Creo que lo se…

Lo que creo saber y cómo lo se…

Mummata

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Tengo frío. Supongo que es la consecuencia de haber escuchado las voces amigas que me decían que las soluciones no están en el fondo de las botellas. Con la ayuda de Benson he conseguido permanecer unos días sobrio, o medio sobrio si es que eso es posible. Envuelto en una manta intento soportar los temblores heredados de muchas noches de vino sin rosas. Las consecuencias son similares, aunque mucho menos románticas. Esta noche casi me apuntaría voluntario al electroshock aunque sólo fuera por hacer compañía a Jack Lemmon. Lo de las voces amigas me tiene un poco confundido: no lo entiendo. Según Benson las voces amigas son las que aparecen cuando ya no puedes escuchar ni entender a las voces interiores. Me preocupa que entre las voces amigas se me pueda colar alguna bastardía de difícil calificación. Los amigos de escabio son amigos o no lo son: suena raro pero es muy cierto. Vivir sin alcohol es como operarse sin anestesia. Todos necesitamos un punto de inhibición cuando las cosas se ponen feas.  Operarse sin duda reclama la anestesia; lo mismo pasa cuando lo que no os gusta es vivir. La anestesia de los  malditos viene embotellada.

Desde la otra mañana con Benson me debato en un mar de dudas. Cuando me dejé caer en los ojos de aquella muchacha no esperaba quedarme colgado del vacío. Vivo en una completa sensación de vértigo, como si estuviera cayendo hacia el centro de la tierra en un viaje infinito encerrado en un interminable retorno. Cuando le pregunté su nombre escuche una voz como el ronroneo de un gato:” Mummata”: ni tan siquiera se si es posible llamarse así, pero la musicalidad de ese conjunto de letras martillea en mi alma y en mi corazón ahora que se que son cosas diferentes. Desde que no la veo sólo quiero dormir. Es sueño es la muerte de los pobres, una muerte barata y asequible, como las tétricas habitaciones donde se esconden a veces los lamentos de los amantes.   Cuando no está conmigo quiero destruirme. No, no se trata de suicidarme, eso lo hace cualquier imbécil; busco la destrucción como será destruido el sol de los pecadores ese día del juicio final, evaporarme del mar y deshacerme en piezas maestras que nadie pueda volver a reunir jamás, llevándome por delante lo que he sido y lo que soy para no volver a ser jamás. Mi vida convertida en una enfermedad terminal custodiado por la antítesis del rey Midas, con las manos capaces de convertir en mierda todo lo que tocan. Benson me mira sereno, no tiene miedo. Es posible, me dice, amar a más de un persona a la vez: Se puede amar el cuerpo de un cuerpo y el alma de otro cuerpo, el intelecto de un tercero y hasta la sonrisa de uno más. Se puede amar el fuego en el fondo de los ojos, la fiebre en el alma y los rincones oscuros del corazón, donde las arañas cierran sus ocho ojos para ir a dormir. Se puede amar una cadera, un hombro, un pecho, un sexo… Si, se puede amar todo eso, pero no se puede tener todo a la vez. Se puede comprar un cuerpo, una voluntad, un discurso y un silencio, pero todo lo demás lo tienes que ganar. El dinero sólo es el lastre que te conduce al abismo y a la traición.

Me tiemblan las manos. No consigo tenerlas quietas el tiempo necesario para ver si hay algo en ellas. Vuelvo a sentir nauseas, pero ya no me queda nada que vomitar, ni física ni metafóricamente. La bilis del alma es mucho más amarga que la que puede producir el hígado. Es como tener que vomitar serrín, te destroza a su paso. Te recuerda que, de alguna manera, ya has perdido esta guerra. Me niego; me levanto y vuelvo a caer, me regodeo vergonzosamente en mis excrecencias, soy permeable a todos los tipos de ridículo. ¡Mummata! ¿Dónde estás? Quiero arrancarte el mal de los ojos, amputarte las mentiras, enuclear esa sombra que nos quiere separar agazapada como una criatura que te acecha detrás de la puerta. ¡Déjame verte el tiempo que sea capaz de soportar un ascua en la palma de la mano! Dame el plazo de un suspiro y en ese tiempo te lo diré todo, te lo contaré todo…

Oigo la lluvia estallar sobre el tejado metálico. El trópico empeñado una vez más en recordarnos lo poco que valemos nosotros y nuestros sufrimientos. Aún siento entre mis brazos su cuerpo perfecto, su aliento profundo, el sabor de su piel más oculta. Sus ojos encerraban una enciclopedia preñada de lecciones difíciles, imposibles de olvidar. Maravillosa creatura, eres mi sueño de cada día y de cada noche. Un beso lento. Sueño que estoy peleando, pero no veo a mi enemigo. Lanzo manotazos al aire y termino agotado, cansado de pelear contra mi sombra. Busco repuestas donde sólo hay preguntas.

El viento se levanta poderoso, como una pared invisible que quiere ocupar todo el espacio a la vez. Toma a la lluvia y la parcela en cortinas que abren y cierran laberintos que nadie va a interpretar jamás.

Benson me mira. Por primera vez, creo que he visto una lágrima centellear en sus ojos.

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Written by aitztv

19 noviembre, 2013 a 10:47

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