Creo que lo se…

Lo que creo saber y cómo lo se…

Archive for mayo 2014

La noche que perdí una estrella entre tu pelo.

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Do you remember?Hacía tiempo que no me miraba en ningún camino. Me refiero a que cuando caminamos solemos mirarnos de forma inconsciente la punta de los pies, pero hoy he preferido ignorar lo obstáculos y mirar al cielo. He descubierto que cuando me siento triste las noches estrelladas llaman mi atención más de lo habitual. Hoy, la luna era tan solo una rodaja de noche iluminada mal colgada del firmamento, como si el encargado de la noche tuviera un cita importante y se hubiera  limitado a cumplir con el expediente de poner, más o menos, cada luminaria en su sitio. Mi camino estaba separado entre dos mundos tan distintos que resulta difícil pensar que están sobre la misma tierra. A un lado de mi cabeza estaba el mar, ronroneando como un gato recién comido; al otro la sierra madre despegaba agitando los enormes troncos de las palmeras como si pretendiera llamar mi atención. El cielo estrellado era el único punto de contacto entre dos universos convergentes y yo. Yo, si. Tan poca cosa entre tanta inmensidad, atreviéndome a criticar la luna invertida de la mecánica celeste. Se por qué me cautiva tanto la noche. Es porque soy miserablemente pequeño,  poco más que una semilla al pie de un bosque. Divago de forma absolutamente prescindible en números complicados que me permitan saber si la existe la probabilidad de que alguien este mirando exactamente ahora esa misma estrella que yo miro. La luna no me vale, está cubierta de miradas de amantes, pero esa estrella, esa luz mortecina que tal vez pertenezca al sol de un planeta ya extinto, esa estrella es mía. ¿Y si la estuvieras mirando, justo ahora, tu también? No puede existir mayor comunión que dos miradas al infinito confluyendo en un punto que solo tiene significado para ti y para mí. Sé que la matemática está en mi contra, pero déjame abrazar con fuerza esa posibilidad, ese secreto que únicamente nosotros conocemos. Desconozco el nombre de esa estrella. No sería difícil de descubrir pero no quiero hacerlo porque ya la he bautizado. Es tu estrella. Seguramente tiene un nombre precioso, tal vez un nombre árabe como tantas otras luminarias. Tal vez esconda su belleza tras un velo, como hace las mujeres en lejanas tierras, pero no es por ocultar su belleza de los ojos de los hombres: es porque los hombres no podrían resistir tanta perfección sin enloquecer. ¡Sí! Definitivamente es tu estrella. Inconscientemente tu nombre empieza a martillear mis oídos. Sé que no es cierto, que no oigo nada, que es la sangre que bulle en el interior de mi cuerpo lo que produce ese redoble que yo convierto en tu nombre, pero este conjunto de mentiras iluminadas por la luz evanescente de la noche poco a poco van dando cuerpo a una visión. Sé que estas en ese rizo de aire que caracolea a mi alrededor, que me toca aquí y allá… Aun no te veo, pero solo necesito un poco mas de tiempo para que mi mente reclusa construya tu realidad a base de retazos de mis delirios. Ahora incluso te puedo oler. Más correcto sería decir que puedo ver tu perfume, porque en el aire solo discuten los aromas arrojados por el mar y la vegetación húmeda que viene arrastrándose desde el bosque. Es cierto, veo una pieza de seda flotando que es la esencia de los aromas. Es un poco de vainilla con un golpe cítrico tan leve como persistente y –sobre ella- florecen chispas que recuerdan a las violetas silvestres, con ese olor a fruta madura que embriaga hasta marearme. Hay más. Si… Tras la seda está definitivamente el mar, donde se reflejan retorcidas todas las estrellas. Incluso aquellas que no veré jamás. Todo mi universo eres tú… Y ahora te estás disipando de nuevo en tus partículas elementales, aquellas cuya ciencia dice que haga lo que haga, estas muy lejos de mí… aunque la distancia no sea el problema.

De nuevo estamos solos el camino y yo. Me cuesta dar un paso más. Temo dejarte atrás y no ser capaz de volver a verte de nuevo. Tal vez algún día, cuando se seque definitivamente el mar de mis ojos y la sangre tome su lugar, esté preparado para olvidarte, pero esta noche… Esta noche miro hacia atrás de reojo. Por si acaso.

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Written by aitztv

31 mayo, 2014 at 23:17

En la oscuridad.

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MorshalinLa mirada de Benson es como un cuchillo al rojo vivo. Te corta, te penetra, te perpetra saliendo indemne de la acción mientras tú te retuerces en el suelo abrazándote con fuerza para evitar que se te desparramen por el suelo las entrañas. Benson siempre aparece cuando mi estado de ánimo decae o se corrompe. Es como mi sombra a mediodía, tan cerca, tan pegado a mí que no puedo verla hasta que a la luz de la tarde las sombras se estiran sobre el asfalto caliente, aun mordido por el aliento cálido de un sol que se desvanece. ¿Para que preguntar si mi cara es una respuesta? Sé que hoy, hace días, mi semblante esta tan desnudo que casi es obsceno mirarme a la cara; incluso el espejo borraría mi rostro si le fuera posible. Por fortuna la organización del mundo es tan clara que no le permite ningún devaneo fuera de las fronteras de la realidad que le abraza.
Benson siempre sabe todo lo que hay que saber. Tampoco es difícil saberlo. El conoce mi poco sana costumbre de exponerme demasiado, de ofrecer al filo de la tijera las fibras más tiernas de mi corazón enfermo, arriesgándome que ocurra lo que siempre ocurre. Cada vez que la tijera cierra su abrazo alguna de esas fibras salta como una cuerda de piano. A cámara lenta veríamos como se libera y retuerce en el aire como las manos de una bailarina, trazando estrías imposibles mientras suena una nota postrera, similar al aroma de la rosa que se deja morir al calor de las manos de un amante. ¿Dónde he mirado esta vez? ¡Donde siempre! Directamente a los ojos del abismo. Benson piensa que, para mí, esparcir mi interior sobre una mesa de autopsias es como el opio para otras personas. Creer que me gusta que me recorten, suturen y vuelvan a recortar por el mero placer de sobrevivir a ello. No consigo hacerle ver que es un camino, casi una religión, con todo lo absurdo que eso suena. Me gusta ponerme de puntillas en el borde del precipicio, cerrar los ojos y confiar en que el aire que viene de frente sea suficiente para no dejarme caer. Siento el vértigo, las nauseas me dominan y percibo en mi boca el sabor ácido del vomito que intento controlar. ¿Dónde he mirado esta vez? Donde no debía de haber mirado nunca. Me convencí de que era posible apartar la cortina de sus parpados para fundirme en el océano de sus pupilas, cercadas de aquellos brillos del color del brandy. ¡Era tan tentador! Sus labios eran corales, su aliento era el viento del sur y su voz seda mecida por la brisa del mar. Las caricias eran poesía cuando sus manos se movían alrededor de mí como mariposas en cortejo. Y después… La distancia. Esa nada que no existe, la frontera invisible, el filo de la espada.
Se acerca un nuevo amanecer. No es la primera vez que siento que todo tiene que volver a ocurrir por primera vez. Todo lo que paso a su lado ha de suceder de nuevo en su ausencia. ¿Volverá? No. Nunca vuelve la misma persona que se ha ido. Vuelve su remedo, su copia imperfecta, estoy seguro. Pero aun así, estoy dispuesto a captar la impostura, las caricias y la música de su voz. Eso si: Nunca miraré de nuevo a sus ojos.

Written by aitztv

26 mayo, 2014 at 21:24