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Lo que creo saber y cómo lo se…

El oso guitarrista

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A veces me gusta calcular cosas. Es cierto; en ocasiones tomo papel y lápiz e imagino situaciones y hago los cálculos correspondientes. Lo hago porque tengo miedo a olvidar. No quisiera que los años en la universidad se transformen en un recuerdo vago, por eso calculo masas y aceleraciones, momentos de inercia y a veces, con mucho miedo, me atrevo con el movimiento relativo. Soy capaz de demostrar el teorema de Pitágoras y aplicar el coeficiente de rozamiento para las ruedas de un coche, 0,8  si la rueda es nueva o 0,6 con un uso medio. Cuando tomo un papel y comienzo a explicarme a mí mismo estas cosas, Benson me mira como si estuviera viendo a un oso intentando tocar la guitarra. “No es posible, Sire” suele decir en tono de profesor de filosofía intentando dar una lección de lógica. Pero –suelo preguntarle yo- ¿Y si el oso no tuviera garras?. “En ese caso,  la forma de sus patas no le permitiría pulsar la cuerda adecuada”. Pero –insisto- ¿Y si la forma de sus patas fuera la correcta? “Entonces, no sería un oso” remata él.

Recuerdo la historia de un amigo que tenía un enorme aprecio a un cuchillo de  monte que había heredado de su abuelo. Siempre lo llevaba en nuestras salidas al campo. Un día se partió la hoja, que no era de mucha calidad y él la mandó cambiar por una hoja de buen acero. Al cabo del tiempo se le cayó y partió el mango, que era de cuerno. Removió medio mundo hasta encontrar alguien que pudiera tallar uno igual, pero al final lo consiguió, y tremendamente orgulloso me lo mostró ya reparado. Benson estaba a mi lado y cuando le contamos la historia simplemente dijo: ”Entonces, ya no es el cuchillo de su abuelo. No queda nada de él ahí”.  Mi amigo nunca volvió a llevar aquel cuchillo con él en nuestras excursiones.

Le pregunté a Benson la necesidad de ser tan cruel con un sentimiento y él me dijo que era una cuestión matemática, que intentara resolverla jugando con ecuaciones, leyes y axiomas. Yo le respondí que la matemática y la física no están hechas para medir la intimidad de las personas, pero él me corrigió. “Sire”, –me dijo-. “Cuando un pastor cuenta sus ovejas podría hacerlo guardando tantas piedras como animales posea, sin embargo, las enumera: Lo único que hace es comparar dos colecciones; piedras y ovejas, o números en lugar de piedras. Usted hace lo mismo, compara mediante números y ecuaciones la leyes de la naturaleza porque usted no podría   mostrar a nadie de otro modo por qué un coche se sale del camino o la velocidad real de la pelota que lanza al aire un chico en el interior de una avión en vuelo”. Y ¿Qué tiene que ver eso con el cuchillo de mi amigo? -le dije-. “Simplemente que no es comparable” –me respondió- “ya que ambos cuchillo podrían coexistir en el mismo tiempo y lugar, y entonces su amigo olvidaría el cuchillo nuevo y tomaría de nuevo el original ¿Cambiará en algo la estructura de los cuchillos en virtud de cuál escoja su amigo como el verdadero?” No , claro que no, le respondo: Entonces ¿me dices que todo es circunstancial? “Tanto como que el oso que toque la guitarra deberá dejar de ser un oso”.

Ahora le entiendo. No podemos desear ser  lo que no somos porque para ello tendríamos que dejar de ser nosotros mismos.

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Written by aitztv

7 diciembre, 2013 a 4:56

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