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Archive for agosto 2013

El maldito número de Avogadro

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Avogadro Corría un nueve de agosto, como hoy, hace 236 años. Nacía en Turín un hombre, noble de cuna, que nos trajo a mal vivir a todos los estudiantes de aquel meteoro fugaz llamado el BUP. Así fue. Durante nuestra tierna infancia y nuestro veranillo de corrupción nos abrasaron con la teoría de conjuntos, los diagramas de Euler-Venn y el brazo incorrupto de Santa Teresa. Después llego el bachiller unificado polivalente y nos tragamos a Avogadro, A Gay-Lussac y Schrödinger. También estudiábamos la Regla de Pauli, lo que teniendo una compañera de clase que se llamaba precisamente Pauli no es de extrañar que la buena mujer eligiera  estudiar por letras.

El bueno de Avogadro colgó la abogacía –quizá lo de ser el Abogado Avogadro le produjo el mismo vértigo que la mencionada Pauli- y estudió ciencias. Los nobles tienen estas cosas: O se hacían militares o científicos, algo que en ocasiones compartían con los hábitos, los religiosos y los otros hábitos. Con la que está cayendo quizá al final sean sólo los ricos los que puedan estudiar mientras los demás rebuscamos en las basuras. Por aquella época la ciencia tenía un problema gordo entre manos. O estaba fallando la elegante teoría atómica de Dalton, o los experimentos de Gay-Lussac tenían un error que nunca era descubierto. No vamos a entrar en farragosos parajes demasiado científicos (digo esto para que no se note que no me acuerdo de nada de lo que estudié) pero digamos que Avogadro consiguió enunciar una teoría que conciliaba  esas dos realidades científicas. Lo publicó primorosamente en una obra titulada “Ensayo sobre un modo de determinar las masas relativas de las moléculas elementales”. Gracias a él sabemos que los gases simples son diatómicos o que la fórmula del agua es H2O. Pero su trabajo permitió que posteriormente alguien pudiera calcular cuantas partículas hay en un mol de cualquier sustancia; ese número se llama en su honor la constante de Avogadro y es un número aterrador:

N_{\rm A}=6.022\ 141\ 39(27)\times 10^{23}\ \mbox{mol}^{-1}

¿Qué tiene de especial éste número?, primero que determina que en un mol de cualquier sustancia hay exactamente ese número de partículas, lo cual viene estupendo para calcular pesos atómicos, pero veamos ahora el lado tenebroso. ¡Estamos hablando de una cifra de 23 ceros! Para quien lo quiera saber supone seiscientos dos mil trillones. SI queremos jugar a los números, desde que nació cristo hasta el principio de este año han transcurrido 63.481.968.000 segundos: una nadería comparada con los que puede haber en un mol de una substancia. Piensa que en un vaso de agua – supongamos un cuarto de litro- hay  13,89 moles. Se nos hace complicado pensar en esto a los que aún contamos con los dedos. Ahora vamos a jugar un poco.

Tomamos 1 mol de sal  (58.3 g) y lo disolvemos en un litro de agua. hasta aquí es fácil ¿no? Ahora separamos un centímetro cúbico de esa agua salada (1 ml en volumen), poco menos que un dedal, lo que podría ser una dosis. Si dividimos el número maldito entre mil sabremos cuantas moléculas de sal quedan en ese dedalito que serán 6,02 x 10 seguido de 20 ceros. Y ahora… ¡Magia! Vamos a fabricar un medicamento homeopático con este mililitro de agua salada.

Como sabéis la homeopatía nos cuenta cómo a mayor dilución mayor es el poder curativo de una sustancia. No es extraño encontrar preparados homeopáticos al 60 o al 80: eso significa que el principio se diluye en 10 partes de agua 60 u 80 veces: Seamos conservadores. Vamos a preparar Sal en una dilución 30. esto equivale a dividir el número de moléculas que teníamos entre 10 seguido de 30 ceros. Resultado: 0,000000000602 moléculas. Es decir. Nada.

Esa es la única verdad sobre la homeopatía que debes conocer. Que para que una sola molécula de agua salada llegara a tu cuerpo, necesitarías beber como 6000000 (sí, seis millones) de vasos de agua, algo así como millón y medio de litros. Mucha agua, si, pero a precio de medicamento.

Avogadro (por favor, evitar decir su nombre en alto con el tono de Robert de Niro en “El Cabo del Miedo) ya nos había facilitado las claves para comprender que esto de la máxima dilución no va más allá de una teoría medieval sin contenidos ni substancia. Ahora le toca a cada uno decidir si quiere vivir en el siglo XXI o en la edad media.

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Written by aitztv

9 agosto, 2013 at 4:44

Soy de ciencias ¿Y qué?

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Soy una persona muy ocupada y con horarios poco habituales para el común de los trabajadores. Paso muchas, quizás demasiadas, horas con la nariz pegada a monitores de televisión y ordenadores y apenas me queda tiempo para leer. En este escenario a veces me tengo que conformar con una mirada rápida a internet para no estar demasiado desactualizado (manda narices la palabrita). Esta es la razón por la que cuando leo algo que podría ser interesante y resulta ser una panfletada me agarro unos cabreos de dimisiones bíblicas y navegables.

Cae en mis manos –es un decir- un post publicado en la sección de ciencia del diario Público: lo firma Esther Vivas, quine se declara activista y periodista. Empezamos mal: ser activista y periodista es como ser calvo y rubio; puedes haber sido ambas cosas pero nunca al mismo tiempo. Así como siempre he pensado que  los licenciados en medicina que rechazan la medicina alopática (la medicina en su sentido tradicional, la que se estudia en la facultad) y abrazan la homeopatía, la acupuntura y otras insensateces semejantes, deberían devolver su título a la universidad, lo mismo pienso de los periodistas que no informan y que deliberadamente retuercen las verdades para intentar grabar a fuego sus opiniones en los pliegues de las meninges del respetable. En mis más de 26 años de docencia siempre he intentado poner en la cabeza de mis alumnos que una noticia debe cumplir tres requisitos cada uno de los cuales es condición necesaria y no suficiente por separado. Para que lo que cuentes sea de verdad una noticia tienen que ser algo nuevo, interesante y cierto. Que mi tía se compre un paraguas es cierto y nuevo, pero no interesante, por lo tanto no es noticia: Que Charles Lindbergh cruzó el Atlántico es muy interesante y cierto, pero no es nuevo: no es noticia. Obviamente si lo que cuentas no es verdad, tampoco es noticia. Es tan simple como eso.

Ayer (ayer en Filipinas) mantuve una cambio de impresiones cordial con un biólogo a quien sólo conozco de internet. En un momento de la conversación en el que yo fui inadvertidamente ambiguo me puntualizó :

“la ecología es la ciencia que estudia la relación entre los seres vivos y su entorno, como bien dices estudia hechos y no opiniones, eso es cosa del ecologismo que no tiene absolutamente nada que ver con la ecología ”

Al momento me vino a la cabeza un párrafo de mi biólogo de cabecera -todos tenemos vacas sagradas- Jean Rostand en que que relata cómo estaba charlando con una señorita y al explicarle ciertas cosas ella respondió”:

“es que la biología es una cosa y la vida es otra”

¡Oh My God! –como dirían aquí- O sea ¿Que el ecologismo no tiene nada que ver con la ecología? Ahora empiezo a entender muchas de las mamarrachadas de los calentólogos, ecologetas y algoreros de salón. Para ser ecologista no es necesario saber una palabra de ecología. Por extensión esto me lleva a pensar que tal vez los artículos de Esther Vivas nada tengan que ver con el periodismo. Desde luego comparar una hamburguesa obtenida aplicando biotecnología con el monstruo de Frankenstein nos demuestra dos cosas: que no sabe una palabra de biotecnología: que  no ha leído la maravillosa novela de Mary Shelley.  Dentro de la línea de los que se creen iluminados por el dedo dorado de la razón absoluta, hace un ejercicio de pisuerguismo para deslizarnos la noción que que hay que ser vegetarianos y buenos chicos y chicas. Esta chica es tan limitada que nos hace creer que esa hamburguesa ha costado 250.000 euros, sin tener en cuenta que ese no es el coste de la hamburguesa, sino el coste de una compleja y lenta investigación que ha conseguido crear proteínas prácticamente de la nada. ¿Cuanto costaría el primer coche si le aplicamos todo lo que costo de crear el combustible, las aleaciones, las ruedas? ¿Cuanto costaría una prenda de vestir si le aplicamos a ella sola todos los gastos?… Sin embargo estoy seguro que incluso la autora usa a menudo el coche u otro transporte y se cambia de ropa diariamente. Ella llama a un logro sin precedentes “hamburguesa Frankenstein” y yo a su poco más que redacción escolar “artículo IKEA” porque no es más que un trabajo de carpintería periodística con la habitual mezcla de verdades a medias, un par de mentiras y algunas opiniones.

Activistas de salón, bañados de esa retroprogresía que a decir verdad, en los tiempos que corren resulta algo ñoña. Informa si sabes informar y si no, estás mejor con la boca cerrada. Dinos si la hamburguesa tenía las mismas calorías que las de origen animal, cuéntanos que características organolépticas tenía, qué describieron los que la probaron. Dinos algo que no sepamos, porque tu opinión, a la inmensa mayoría de los que aún acudimos a las secciones de ciencia de los diarios, nos importa un bledo, orgánico o transgénico. Confío en que cuando enfermes (no te lo deseo, por supuesto) rechaces la medicación que sea de origen transgénico, por citar algo por encima, la insulina, la hormona de crecimiento, interferones y anticoagulantes.

Mi hija es vegetariana y no tengo ningún problema con ella. Se sienta a la mesa y evita los alimentos de origen animal. Como aún es menor de edad cada poco tiempo se le hace un análisis para comprobar que no le falta nada. De momento va bien y espero que así siga. Sin embargo, los intolerantes “comedores de acelgas” como los llama Jeremy Clarkson me sacan de quicio. Tengo dientes de omnívoro y la longitud de mis intestinos dice lo mismo. Dejad de pontificar y de adoctrinar desde vuestras endebles atalayas. No me volváis a decir lo que tengo que comer. ¡Que soy de ciencias, coño!

Written by aitztv

8 agosto, 2013 at 12:21