Creo que lo se…

Lo que creo saber y cómo lo se…

La herencia.

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Durante la guerra muchos intelectuales huyeron, pero mi abuelo, en coherencia con su profesión de periodista decidió quedarse. Se escondió tras un seudónimo, pero antes o después era inevitable que fuera descubierto. Cuando supo que venían a por él me llamó y me hizo acompañarle a su despacho. Abrió un cajón y sacó una caja de puros que puso sobre la mesa entre él y yo. Me hablo muy despacio, con la serenidad propia del que tiene asumido su destino.
– La muerte — querido nieto— nunca nos mata del todo si vivimos en los recuerdos de los demás. En esta caja —puso la mano sobre la noble madera tallada— tengo mis armas. No me queda munición para defenderme ni para acabar con mis enemigos, pero quiero que tú las tengas, las cargues y hagas buen uso de ellas.
Poco después unos hombres llegaron a casa y se lo llevaron: Nunca volví a verle. Supongo que yace en alguna cuneta, como otros tantos que desparecieron ese mismo día.
Pasaron semanas antes de que me atreviera a abrir la caja porque siempre me han aterrado las armas. Cuando lo hice, encontré dentro una hoja en blanco, una pluma y un tintero vacío

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Written by aitztv

9 noviembre, 2014 a 10:14

Publicado en Literatura, Prosa, Romanticismo

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