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¿La “Guerra del crimen”?

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Hace tiempo que me ronda una idea por la cabeza y si no suelo hablar de ella es por el temor, más que infundado, de que me faltan los recursos intelectuales para ser claro en el asunto. Claro que por otro lado pienso que hay muchas cosas que no sé hacer pero que puedo evaluar: No soy experto cocinero, pero sé si me gusta un plato o no. Tampoco mis habilidades con la aguja me permitirán jamás quitar la plaza a ningún modisto mediático, ni tampoco a una humilde “pantalonera” como fueron algunas tías mías, pero creo que soy capaz de distinguir cuando una prenda le queda como “un tiro” a mi desordenado cuerpo. Es decir; soy un ciudadano como la mayoría, capacitado para ver “lo que no es” aun cuando no sepa que hacer para que “sea”. Partiendo de éste principio me atrevo a criticar una de las cosas que siempre se han hecho bien en este país. Me refiero al doblaje. Antes de continuar debo aclarar que este ignorante hizo sus pinitos en ese mundo y algo de conocimiento tengo. No se trata de criticar ni la técnica ni el arte. Tenemos unas voces maravillosas y unos actores de doblaje a los que muchos “oscarizados” extranjeros deben gran parte de su éxito. Es tal su significado que si nos cambian la voz de un determinado actor o actriz lo notamos al momento. Y en general… No nos gusta. ¡Qué seria de Roger Moore (James Bond) sin Constantino Romero? ¿Nos imaginamos al Dr. House (Luis Porcar) con otra voz? ¿Sabemos que el célebre “Señor Cuesta”(José Luis Gil) es la voz de Hugh Grant, entre otros muchos? La verdad es que debemos infinitos minutos de entretenimiento y de buen cine (a mi me gustan las películas dobladas, es mi opinión y mi derecho) a muchos desconocidos que no son, como opinan algunos, parásitos del séptimo Arte, sino actores y actrices con mayúsculas. Aunque algunos sólo se dediquen a la locución y al doblaje, la mayoría son habituales del teatro y tienen una sólida formación artística. Ya he mencionado a José Luis Gil, pero no quiero dejar en el tintero a Jesús Puente, a Lola Herrera, al inolvidable Antolín García… Muchos y muy buenos artistas. Recordemos que su profesión es “Actor de Doblaje” y es en la palabra “Actor” en la que me gusta hacer énfasis.
Doblar una obra es una labor compleja que tiene sus niveles de dificultad según sea su origen. Cuando más sencillo se plantea es cuando el origen es tu propia lengua. Doblar sobre Castellano es lo primero que aprendes cuando te inicias en la técnica. Los gestos de voz, los acentos y las pausas son bastante evidentes, además de ahorrarte gastos ya que no se necesita traducción ni ajuste (en la mayoría de los casos). Cuando la obra esta en otro idioma deben intervenir al menos dos personas más. Alguien tiene que traducir el texto, pero eso sólo no es suficiente. Aunque el texto proporcionado por el traductor sea exacto en tiempo al discurso del actor (se dice “texto en boca”) enseguida nos damos cuenta de que algo falla. Hay lugares donde se hace así (fue común en doblajes al castellano que venían de América) y todos recordamos aquellas frases como “¡Caray Jim!… ¡Qué bueno que viniste!” que siempre era la misma independientemente de los gestos de boca del actor. En mis tiempos de estudiante cuando alguien fallaba en todo excepto en encajar el tiempo, es decir empezaba a hablar con el actor y terminaba a la vez que él sin más artificios, decíamos que el “Take” (la toma) estaba “frito”. Hace falta algo más para que la toma sea buena.
El “take” era en mis tiempos la unidad de trabajo del actor de doblaje. Se resumía en 20 segundos o cinco líneas, aunque es una barrera bastante difusa para una interpretación. Cobrabas o te citaban por Takes. En mis tiempos de estudiante compartíamos el atril y el guión, todos armados de lápiz y goma de borrar. Estábamos atentos a nuestras “bocas” (en realidad la boca de nuestro actor) llenando los papeles de flechas, culebrillas, palotes, líneas y demás elementos gráficos que pudieran traducir a voz la expresión de una emoción, la intensidad de un silencio o la intimidad de un suspiro. La emoción de ver tu serie favorita con tu voz en uno de los personajes es algo mágico. No eres tú. Casi te parece que has vendido el alma al Diablo y te has reencarnado en otra persona. Pero todo esto es imposible si tu “take” está “frito”, así que se hace imprescindible la participación del “ajustador”. Ajustar un take equivale a que, además del tiempo exacto, las vocales abiertas coincidan con la boca abierta del actor, lo mismo que las oclusivas, labiales, etc. deben coincidir con el gesto correspondiente en el interprete en pantalla. Es una labor tediosa y difícil. No es raro el concurso de un espejo para ver como es “gestualmente” una palabra determinada. Por ejemplo: En la mayoría de los países, Frederic Joseph. Flintstone es simplemente “Fred” Sin embargo aquí llegó una versión doblada en América, en la que todos los nombres se habían traducido o al menos “castellanizado”. Por alguna razón decidieron que Fred tenía que ser traducido, así que lo más similar que el ajustador de turno encontró fue “Pedro”. Haced la prueba frente a un espejo y mirad lo similar del gesto al pronunciar “Fred” y al pronunciar “Pedro”. Así pues, un take pasa por un traductor, un ajustador, un director de doblaje, un actor de doblaje (o varios) y finalmente, antes de salir al público, por un control de calidad. ¿Por qué entonces cada día se producen más errores? No hablo de fallos de dicción, ajuste o interpretación. En ese aspecto seguimos gozando de una salud proverbial. Hablo de los contenidos. He visto (vale, los he oído) errores graves en películas, algunas de gran consumo, pero lo que más me duele son los errores en los documentales, porque un material que se considera formativo, queda desacreditado cuando se incrusta en su contenido un error de bulto. Intento recordar algunos ejemplos: En este repaso os ruego que penséis cómo “suena” lo escrito, no os fijéis tanto en las letras como en los sonidos.
Comienza la película “2010”. La voz del Narrador nos pone en situación, leyendo unos mensajes telegráficos de lo que está ocurriendo en “10”. Es curioso que un lugar se llame “10”, tan curioso como que se trata de un error. Si nos fijamos, el narrador lee lo que va apareciendo en pantalla como si se tratara de la entrada de texto de un descodificador de aeropuerto… Pero nunca pone “10” Pone “IO”, es decir dos vocales y no dos números. IO es una de las lunas “Galileanas” de Júpiter, junto con Europa, Calisto y Ganímedes. Sin embargo el narrador en toda la presentación hace alusión a “10”. ¿Nadie se dio cuenta? No. No es un error de doblaje. Es un error de cultura general. Repasemos otro ejemplo de ficción. En un capítulo de la serie Star Gate SG1 la actriz Amanda Tapping (Samantha Carter) hace una mención al “arsenal”, palabra cuyo significado es:
1.- Establecimiento militar o particular en que se construyen, reparan y conservan las embarcaciones, y se guardan los pertrechos y géneros necesarios para equiparlas.
2.- Depósito o almacén general de armas y otros efectos de guerra.
3.- Conjunto o depósito de noticias, datos, etc
Paloma Escola (espero no equivocarme) pronunció la palabra a la “inglesa”, poniendo el acento en la primera sílaba. Es decir; “Ársenal” como si habláramos del célebre equipo de fútbol británico que pese a haber ganado 13 ligas inglesas aun no es un equipo de “ciencia ficción”. ¿Nadie se dio cuenta antes?
A veces los errores se suman en una misma producción. Recuerdo que en un documental se hace mención a un “ordenador de gráficos de silicona” ¿Sabéis que es? Yo tampoco. Ni yo ni nadie porque simplemente no existen los “ordenadores de gráficos de silicona” No se trata de que los gráficos de silicona se ordenen solos, sino de que se refiere a ordenadores fabricados por la empresa Silicon Graphics International antes Silicon Graphics Inc. Los monoplazas de fórmula uno no llevaban “ruedas de fuego y piedra”. Llevaban neumáticos Firestone. Creo que en el mismo documental escuché como los rusos habían lanzado un “cohete de protones”. ¡Vaya con los rusos! Los demás quemando combustible sólido como locos y ellos impulsados por protones… No saques el champán que no hay cohetes de protones que valgan. Existe el cohete Protón (Протóн) ruso, que aunque nació en la guerra fría para ser vector de armamento nuclear, afortunadamente, no tuvo ocasión de demostrar su utilidad. Si lo ha hecho y “cum laude” como cohete espacial no tripulado en tiempos de paz. De nuevo traductor, locutor y control de calidad… despistados. Pero aun hay más. Los errores mencionados pueden ser (lo son) causados por el desconocimiento sobre lo que se habla. Otro asunto es, cuando hablamos de ignorancia total. En el mismo documental se ve la imagen de un astronauta que pierde un guante y la locución dice “La pérdida de un globo…” ¿De un globo? Pensemos… ¿Cómo se dice guante en inglés? Claro… se dice “glove” y el traductor tiró por la calle de en medio. Glove = globo… Y si se escribe “trompeta” suena “tarariiiiii”.
Pero volvamos el inicio de todo esto. El canal temático “Historia” emitió recientemente un documental, magnífico a mi entender, sobre Galípoli. Si quieres tener amigos australianos y/o neozelandeses, créeme, no les saques el tema. Allí junto a franceses y británicos recibieron una brutal paliza que se saldó con decenas de miles de muertos entre los que los oceánicos tenían alistada una buena parte de su juventud. El General otomano Atatürk labró allí su leyenda, desgraciadamente combatiendo del lado de los alemanes. Pero a lo que vamos. Durante la intervención de un experto, la voz del locutor se superpone a la del mismo para traducir lo que nos cuenta y entonces, es cuando nos habla de la “Guerra del Crimen”. Me sonó fatal. Poniendo un poco de atención, uno descubre que el experto hablaba de la “Guerra de Crimea” donde la Rusia Imperial y zarista quiso hacerse con la península de Crimea. No saber Quién combatió entonces o el resultado de la misma no tiene mayor importancia. Lo grave es ni siquiera saber que existió.
No estamos faltos de profesionales del doblaje. Los hay y muy buenos. Para mi se trata de una de las profesiones más admirables y sus artífices están casi siempre a la sombra de los grandes oropeles de las producciones. Pero eso no me hace apartar la vista de que hay otro gran problema que asoma a través de estos errores que están ciertamente magnificados por ser tan públicos. Estamos perdiendo el fondo de armario educativo. No dominar el idioma nos obliga a memorizar. Nos faltan conocimientos, nos faltan sinónimos y nos falta educación. Vuelvo a mi justificación inicial para decir que una vez más detecto el problema pero desconozco la solución. Cierto es que los que tenemos cierta edad mucho de los que sabemos lo aprendimos a través de sistema del “jarabe de palo” que se estilaba antes. Pero no podemos avanzar hacia la creación de personas que son analfabetos funcionales. Personas que saben leer y escribir, personas que pueden trabajar bien, pero personas que tienen por libro la televisión y por informativo un “reality”. Traducir Crimea por crimen equivale a no saber historia, no saber geografía y peor aun; no tener ninguna intención de aprender. Y una vez más… traductor, actor, control de calidad…Nadie se molesta en corregir el error. ¿O nadie sabe cómo?

Written by aitztv

3 marzo, 2011 at 15:00

Publicado en Cine, Doblaje, Historia

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