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Archive for enero 2015

Pieza en forma de chiste con gato

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Su gato: El rey de la casa. Marta tenía auténtica devoción por aquel siamés caprichoso y protestón con el que compartía su vida. Desde que se quedó viuda se había alejado de la gente. Ya no frecuentaba amigos ni familiares, salvo en las ocasiones importantes, que dada su edad ya eran casi siempre funerales. No salía ni iba de vacaciones. No quería dejar solo a su pequeño. Ella suponía que le recordaba a su difunto, siempre silencioso y con un gesto entre malhumorado y distraído. En ocasiones, Marta soñaba con su esposo y —en esos sueños—  su marido era a veces él mismo y otras el gato. Se ruborizaba pensando en el significado de ese sueño.

Una tarde ocurrió algo mágico.

¡Marta! —una voz majestuosa la sacó de su labor de punto—

– ¿Es a mí? —Preguntó mientras se daba cuenta de lo absurdo de esa pregunta—

– Sé que estás muy sola… ¿Qué puedo hacer para alegrarte la vida?

Marta estaba a medio camino entre el terror y la curiosidad, pero la oferta era generosa y —a fin de cuentas— no le pedían nada a cambio.

– ¿Puedes convertir a mi gato en un príncipe? Uno de los de los cuentos, con capa, espada y palacio…

 

¡Hecho!

Frente a ella, con rebufo de humo de colores, su querido siamés trocó en príncipe. Media capa mechada de armiños colgaba desde sus rectos hombros hasta la cintura y unas calzas cubrían sus piernas hasta terminar en unos zapatos de piel de cabritilla que lucían enormes hebillas doradas. La tez era clara y el cabello de un color rubio ceniza colgaba en media melena bajo la cual dos ojos verdes intensos —esos eran del gato, sin duda— la atravesaban sin piedad.

Marta creyó enloquecer de felicidad. Se inhibió de todo y dispuesta a terminar con aquellos áridos años vacíos de pasión se apretó contra su príncipe sin ninguna vergüenza, Pero él no reaccionaba. Al contrario; comenzó a reír a carcajadas.

– Verás —le dijo cuando la risa le dejó respirar— ¡Ahora te vas acordar de la operación aquella que me hiciste cuando era gato!

 

Written by aitztv

23 enero, 2015 at 17:05

Publicado en Prosa, reto

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Tres Reyes y una madre

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Baltasar abrió la carta de Juan y Luisita y se llevo una enorme sorpresa: Juliana, la madre de ambos, había colado una nota personal y manuscrita a su atención. Cuando terminó de leerla, tras unos minutos de reflexión, llamó a sus compañeros y les pidió su parecer. La carta decía así:

Estimado compañero Baltasar:
Lamento no poder tratarle de Majestad, pero para mí la monarquía es una institución anacrónica que ya debería de haber sido sustituida por un modelo de gobierno más actual. Pero de todos modos no le escribo por eso.
Yo soy una madre preocupada por sus hijos a quienes doy –como debe ser- lo que considero mejor para ellos. Les he acostumbrado a la dieta vegana, porque no quiero que comiendo carne contribuyan al sufrimiento de los pobrecitos animales. También les he educado en el reciclaje. En esta casa no entra nada que no pueda ser utilizado al menos un par de veces, además me encargo personalmente de que lo que no se puede reciclar no produzca residuos peligrosos para el medio ambiente. En mi casa todo ha de ser natural, sin “químicos” de esos que tanto perjudican la salud de todos, aunque hay algunos que se las dan de científicos o de escépticos y que no entienden el peligro que corremos todos los días por los productos de laboratorio que nos meten en las comidas. Tampoco quiero que mis hijos se eduquen en los roles preestablecidos por el sistema, ya sabe. Si es chica, muñeca, si es chico Bbalón. ¡Ni hablar! Los juguetes deben ser unisex, que es lo correcto. Respecto al racismo, ya se puede imaginar usted por qué mis hijos han elegido –solidariamente aconsejados por mí- el rey de color, vamos, el negro; usted. 
Esto que yo llevo a rajatabla todo el año queda destruido por ustedes cada noche de Reyes, porque –con la excusa de que son buenos chicos y buenos estudiantes- ustedes les traen todo lo que piden. ¿Qué van a saber ellos lo que les conviene? ¿Cómo se fían ustedes del criterio de unos niños de nueve y once años? ¿Qué saben ellos qué es bueno y qué no lo es? Están ustedes inmiscuyéndose en la educación de mis hijos. No lo voy a consentir más.
Confío en que este año presten atención a los que les he contado y no a los deseos de unos mocosos que no saben lo que les conviene. Así pues, en lugar de lo que hayan pedido, van ustedes a traer algo útil, reciclable, que no subestime a los de otro color – vamos, a los negros como usted- y que además sea algo natural (nada de plásticos ni cosas parecidas), respetuoso con el medio ambiente y no deje residuos perjudiciales cuando ya no sirva para nada.
Saludos.
Juliana”

Baltasar levantó la mirada hacia sus compañeros.

– ¿Tenemos algo de eso? –Preguntó en voz baja-
– No podemos ignorar los deseos de una madre –dijo Melchor, contrariado-
– Creo que tengo la solución –añadió Gaspar con una sombra de pena en la mirada- Tenemos que aplicar la Solución Final.

Melchor y Baltasar respingaron, pero se dieron cuenta de que no podían hacer otra cosa.
Ese año los Reyes Magos -muy a su pesar- Llenaron con carbón los zapatos de Juan y de Luisita

 

Written by aitztv

6 enero, 2015 at 14:55

Publicado en Literatura, Prosa, relato, reto, Viajes