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Los últimos de Filipinas

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Cuántas veces hemos oído hablar de los últimos de Filipinas… Para muchos es una frase hecha para indicar al último que apague la luz y cierra la puerta; para otros es una película que probablemente no han visto ni verán y para algunos es un acto heroico que los soldados españoles protagonizaron en unas islas que casi nadie sabe situar correctamente en el mapa. Lo único que podemos afirmar como cierto, es que hubo unos soldados que defendieron su posición durante casi un año (337 días) con el único refugio de una ermita en Baler, isla de Luzón.

supervivientes de BalerNo eran unos soldados cualesquiera; tampoco eran súper héroes ni fuerzas especiales. Eran en su mayoría campesinos arrancados de sus casas durante la Regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena. Hombres cuyas familias carecían de recursos para librarlos del servicio militar y fueron enviados al olvido por no poder pagar las dos mil pesetas que costaba la redención. Así se cantaba entonces por las tierras del casi muerto imperio español:

Vamos los quintos pa´rriba
que nos llaman las campanas
probaremos nuestra suerte
pa´unos buena pa´otros mala…

Múltiplo de cinco, soldado de cuota.

En 1752 el rey Felipe V quiso terminar con los privilegios de los pudientes y ordenó que, tomando los censos de cada población, uno cada cinco jóvenes serviría en armas: Esos “quintos” se tenían que enfrentar a los destinos que las guerras de la época dictaban. La norma no fue útil ya que los que tenían dinero compraban su puesto en la lista; Con no tener un múltiplo de cinco estabas salvado. Los pudientes siempre se han burlado de los menesterosos. Durante aquellos años, los que pudieron comprar su redención hacían gala de su soberbia cantando:

Si te toca te jodes
que te tienes que ir
que tu madre no tiene
para librarte a tí.

Para salvarte a tí
como la mía a mí,
si te toca te jodes
que te tienes que ir…

Sin embargo, entre todo lo malo que tenía ser reclutado por la fuerza destacaba aun una posibilidad aun peor. Aun conservaba el imperio las colonias de Cuba, Puerto Rico, Guam y Filipinas y terminar en uno de aquellos destinos era, a veces, una garantía de no volver. Así lo reflejaban las canciones populares, aquellas que con el tiempo pasarían a llamarse canciones “de quintos”; Esta expresión llegó a popularizarse tanto que hoy en día ser “quinto” implica tener la misma edad o simplemente se utiliza como sinónimo de reemplazo. De entre todos aquellos destinos era Filipinas uno de las más temidos por los llamados Soldados de cuota:

Soy soldado de marina

y en el cuello llevo el ancla

y aunque vaya a Filipinas

nunca pierdo la esperanza.

La Regencia y el bipartidismo.

CANOVAS Y SAGASTALa regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena ( a quien no hay que equivocar con María Cristina de Borbón Dos-Sicilias que también, fue regente en un período anterior) se produce a la muerte de Alfonso XII. Este rey, viudo de María de las Mercedes de Orleans, nunca apreció demasiado a su segunda esposa que tuvo que soportar la continuas infidelidades de su marido hasta su fallecimiento en 1885. Conocida como “Doña Virtudes” tuvo que enfrentar el cargo de soberana hasta la mayoría de edad de su hijo, el futuro rey Alfonso XIII, aún en su vientre a la muerte del rey. Durante los diecisiete años que duró su regencia tuvo una presencia discreta en el gobierno, que había pactado el bipartidismo rotatorio suscrito por Cánovas y Sagasta, limitándose la participación de la María Cristina a llamarlos sucesivamente para formar gobierno. Cánovas era un conservador al más puro estilo británico; Defensor del esclavismo en las colonias y de la democracia no revolucionaria, instó a la formación de un partido liberal con el que poder liderar por turnos el gobierno del imperio. Esa meta la alcanza en el pacto del Pardo con el liberal Sagasta.

El USS Maine y su oportuna explosión.

USS MAINE EN LA HABANAPero el 1897 Cánovas muere en Mondragón asesinado por un anarquista italiano y la aparentemente tranquila vida política del imperio comienza a caerse a pedazos: Un año más tarde el USS Maine, acorazado estadounidense que había entrado sin permiso en Cuba, explota misteriosamente cuando estaba anclado en el puerto de La Habana y la Guerra entre estados unidos y España se vuelve inevitable: El Imperio nada tenia que ganar en aquel conflicto, pero para el pujante crecimiento de los estados unidos, que había intentado comprar Cuba al gobierno español en varias ocasiones sin éxito, Puerto Rico, Cuba y Filipinas eran bocados demasiado apetitosos para sus planes de expansión: La venida a menos flota española nada tiene que hacer frente a los modernos barcos americanos que tienen mayor potencia de fuego y alcance, por lo que la guerra se transforma en un ejercicio militar para la armada americana que culmina en el Tratado de París: España acepta la Independencia de Cuba y vende la soberanía de Puerto Rico, Filipinas y Guam a estados unidos por 20.000 dólares. Como consecuencia del tratado y de la desaparición de la armada española, los territorios de Oceanía aún bajo pabellón español se vuelven indefendibles, por lo que las Marianas, Carolinas y Palaos son vendidas al año siguiente a Alemania en 25 millones de pesetas.

Pero estamos en 1898 y las noticias tardan semanas en llegar a los reductos del extinto imperio: Una cincuentena de hombres, algunos veteranos y otros procedentes de los que no pudieron pagar su redención, están cercados en Baler, al Este de Luzón, sin saber que la guerra ya ha terminado y la han perdido. Durante casi un año se defienden de más de ochocientos atacantes filipinos, los katipuneros, mientras el gobierno español los olvida de forma miserable. La defensa de aquellos soldados aún se estudia en las academias militares de todo el mundo pues fue épica e impecable, pero para el gobierno de cualquier país abandonar aquellos soldados a su suerte no es una gesta; en una vergüenza. Cuando pretendieron informar a los sitiados del fin del guerra ya era tarde; No se lo creían.

Los últimos de Filipinas fueron héroes cada uno de ellos, pero recordemos que  si los hombres mueren sin dignidad son una mácula para quien los envía a la muerte y –no olvidemos nunca- que fue el gobierno español quien les envió a morir, sin motivo y sin posibilidades de éxito. Fue difícil; hubo deserciones, suicidios, traiciones y hasta fusilamientos. Tuvieron que sobrevivir cavando un pozo, resistiendo al beri-beri, la disentería y el hambre.

Muchas años después, en 1996, Gloria Macapagal (Presidenta de la república de Filipinas) viajó hasta Almonte, en Extremadura, para rendir homenaje a uno de aquellos supervivientes de Baler. Una réplica de aquella iglesia en la que 33 soldados supervivientes del ejercito de ultramar resistieron más de 300 días. Cuando al fin vencidos capitulan ante el General Filipino Emilio Aguinaldo, éste les declara amigos de la República Filipina y facilita su regreso a España.

El cine nos dejó una versión  de la historia. Con los medios actuales cada uno de nosotros puede acceder a la información necesaria para hacer una idea de qué ocurrió en realidad en Baler a Finales del siglo XIX.  Si pudiera poner música a este post, sin duda sería la voz de Nani Fernández interpretando “Yo te diré”, icónica habanera de Halper y Llovét que acompañará para siempre a la película y a la historia.

Cada vez que el viento pasa se lleva una flor

Os dejo el enlace a la canción original. Se que en muchos despertará la sonrisa o quizá la hilaridad; como dicen aquí, “up to you”. Esta es sólo mi versión de los hechos.

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