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Archive for marzo 2013

El día del padre

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3727088-silueta-de-padre-e-hija-en-la-puesta-de-solNada se puede comparar a la infinita alegría que produce ser padre. Cuando tu primer hijo viene a mundo te das cuenta de que acabas de descubrir una de las pocas cosas, quizás la única, por la que pondrías en juego tu vida hasta perderla. Cuando debutas en la paternidad recibes de la naturaleza un regalo y una enorme responsabilidad; tienes en tus manos un futuro, una vida que has de modelar desde el principio sin determinar sus características únicas, esas que hacen que tu hijo o hija sean un ser maravillosamente individual. Pero también recibes la garantía del dolor; sabes que llegará un día en el que se tendrá que desgajar de ti y recorrer su propio camino y que cada día que disfrutas de su infancia y adolescencia es un día menos hacia esa separación. Las estaciones de la vida de un padre las marcan la evolución de sus hijos; sólo compartimos con ellos la primavera de la infancia y el verano dela adolescencia, después ellos toman las riendas de sus vidas y nos transformamos es una especie de consejeros cuyas advertencias rara vez son escuchadas.

Personalmente recuerdo cada instante de la vida de mis hijas: sus primeros pasos, sus primeras palabras… Recuerdo sus ojos enormemente abiertos al mundo y a todo lo que les rodeaba. Y sufro. Sufro por todo aquello que se me ha escapado entre las manos y que ya no tendré tiempo de realizar con ellas. Sufro porque no podré repetir esos momentos de infinito cariño cuando era para ellas, junto con su madre, lo más importante del mundo. Sufro porque descubro que si elimino de la ecuación de mi vida esos momentos y su mera existencia no queda nada de mí que merezca la pena.

Hoy es el día del padre y estoy a miles de kilómetros de aquellos que quiero: Esta mañana ha sonado mi teléfono diciéndome que tenía un mensaje. Mi hija mayor me recordaba la fecha con un “te quiero” que me ha atravesado de parte a parte. Me siento horriblemente bien o tal vez extraordinariamente mal. Subido como estoy en una montaña rusa emocional hace falta muy poco para desequilibrarme y ese “te quiero” es uno de los pocos que escucharé ya en mi vida. Lo siento como siento las primeras lluvias de septiembre que marcan el final del verano, de ese verano de adolescencia, para dar paso al otoño de la razón y de la distancia. No hace mucho pedía yo a los hados del destino diez años de paz… y me los han negado. En ese juego infame de dar y quitar que es la vida quedan sin embargo cosas de las que no nos pueden expropiar. La más importante es posiblemente el haber sido padres.

No hace falta marcar a fuego una fecha en el calendario para recordar que tuvimos la suerte de ser partícipes del milagro de la vida, pero sí es bueno que aprovechemos que existe para reflexionar sobre todo lo que intentamos trasladar a nuestros hijos; todo el amor que pusimos para que su vida fuera un poco mejor que la nuestra. A veces en el empeño dedicamos tanto tiempo al trabajo que nos perdemos los momentos más maravillosos de su infancia; la comparamos con la nuestra y nos parece que la hemos mejorado, pero ellos cargan con nuestras categorías sin saber si está bien o mal: sólo lo aceptan.

Alguien dijo que no dejamos de jugar al hacernos mayores; nos hacemos mayores al dejar de jugar. Por eso pienso que la vida junto a mis hijas debería ser aún una especie de juego incluso en los peores momentos, como hacia el protagonista de “La vida es Bella”. En ese juego quisiera poder dejar escondido, como el mapa del tesoro, mi testamento emocional. En él quiero detallar a quién dejar la curiosidad y la cautela. A quién las noches estrelladas y los colores de las mariposas. A ambas quiero librar de los miedos, el odio y la mezquindad que a la larga sólo producen dolor y profundas heridas. Pero sobre todo quisiera poner a esa humilde herencia una condición. nunca olvidéis aquellos momentos, los buenos, los que merece la pena recordar, porque en ellos siempre encontraréis el profundo cariño de vuestro padre.

Llegará el invierno del olvido: es inevitable. Un día amanecerá el horizonte nevado y los vientos del norte barrerán los recuerdos; los buenos y los malos. Nada sobrevivirá excepto quizás, esa cascada de cristal que no es otra cosa que la risa inocente de vuestra infancia.

Written by aitztv

19 marzo, 2013 at 2:48

8 de marzo

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“El primero que comparó a la mujer con una flor fue un poeta; el segundo, un imbécil”

(Voltaire)

Me doy cuenta de que llega el 8 de marzo del mismo modo que descubro la primavera cuando las flores empiezan a tapizar el campo: sin querer. Pienso que es bueno; cuando las cosas se suceden con naturalidad no pueden perjudicar a nadie. Si conseguimos desplazar todos los dolores y los malos recuerdos a la parte de atrás de la cabeza es posible asumir las cosas como lo que son ahora y no como lo que fueron. En fechas como la de hoy me reafirmo en la idea de la justicia, mucho más equilibrada que la masificadora idea de  la igualdad.

Nunca he sido machista ni por palabra, obra ni omisión; tampoco entiendo el feminismo, que en muchos casos me parece una mera travestura radicalizada y dirigida más a cambiar la opresión de manos que a la consecución de objetivos justos; tampoco creo en  términos tautológicamente opuestos como la “discriminación positiva”, que me parece quiere vestir de inocuidad homeopática el sagrado principio de equidad que dice pretender. La radicalización y el inmovilismo son los extremos de una línea que puede conducir al fascismo. El totalitarismo también llega como sin querer, como los cambios de estación. Uno se vuelve totalitarista como se vuelve alcohólico; muy poco a poco. Al igual que estos no saben reconocer su problema y lo negarán fervientemente trufando sus acciones de victimismo de lágrima de cocodrilo; es propio del fascista reconducir la situación a escenarios de defensa propia en los que, según su limitado ángulo de visión todo está justificado.

Podemos pensar que la sociedad está en deuda con la mujer, trabajadora o no, y es cierto. Pero no se trata de pensar que la deuda emana de lo que se les ha quitado; la deuda emana de lo mucho que ellas han dado. Las mujeres han sido siempre el primer oficial del gran vuelo de la humanidad. Siempre al lado del capitán, velando por la tripulación y encargándose de los menesteres de mantener alta la moral y vivo el espíritu. A mi entender ha llegado el momento de que piloten la nave. No es necesario que los varones sean confinados en la sala de maquinas, no es un motín; es aprovechar las diferencias que hacen que juntos sumemos más que dos.

Es lo justo. Decía Louis de Bonald, fascista de pensamiento inmune a las revoluciones, que dos talentos en un sólo matrimonio son mucho talento para una casa. Su error es obvio. Si de algo estamos todos escasos en los tiempos que corren es precisamente de talento; ojala hubiera al menos uno por hogar.

Los seres humanos pasamos nuestra vida celebrando nuestro nacimiento en modo de cumpleaños: es curioso que celebremos algo que somos incapaces de recordar. De igual modo solemos firmar con sangre la mayoría de las fechas de nuestro calendario. Quizá por eso las marcamos en rojo, para que hechos como que el dio origen al 8 de marzo no se repitan jamás. Es tiempo de construir para todos y para todas, como afortunadamente ya comprende la mayoría. Pero tampoco podemos mirarnos permanentemente el ombligo y olvidar que hay muchos países, muchas comunidades e incluso muchas religiones que denigran, humillan,  menosprecian y asesinan a las personas que nacen mujer, o que no nacen “hombre” según su aldeana concepción del sexo y de la sexualidad. En esos lugares es más necesaria nuestra queja y nuestra solidaridad. Hoy nos vamos a manifestar y después nos iremos al refugio de nuestra sociedad de consumo, a celebrar nuestra solidaridad para quien en muchos casos ya no la necesita.

No se puede aplaudir con una sola mano. Hoy, día de la mujer trabajadora, como el resto de los días que celebramos internacionalmente, debemos hacer un guiño a la comunidad, aunque sólo sea porque entre todos podamos tener un segundo de humanidad.

Written by aitztv

8 marzo, 2013 at 10:48

La vida es una enfermedad terminal.

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Hace tiempo que escribí un cuento, que podéis encontrar aquí, en el que la idea central era la posibilidad de intervenir en la propia muerte. No se trataba del punto de vista del suicida, sino más bien en como los sucesos algún día determinarán que ha llegado el último momento. A veces nuestra personalidad es como el submarino del Capitán Nemo. Tiene diseño retro futurista, y nos permite desandar lo caminado pero sólo para volver a ver como nuevo escogemos la ruta equivocada. Es curioso cómo Julio Verne nos dejó una pista clarísima en su relato.  Nemo significa “nadie” en latín. Y es que en el fondo todos tenemos un rincón “Nemo” que de vez en cuando asoma para recordarnos que nacemos con fecha de caducidad. Charlaba hace unos días con una profesional (de la medicina) sobre lo sencillo que resulta para las personas elegir el camino fácil una vez que has descubierto que tomar decisiones, decisiones muy serias, no es tan grave como parece. Sin embargo, vivir más de la cuenta puede suponer un problema cuando no te has mentalizado para ello. Todos nosotros tenemos una fecha de caducidad. Me consta porque recientemente yo he superado la mía. Aquí es donde me surge el problema. Me da la impresión de que el hecho de permanecer donde ya no se te espera, o de superar la locura o de vencer a la enfermedad, nos da una capa de barniz mágico que nos lleva pensar que somos indestructibles. A partir de ese momento me he dado cuenta que el reino de las decisiones se amplía exponencialmente con el paso de los días, tanto que puede ser que nos supere y nos nuble el entendimiento. Mi Nemo personal desde entonces parece tomar decisiones que yo no entiendo. También puede ser que simplemente nací idiota y no me había dado cuenta hasta ahora. Pero yo lo achaco al hecho de que pienso que ya nada me puede pasar. Es el típico pensamiento que nos viene a la cabeza un segundo antes de que empiece a llover cuando hemos perdido el paraguas.

No tengo ni idea de qué es la vida, por lo que hablar de la muerte es todavía más difícil. Definir las cosas nos da una cómoda sensación de seguridad. No nos cuesta intervenir en los procesos que podemos colocar en un diccionario con cierta conformidad por parte de todos, pero con los conceptos más abstractos tenemos problemas. Nuestras “nadas” son particulares, como lo son nuestras ideas de la vida y la muerte o la razón de nuestras existencia. Nuestras definiciones dependen tanto de los estados de ánimo que lo que ahora es válido mañana nos puede parecer una majadería. Pese a todo podemos admitir algunas cosas respecto a ese fenómeno que es la vida y su opuesto. La muerte es un estado que nos perpetúa en el recuerdo de los demás, que intentan con ello ocultar el vacío de la ausencia.  La diferencia entre la vida y la muerte es tan pequeña que no hemos conseguido hallarla aún.  Espero que no la encontremos nunca. Cuando sepamos dónde está esa pequeña frontera y como funciona se destruirán muchas cosas bellas. A partir de ese día ya no habrá lugar para los mártires ni los héroes; morir de amor no servirá de nada porque será reversible, como el dejar de fumar: las religiones perderán su mejor arma; ya no nos podrían amenazar con el lado tenebroso y encima los enterradores se quedarán sin trabajo.

Desde mi ignorancia pienso que la vida no es un estado de ser humano; es una característica. Así que si no podemos separar nuestras condición de “ser” de la condición de “estar vivo” ¿qué somos si trascendemos? Personalmente pienso que al eternidad es un premio muy pobre para todo lo que algunos tienen que sufrir en este lado, como el recuerdo puede ser una tortura para algunos allegados. Tal vez lo humano sería que nos dejaran la trascendencia como una opción, sin imposiciones. Poder ser Nemo en el sentido más amplio de la pablara. Ser transparente a la historia y a los recuerdos. No se trata de ser lo que uno quiera sino de que uno quiera ser.

Written by aitztv

2 marzo, 2013 at 13:00