Creo que lo se…

Lo que creo saber y cómo lo se…

Noche de pasión con Odette

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© J.M. Sánchez 2013Mediaba la tarde del jueves cuando, con la tarea del día ya encaminada, decidí acercarme al Palengke, que es como aquí se denomina al centro de la población. Tenía unas compras menores que hacer; eso de un bote de “Noescafé” para las noches de trabajo, algo de leche en polvo, la natural siempre se me estropea, y algo de edulcorante por aquello de la dieta. Jueves y domingos son días de mercado y aún a sabiendas de que no habría nada especial que ver, siempre están los puestos algo más animados que el resto de los días. Así pues, contento con mi café que no es café, mi leche que no es leche y mi azúcar que no es azúcar, decidí caminar un poco hasta  hasta el Coutry Inn, un precioso “spot” junto al mar donde me gusta tomar una cerveza y ver el atardecer dorado del mar norte de China. Y como me suele ocurrir, me senté en el pajar y me clavé la aguja.

© J.M. Sánchez 2013No había pasado mucho tiempo cuando noté que el mar se enojaba más de la cuenta. El mar aquí es manso y silencioso: a veces me recuerda a un gato. Sólo se manifiesta lo justo para que sepas que está ahí. Pero el jueves la cosa era distinta. Poco a poco vi aparecer los mechones blancos de espuma sembrando el mar de borreguitos. Utilizando mis escasos conocimientos sobre el tema (uno es patrón de yate , pero no ejerce) calculé que el viento iba pasando de cinco a diez nudos y poco después a quince y a veinte. Al mismo tiempo “fizo a noite em pleno día”, que diría el inimitable Lampinho, y la apacible tarde tomó un aspecto amenazador. Cuando vi que los camareros se afanaban en llevarse sillas y mesas al interior del resort me intranquilicé un poco: cuando vi que los camareros empezaban a clavar tablas de madera maciza en las ventanas con unos clavos de los que solo salen a la calle en semana santa decidí que era hora de marcharme de allí.

Tarde: era tarde.

© J.M. Sánchez 2013Cada vez que reclamaba un transporte era respondido con “here safe , Sir!” y una sonrisa filipina, de esas que vienen a decir “ahí te quedas”. Mientras, la lluvia comenzaba a caer con fuerza aterrizando sobre mi moviéndose con la velocidad de una espada de un lado a otro a merced de un viento que ya hacía difícil el mantenerse en pie. Ya conocía ese fenómeno y lo que se avecinaba no era halagüeño. Pregunté si se trataba de un tifón y la respuesta fue que no… que se trataba de un “Super Typhoon” que por razones desconocidas para mi había sido bautizado como Odette por las autoridades filipinas. Yo siempre había pensado que Odette era un diminutivo de Bernardette y por eso me preguntaba que hacia yo en mismísimo”cogno de la Bernardette” pero no: al parecer significa “tesoro”. Sigo sin entender la relación.

Me tuve que rendir a la fuerza de la evidencia y del viento y tomar una habitación. Era eso o que darme a la intemperie o iniciar una caminata de siete kilómetros a oscuras y en pleno huracán. Así pues a las ocho de la tarde estaba en mi habitación, sin cobertura de móvil, sin televisión y con un paquete hecho de papel de periódico bajo el brazo. Me vi reflejado en un espejo con aspecto de tener muchos años (¡el espejo!) y la figura mojada y deformada en la penumbra me recordó a uno de aquellos personajes torturados de las películas de Paco Martínez Soria. ¡En fin! Sólo podía dormir y es lo que hice.

© J.M. Sánchez 2013A la mañana siguiente la cosa, lejos de mejorar, había ido a peor. El mar era un película de escombros en movimiento y el viento tenía tal fuerza que hacía difícil mantener el equilibrio. Necesité dos horas para conseguir que una moto con sidecar, aquí se llama “trysiclo” me llevara hasta el trabajo, eso y pagar cinco veces el valor normal de la carrera. Evidentemente Odette había llegado antes que yo. El techo de la cabina de control era una laguna que desaguaba a través de las luces fluorescentes directamente sobre los equipos. El personal de producciones se afanaba en poner plásticos, desmontar aparatos y mover palanganas, todo a la vez. Mi estación de trabajo rezumaba agua por el ventilador, todos los equipos estaban desconectados porque  la pared era una pequeña catarata y podíamos escuchar como vibraban las tomas de luz por causa del agua que las cortocircuitaba una y otra vez. Y seguía lloviendo. Empezamos a movernos a oscuras, sólo con la ayuda de unas linternas que se perdían en la enormidad de la sala. La pintura de la pared se hinchaba en ampollas que iban bajando sin reventar hasta el mismísimo suelo. Daba la impresión de que al otro lado de la pared hubiera un fuerza inteligente tratando de entrar por la fuerza en nuestro refugio.

© J.M. Sánchez 2013Peleamos durante horas con el agua en una batalla perdida. No podíamos evitar que entrara, así que la canalizamos para que saliera haciendo el menor daño posible. Al final, un capricho del viento nos dio una tregua para recomponer nuestras filas. En medio de todo, un cliente nos llama para preguntar si está saliendo su comercial tal y como estaba programado…¡En fin! El cliente siempre tiene la razón y si no la tienen se le da… se le da una patada en el culo y que marche a freír espárragos: por fortuna cuando le explico la situación y le demuestro que no estamos para milagros decide dejarnos trabajar. Me llama una amiga y me pregunta si he cenado. Me doy cuenta de que es de noche de nuevo. No: No he cenado.

La gente como yo no cenamos, no conservamos nuestras familias y enfadamos a nuestros amigos porque hay otra gente que quiere ver la televisión esa noche. Es mi trabajo. Soy un “mediaman”, yo lo elegí. Como diría el Pirata de Espronceda: “…ni tormenta ni bonanza a torcer tu rumbo alcanza…”

Lo siento, Odette: Esta noche no.

 

 

*Todas las imágenes tienen copyright. Todo uso no autorizado será denunciado a la autoridad competente
© texto y fotos J.M. Sánchez 2013
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Written by aitztv

21 septiembre, 2013 a 15:10

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