG, quizá la primera de la historia. El Instituto Noos (si, el del Urdangarin) también lo es: las diferencias son claras. Pero a lo que me refería es a cómo la repetición es la mejor herramienta para desactivar una acción. Cuando oí Hablar de “Médicos sin fronteras” me pareció una idea genial. Después vinieron, “Farmacéuticos sin fronteras”, “Enfermeras Sin fronteras”, “Podólogos sin fronteras”… La ilusión va decayendo cuando uno ve cómo la cooperación se desmiembra en corpúsculos que llegan a lo ridículo: “Policías sin fronteras” puede estar bien: “Tricornios sin fronteras” me parece una memez.

Lo mismo me ocurre con el asunto de las peticiones de firmas. Los fines que se persiguen se auto desactivan a través de incontables peticiones que nos piden la solidaridad de muchos para problemas locales o escasamente urgentes. No de puede machacar a la militancia con cualquier cosa porque podemos caer en que cuando “venga el lobo” de verdad, nadie os crea. No tardaremos en ver cómo alguien nos pide la firma para que su cónyuge no ronque o para que dimita el presidente de la comunidad de vecinos. Es a lo que me refería cuando me preguntaba si es necesario usar siempre la fuerza. No se deben cazar moscas a cañonazos porque al final la falta de munición nos obligara a cargar los cañones con bolitas de papel. El resultado será de mucho ruido, pero cero efectividad.

Por eso ruego, desde mi humilde condición, que nos pensemos bien para que pedimos el auxilio de los demás. No es, creo, el momento de pensar en que no quiero que mi pueblo se hermane con no sé qué otro pueblo, o reclamar el asfalto de un campo vecinal.  Estamos metidos en temas mucho más gordos que afectan a mucha más gente y la maquinaria es limitada. Si la forzamos, corremos el riesgo de romperla definitivamente.

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Written by aitztv

26 febrero, 2013 a 11:55

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