Creo que lo se…

Lo que creo saber y cómo lo se…

¡Feliz aniversario transgénico!

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De un  tiempo a esta parte me estoy transformando en un cascarrabias. Supongo que es cosa de la edad o de que cada vez me veo rodeado de más gilipuertas y eso siempre le exalta a uno que va poco a poco perdiendo la paciencia.

Voy descubriendo que las personas tienen ciertos resortes que son sencillísimos de activar; mucho más sencillo cuanto mas membrillo es el individuo con el que hablamos. Aquí, en Filipinas, mencionar que uno no es creyente de obligado canapé ecuménico es suficiente para que le retiren la palabra – juro que me ha pasado-. En general si a un joven le mencionas la palabra “ecológico” muta en una encendida defensa de las ballenas, de la vida natural y de los chicos del “pis verde”, es decir, del greenpeace. Lo curioso es que para todo esto no hace falta saber una palabra de ciencia; vale con ponerse el atuendo apropiado, como si con ponerse una peluca desgreñada y una chupa de cuero fuera condición suficiente para ser una estrella del rock, aunque uno no sepa una palabra de música.

En los últimos tiempos voy viendo cómo esto también se ha contagiado a la fotografía. Yo nací entre fotógrafos. Mi abuelo era fotógrafo retocador, de los que hacían aquellos retratos de minuto, llamado así por que ese era el tiempo que uno tenía que estar quieto delante de la cámara. Mi padre fue fotógrafo y cineasta profesional, tanto en el sector industrial como en el del entretenimiento, si uno considera entretenidas las películas de Alfredo Mayo. MI madre trabajaba en el cuarto oscuro de un célebre laboratorio bilbaíno, escogiendo el papel adecuado a cada toma, dentro de aquella  – no se si decir- profesión llamada “tirador”. En resumen; Tomé biberones de ácido acético desde pequeño, a lo que hay que sumar mis estudios de televisión y mi interés en las nuevas tecnologías. Todo ello me llevó hasta a hacer un curso de antenista antes de que llegara el boom de las antenas parabólicas, que un servidor ha instalado en dos continentes, aunque haya quien piense que fue por casualidad. He pasado más de veinte años trabajando de profesor de audiovisuales, lo que me ha llevado a enseñar radio, televisión y por supuesto fotografía, pudiendo ser de los que aún pueden decir que ha revelado a color… a mano. Pues bien: Nunca me he llamado a mí mismo fotógrafo.

Me pone los pelos como escarpias la alegría con la que uno se compra una cámara de fotos con la que ametralla a diestro y siniestro y se autodenomina fotógrafo. Los más cursis ponen photographer, porque mola más, ya se  sabe: mucho mejor en Inglés. Pamplinas aparte, hoy en día sacar una buena foto a un paisaje es más fácil que fallar en el disparo. No eres un buen fotógrafo: es que el paisaje es bonito. Lo mismo podemos decir con fotografiar a personas agraciadas. Hacer fotos a gente no es hacer retratos y si necesitas que te explique esto es mejor que vendas la cámara y te compres un teléfono móvil de última generación: vas a obtener el mismo resultado pero con menos artificio.

Otra especie que rueda por el planeta es la de los astrónomos aficionados. Uno ha pasado muchas noches al sereno para poder ver con el rabillo del ojo (visión lateral) ese puntito de luz tan esquivo. Otros se compran un telescopio y se autodenominan “astrónomos aficionados”. Pues no. eres un “aficionado a la astronomía”, como un servidor y otros miles de tales individuos que habitan el orbe.

Esto es lo que pasa con la mayoría de los ecologistas, calentólogos de salón, y demás bestias pardas que habitan los bosques en primavera. La inmensa mayoría no han abierto un libro en su vida. Para ésta gente la vida consiste en copiar y pegar links que ni han leído ni han contrastado. Lo malo es que su vida fuera de internet supone exactamente lo mismo: copiar y repetir lo que otros a su vez han copiado y repetido sin molestarse en saber si es correcto o si es simplemente verdad. Para ser ecologista al parecer sólo hay que repetir un mantra tres veces al día.

Lo transgénico es malo, lo ecológico es bueno. Monsanto mata gente, Greenpeace salva ballenas. Monsanto mató a Kennedy a Viriato y al mismísimo Cid campeador.

Ya tienes el kit básico de ecologista. No necesitas más. eso te abrirá las puertas de cualquier conversación y te cerrará el intelecto para el resto de tú vida.

Moviéndonos en ese orden, hay quienes señalamos aquello de que la insulina es de origen transgénico y que ningún miembro del Greenpeace o de cualquier organización similar elige morirse antes de usarla. Algunos argumentan que es que la insulina se purifica antes de su uso en humanos y por lo tanto ya no es transgénica. Bien: eso es una falacia. las transgénesis implica que un organismo exprese caracteres de otro. Por ponerlo en clave de humor; si consiguiéramos que un pollo expresara los genes de un centollo quizá obtuviéramos pollos con  ocho muslos y así se discutiría menos al sentarse a comer. Volviendo al mundo de la ciencia los investigadores  hacen que una bacteria (la célebre E. coli) exprese la insulina humana. Sin embargo la insulina es una proteína que consta de dos cadenas plegadas de determinada forma. La E. coli sólo produce las cadenas, denominadas  Cadena A y Cadena B. Para conseguir que ambas se plieguen se le encarga la misión a otras E. coli –absolutamente inofensivas- que terminan el trabajo. Ahí llegará el proceso de “purificación” que consiste en eliminar los restos de E. coli. Queda claro que la insulina es un producto procedente de la transgénesis pura y dura y que los que utilizan la “purificación” como disculpa simplemente mienten o no se han informado correctamente.

Estos días se celebra el aniversario de la creación de la insulina sintética, uno de los grandes logros de la medicina que  -una vez más- pasa desapercibido por la falta de preparación de la mayoría de los informadores y periodistas de éste país. Para obtenerla al estilo tradicional –de las glándulas del páncreas de animales de granja- hay que procesar 4000 kilos de glándulas para obtener medio kilo de insulina, a la que mucha gente era alérgica por proceder de otro animal. La insulina transgénica es exactamente igual a la humana. Fin de la cita.

No hace muchas días, el ocho de agosto, unos energúmenos quemaron aquí en Filipinas, una plantación de arroz dorado. La causa fue que el arroz dorado es transgénico y por lo tanto, para estos seres mononeuronados, peligroso.

En los años 80 varios gobiernos, entre ellos el filipino, pidieron a la comunidad científica la forma de paliar la ceguera infantil causada por la contumaz falta de la Vitamina A. Esta vitamina es conocida como retinol por su importantísima influencia en la salud de las retinas, pero también es importante en la formación de los dientes, tejidos blandos y óseos, membranas mucosas y piel. En muchos países asiáticos, los niños pasan de la leche materna a papillas de arroz, generalmente descascarillado, que si bien proporciona energía no aporta prácticamente nada de  Vitamina A. El brócoli, la calabaza, la zanahoria, las hortalizas de hoja verde, etc. son fuentes de beta caroteno, que es un estado previo de la vitamina A. La leche y los huevos la proporcionan directamente. Esto alimentos no se dan bien en ciertas parte de Asia o son demasiado caros para las gentes humildes que subsisten básicamente de arroz. La ciencia propuso que el arroz aportara beta caroteno en sus partes comestibles y se comenzó a trabajar sobre ello. Se llama Golden Rice, porque el arroz toma un tono amarillento, como pasa con la mayoría de los vegetales que son fuentes de beta caroteno, y fue creado por el Dr. Ingo Potrykus. Para 2005 se había desarrollado un cultivo capaz de suministrar 25 veces la vitamina A del original. Sin este arroz, unos 500.000 niños al año padecerán ceguera. La investigación se hizo gracias a las donaciones de patentes y estudios de las empresas comprometidas y se contuvo el precio en 2,5 millones de dólares. Nadie se lucra del arroz dorado. Los activistas anti-transgénicos quemaron la posibilidad de esos niños de no ser ciegos en el futuro. Greenpeace se ha manifestado en contra del arroz dorado, y lleva bloqueando su uso para los seres humanos más de diez años. la consecuencia es, y cito textualmente, que “Desde la invención del Arroz Dorado en 1998 entre cuatro y ocho millones de de niños han quedado ciegos, casi la mitad de los cuales ya han muerto. Sin duda, esto constituye "un gran sufrimiento o lesiones graves al cuerpo o la salud mental o física". Greenpeace sigue oponiéndose a estas pruebas de campo.” Esto lo dice hoy Patrick Moore, cofundador de Greenpeace que considera la actitud de la organización un crimen contra la humanidad. Recientemente la fundación Gates (si, la de Bill Gates y su esposa) están liderando las acciones para poder llevar a las personas, a los niños, este producto en 2015. Los ensayos que se llevan a cabo desde 2005 han demostrado la absoluta seguridad de este arroz para los humanos (algo que no se puede decir de los cultivos ecológicos): os remito a un post de J.M. Mulet. También es significativo que el principal opositor a los transgénicos, Mark Lynas, se haya desmarcado de la organización y ha publicado en rueda de prensa que toda su posición a los transgénicos se fundamentaba en “mitos urbanos”. cito:

1. “Supuse que (los transgénicos) aumentarían el uso de productos químicos. Resultó que para el algodón y el maíz se necesita menos insecticida”.

2. “Había asumido que los transgénicos sólo beneficiaban a las grandes empresas. Resultó que miles de millones de dólares en beneficios fueron obtenidos por pequeños agricultores”.

3. “Supuse que nadie quería transgénicos. En realidad ocurrió que el algodón Bt fue pirateado en la India y la soja en Brasil porque los agricultores estaban ansiosos por usarlos”.

4. “Asumí que los transgénicos eran peligrosos. Resultó que era más seguro y más preciso que el mejoramiento convencional mediante mutagénesis”.

No quiero extenderme más: Los aficionados han contribuido en muchos caso al desarrollo de la ciencia, como en el caso de la astronomía. En otros, se han limitado a prostituir ideas, bañándolas de mentiras y tapándolas con verdades a medias.

Opinar es sano, del debate nace la conclusión. Obstinarse en las ideas que la ciencia objetivamente demuestra equivocadas sólo es indicador de inmadurez. La ciencia nunca niega o afirma nada, simplemente lo duda y de la duda sale el conocimiento.

La razón siempre será más poderosa que la revelación.

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Written by aitztv

10 septiembre, 2013 a 6:19

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