Creo que lo se…

Lo que creo saber y cómo lo se…

Quince de diciembre.

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Loscafe1 días pasan lentos, arrastrando cada uno su mortaja cuando el sol se oculta. Pero tú sigues ahí, fiel a los recuerdos y al amor de tu vida. Él se fue, no tenía más remedio. Tú sabías que se había olvidado de ti hacía años, muchos años. Que ya no te pertenecía. ¡Qué duro fue sentarte a su lado y sentir como no eras nadie para él, poco más que un bulto incómodo con el que compartir el asiento! No se despidió. Ayer estaba contigo y hoy ya no está. Se ha marchado llevándose las pequeñas esperanzas que tú guardabas en un rincón secreto de tu corazón. Cierto que sabías que no era tuyo, que no tenía dueño, que no era de nadie, pero al menos sabías que estaba cerca de ti, sentías su presencia y te enamorabas cada día un poco más. Pero era inútil. Aunque te cruzaras a propósito con su vista, eras transparente para él.

Tal vez en el fondo sea mejor. Sabes que nunca va a volver. Ya no tienes que sufrir por la duda. La realidad es cruda, muy cierto… pero inmutable.

Te sientas frente al espejo con la intención de mortificarte un poco más. Te sientes culpable de pretender olvidarlo. Se ha marchado y se lo ha llevado todo, todo excepto los recuerdos que duelen, los que te arañan el corazón y se ensañan con tus pobres sentimientos. ¡Ay, María! —te compadeces— ¿Cuando perdiste la luz de tus ojos, aquella que rivalizaba con el mar? ¿Dónde está aquella mirada del color de las mareas que paralizaba a los hombres que se perdían en tus ojos? Él también se la llevó. Te preguntas por qué si está tan lejos, todo es aún tan suyo, por qué todo huele a él, sabe a él… Por qué todo suena como sonaba él. No necesitabas verle para saber que estaba cerca… ¡Lo presentías!… Aunque él te ignorara totalmente.

El día se ha rendido. Todos los atardeceres lo hace. Se abandona a la suerte de la noche. Como tú.

Al amanecer alguien llama a tu puerta. Te cuesta acudir. El vacío es más difícil de cruzar que el propio infierno. Es tan denso, tan desolador… Al acercarte a la puerta ves que alguien ha deslizado una carta por debajo. Abres pero no ves a nadie. El sobre ha quedado boca abajo sobre el suelo. Lo tomas y le das la vuelta. Sientes un chispazo en todo el cuerpo. ¡Es su letra! ¡La reconocerías entre miles! Al mover el aire te llega su perfume, o al menos eso quieres creer. Tal vez es una ilusión, pero para ti es tan real como tu misma existencia. Te pones nerviosa, quieres leerla y a la vez sientes pánico. Estás confusa. Decides hacer las cosas con tranquilidad. Vas a la cocina y te preparas un café. Veamos: El agua a punto de hervir, dos cucharadas generosas de café molido, una puntita de achicoria… ¡Perfecto! Ni leche ni azúcar, pero eso sí: hay que darle vueltas con una cucharilla porque —como le oías decir a él— “no sabe igual si no lo mueves”

Tomas el sobre, lo acaricias mientras piensas que una vez su piel estuvo en contacto con ese papel. Sabes que al abrirlo escapará su aliento allí contenido, que nunca habrá una segunda vez, pero ¿Qué esperabas? No hay paz para los abandonados. Dejas que tus ojos disfruten de su letra, algo redonda para ser de un hombre, pero es que él tenía ese lado tan femenino en ocasiones, tan dulce. Te decides a leer la carta. Te tiemblan las manos y te dices a ti misma “¡Qué tonta!” mientras una risa nerviosa se va alternando con las lágrimas. Las dos primeras palabras te destrozan, te retuercen el ánimo como si fuera un olivo. “Querida María”. ¿Es posible? —Te sorprendes—  ¿Querida María?. Si María, ¡sí! Es a ti a quien están dirigidas esas palabras tan simples y tan profundas a la vez. Sigues leyendo.

“Esta carta no te la escribo yo. Al menos estoy seguro de que no sé quién soy ahora mismo —cuando  tú has abierto este sobre— ni dónde estaré. Le pedí a un amigo que te la hiciera llegar si se daban las circunstancias, y parece que así ha sido.

He querido hacer mi propia máquina del tiempo, por eso esta carta es mi despedida, aunque ahora mismo te esté viendo frente a mí. Sé que esta noche te abrazarás a mí, como todas las noches desde que nos conocimos, cuando pensábamos que necesitaríamos media vida para recordar cada instante compartido, cada beso y cada caricia. Era solo un sueño, una fantasía que se acaba de quebrar, porque ahora mismo –mientras  te veo— estoy comenzando a olvidarte. Cada vez tengo menos de ti y menos de mí. Sabes que una mañana te miraré a la cara y no sabré quien eres nunca más. Por eso quiero dejar claro de una vez por todas que te quise, te quiero y te querré. Por desgracia no puedo decir que nunca te olvidaré, porque ya lo estoy haciendo y te juro que olvidarte es más castigo que morir. Me aterra la idea de que la muerte no reverdezca los recuerdos. De tener que pasar la eternidad sin saber de ti. Tal vez sea ese mi infierno particular; vivir en el permanente olvido.

Eres la mujer de mi vida. Es tan simple como tu nombre: María. El nombre que suena a música en mis oídos, pero llegará un momento en el que no lo pronuncie nunca más.

Me voy, me estoy yendo ya, poco a poco. Quiero pedirte perdón por haber amargado tu vida, por no poder cumplir nuestros sueños, por todo lo que te haya hecho y por todo lo que te voy a hacer sufrir.

Perdóname Amor mío.

No puedo dejar de quererte

¡Pobre María! Tú que has llorado hasta secar el mar de tus ojos, hasta pensar que ya no te quedaban lágrimas, y ahora dos hilos de amargura corren por tus mejillas. Las últimas lágrimas, las que queman como ácido, las que son el equivalente a vomitar bilis cuando ya no queda nada que vomitar.

Miras su firma, ensortijada como los zarcillos de los guisantes de olor que plantabas cada año en tu jardín. Conoces cada curva de su rúbrica como él conocía cada curva de tu cuerpo.

Y ahora es cuando te fijas en la fecha. Quince de diciembre. Recuerdas un día gris de lluvia mansa, cuando él llegó a casa y te dijo que tenía que contarte algo. Venía del médico.

Le habían diagnosticado Alzheimer.

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Written by aitztv

15 diciembre, 2014 a 19:26

2 comentarios

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  1. Que bonito. Me ha dejado un nudo ese final.

    Jhon Barcasnegras

    16 diciembre, 2014 at 14:32


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