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El día del padre

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3727088-silueta-de-padre-e-hija-en-la-puesta-de-solNada se puede comparar a la infinita alegría que produce ser padre. Cuando tu primer hijo viene a mundo te das cuenta de que acabas de descubrir una de las pocas cosas, quizás la única, por la que pondrías en juego tu vida hasta perderla. Cuando debutas en la paternidad recibes de la naturaleza un regalo y una enorme responsabilidad; tienes en tus manos un futuro, una vida que has de modelar desde el principio sin determinar sus características únicas, esas que hacen que tu hijo o hija sean un ser maravillosamente individual. Pero también recibes la garantía del dolor; sabes que llegará un día en el que se tendrá que desgajar de ti y recorrer su propio camino y que cada día que disfrutas de su infancia y adolescencia es un día menos hacia esa separación. Las estaciones de la vida de un padre las marcan la evolución de sus hijos; sólo compartimos con ellos la primavera de la infancia y el verano dela adolescencia, después ellos toman las riendas de sus vidas y nos transformamos es una especie de consejeros cuyas advertencias rara vez son escuchadas.

Personalmente recuerdo cada instante de la vida de mis hijas: sus primeros pasos, sus primeras palabras… Recuerdo sus ojos enormemente abiertos al mundo y a todo lo que les rodeaba. Y sufro. Sufro por todo aquello que se me ha escapado entre las manos y que ya no tendré tiempo de realizar con ellas. Sufro porque no podré repetir esos momentos de infinito cariño cuando era para ellas, junto con su madre, lo más importante del mundo. Sufro porque descubro que si elimino de la ecuación de mi vida esos momentos y su mera existencia no queda nada de mí que merezca la pena.

Hoy es el día del padre y estoy a miles de kilómetros de aquellos que quiero: Esta mañana ha sonado mi teléfono diciéndome que tenía un mensaje. Mi hija mayor me recordaba la fecha con un “te quiero” que me ha atravesado de parte a parte. Me siento horriblemente bien o tal vez extraordinariamente mal. Subido como estoy en una montaña rusa emocional hace falta muy poco para desequilibrarme y ese “te quiero” es uno de los pocos que escucharé ya en mi vida. Lo siento como siento las primeras lluvias de septiembre que marcan el final del verano, de ese verano de adolescencia, para dar paso al otoño de la razón y de la distancia. No hace mucho pedía yo a los hados del destino diez años de paz… y me los han negado. En ese juego infame de dar y quitar que es la vida quedan sin embargo cosas de las que no nos pueden expropiar. La más importante es posiblemente el haber sido padres.

No hace falta marcar a fuego una fecha en el calendario para recordar que tuvimos la suerte de ser partícipes del milagro de la vida, pero sí es bueno que aprovechemos que existe para reflexionar sobre todo lo que intentamos trasladar a nuestros hijos; todo el amor que pusimos para que su vida fuera un poco mejor que la nuestra. A veces en el empeño dedicamos tanto tiempo al trabajo que nos perdemos los momentos más maravillosos de su infancia; la comparamos con la nuestra y nos parece que la hemos mejorado, pero ellos cargan con nuestras categorías sin saber si está bien o mal: sólo lo aceptan.

Alguien dijo que no dejamos de jugar al hacernos mayores; nos hacemos mayores al dejar de jugar. Por eso pienso que la vida junto a mis hijas debería ser aún una especie de juego incluso en los peores momentos, como hacia el protagonista de “La vida es Bella”. En ese juego quisiera poder dejar escondido, como el mapa del tesoro, mi testamento emocional. En él quiero detallar a quién dejar la curiosidad y la cautela. A quién las noches estrelladas y los colores de las mariposas. A ambas quiero librar de los miedos, el odio y la mezquindad que a la larga sólo producen dolor y profundas heridas. Pero sobre todo quisiera poner a esa humilde herencia una condición. nunca olvidéis aquellos momentos, los buenos, los que merece la pena recordar, porque en ellos siempre encontraréis el profundo cariño de vuestro padre.

Llegará el invierno del olvido: es inevitable. Un día amanecerá el horizonte nevado y los vientos del norte barrerán los recuerdos; los buenos y los malos. Nada sobrevivirá excepto quizás, esa cascada de cristal que no es otra cosa que la risa inocente de vuestra infancia.

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Written by aitztv

19 marzo, 2013 a 2:48

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