Creo que lo se…

Lo que creo saber y cómo lo se…

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El infiel

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flormarchita¿Sabes? Hoy… Bueno hoy he hecho algo que no ha estado bien. No, no te enfades… Déjame explicarme, por favor.
Sé que te prometí… lo que te prometí y -de verdad- que pensaba que iba a ser fácil, pero… ella no es mejor que tú, no: no lo es. Pero tú estás tan alejada de mí que yo… yo necesitaba algo de cariño. No te asustes no ha pasado nada, al menos nada irreparable, pero he descubierto que busco su presencia cuando tomo un café por las mañanas.
Me ha costado reconocerlo, pero debo confesar que he ajustado la hora de mi desayuno para coincidir con ella, que inicio conversaciones para llamar su atención y que hasta una vez le he preguntado la hora sólo por escuchar su voz. ¿Es eso amor? No lo sé. Yo no he conocido más amor que el tuyo. Nadie me podrá dar lo que tú me has dado ni cuidarme cómo me has cuidado… Sé cuánto sacrificaste cuando entré en tu vida: Tu trabajo, tu carrera… Todo en definitiva. Si no fuera por ti, nunca hubiera terminado mis estudios. Era muy duro ver a todos mis amigos gastarse el sueldo con sus novias en fiestas y diversiones, pero tú me decías “eso ya llegará” y tenías razón. Pero todo eso ha cambiado.
Hemos vivido juntos más de cincuenta años. Reconozco que he sido muy feliz contigo y te echo muchísimo de menos. Recuerdo que aquí mismo, al pie de tu lápida, te prometí que nunca, nunca, entraría otra mujer en mi vida… Pero creo que no voy a poder cumplir mi promesa. No va a ocupar tu lugar: no puede, nadie puede ocupar ese rincón de mi corazón. Pero quiero que sepas que la necesito casi tanto como te necesitaba a ti cuando aún estabas conmigo. Créeme, no quiero herirte, pero necesito saber que me permites terminar mis días su lado. Si no… Solo me quedará pedirte perdón, porque quiero estar con ella y no puedo cerrar mi corazón a un deseo tan nítido, puro e intenso como este. Sé que lo entiendes… Así que -como decía aquella canción que tanto te gustaba: …“O me llevo a esa mujer, o entre los tres nos organizamos… si puede ser”…
¿Qué me dices? ¿Te parece bien, Mamá?

Written by aitztv

3 febrero, 2015 at 14:19

Publicado en Poesía, Prosa, relato, reto, Romanticismo

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Quince de diciembre.

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Loscafe1 días pasan lentos, arrastrando cada uno su mortaja cuando el sol se oculta. Pero tú sigues ahí, fiel a los recuerdos y al amor de tu vida. Él se fue, no tenía más remedio. Tú sabías que se había olvidado de ti hacía años, muchos años. Que ya no te pertenecía. ¡Qué duro fue sentarte a su lado y sentir como no eras nadie para él, poco más que un bulto incómodo con el que compartir el asiento! No se despidió. Ayer estaba contigo y hoy ya no está. Se ha marchado llevándose las pequeñas esperanzas que tú guardabas en un rincón secreto de tu corazón. Cierto que sabías que no era tuyo, que no tenía dueño, que no era de nadie, pero al menos sabías que estaba cerca de ti, sentías su presencia y te enamorabas cada día un poco más. Pero era inútil. Aunque te cruzaras a propósito con su vista, eras transparente para él.

Tal vez en el fondo sea mejor. Sabes que nunca va a volver. Ya no tienes que sufrir por la duda. La realidad es cruda, muy cierto… pero inmutable.

Te sientas frente al espejo con la intención de mortificarte un poco más. Te sientes culpable de pretender olvidarlo. Se ha marchado y se lo ha llevado todo, todo excepto los recuerdos que duelen, los que te arañan el corazón y se ensañan con tus pobres sentimientos. ¡Ay, María! —te compadeces— ¿Cuando perdiste la luz de tus ojos, aquella que rivalizaba con el mar? ¿Dónde está aquella mirada del color de las mareas que paralizaba a los hombres que se perdían en tus ojos? Él también se la llevó. Te preguntas por qué si está tan lejos, todo es aún tan suyo, por qué todo huele a él, sabe a él… Por qué todo suena como sonaba él. No necesitabas verle para saber que estaba cerca… ¡Lo presentías!… Aunque él te ignorara totalmente.

El día se ha rendido. Todos los atardeceres lo hace. Se abandona a la suerte de la noche. Como tú.

Al amanecer alguien llama a tu puerta. Te cuesta acudir. El vacío es más difícil de cruzar que el propio infierno. Es tan denso, tan desolador… Al acercarte a la puerta ves que alguien ha deslizado una carta por debajo. Abres pero no ves a nadie. El sobre ha quedado boca abajo sobre el suelo. Lo tomas y le das la vuelta. Sientes un chispazo en todo el cuerpo. ¡Es su letra! ¡La reconocerías entre miles! Al mover el aire te llega su perfume, o al menos eso quieres creer. Tal vez es una ilusión, pero para ti es tan real como tu misma existencia. Te pones nerviosa, quieres leerla y a la vez sientes pánico. Estás confusa. Decides hacer las cosas con tranquilidad. Vas a la cocina y te preparas un café. Veamos: El agua a punto de hervir, dos cucharadas generosas de café molido, una puntita de achicoria… ¡Perfecto! Ni leche ni azúcar, pero eso sí: hay que darle vueltas con una cucharilla porque —como le oías decir a él— “no sabe igual si no lo mueves”

Tomas el sobre, lo acaricias mientras piensas que una vez su piel estuvo en contacto con ese papel. Sabes que al abrirlo escapará su aliento allí contenido, que nunca habrá una segunda vez, pero ¿Qué esperabas? No hay paz para los abandonados. Dejas que tus ojos disfruten de su letra, algo redonda para ser de un hombre, pero es que él tenía ese lado tan femenino en ocasiones, tan dulce. Te decides a leer la carta. Te tiemblan las manos y te dices a ti misma “¡Qué tonta!” mientras una risa nerviosa se va alternando con las lágrimas. Las dos primeras palabras te destrozan, te retuercen el ánimo como si fuera un olivo. “Querida María”. ¿Es posible? —Te sorprendes—  ¿Querida María?. Si María, ¡sí! Es a ti a quien están dirigidas esas palabras tan simples y tan profundas a la vez. Sigues leyendo.

“Esta carta no te la escribo yo. Al menos estoy seguro de que no sé quién soy ahora mismo —cuando  tú has abierto este sobre— ni dónde estaré. Le pedí a un amigo que te la hiciera llegar si se daban las circunstancias, y parece que así ha sido.

He querido hacer mi propia máquina del tiempo, por eso esta carta es mi despedida, aunque ahora mismo te esté viendo frente a mí. Sé que esta noche te abrazarás a mí, como todas las noches desde que nos conocimos, cuando pensábamos que necesitaríamos media vida para recordar cada instante compartido, cada beso y cada caricia. Era solo un sueño, una fantasía que se acaba de quebrar, porque ahora mismo –mientras  te veo— estoy comenzando a olvidarte. Cada vez tengo menos de ti y menos de mí. Sabes que una mañana te miraré a la cara y no sabré quien eres nunca más. Por eso quiero dejar claro de una vez por todas que te quise, te quiero y te querré. Por desgracia no puedo decir que nunca te olvidaré, porque ya lo estoy haciendo y te juro que olvidarte es más castigo que morir. Me aterra la idea de que la muerte no reverdezca los recuerdos. De tener que pasar la eternidad sin saber de ti. Tal vez sea ese mi infierno particular; vivir en el permanente olvido.

Eres la mujer de mi vida. Es tan simple como tu nombre: María. El nombre que suena a música en mis oídos, pero llegará un momento en el que no lo pronuncie nunca más.

Me voy, me estoy yendo ya, poco a poco. Quiero pedirte perdón por haber amargado tu vida, por no poder cumplir nuestros sueños, por todo lo que te haya hecho y por todo lo que te voy a hacer sufrir.

Perdóname Amor mío.

No puedo dejar de quererte

¡Pobre María! Tú que has llorado hasta secar el mar de tus ojos, hasta pensar que ya no te quedaban lágrimas, y ahora dos hilos de amargura corren por tus mejillas. Las últimas lágrimas, las que queman como ácido, las que son el equivalente a vomitar bilis cuando ya no queda nada que vomitar.

Miras su firma, ensortijada como los zarcillos de los guisantes de olor que plantabas cada año en tu jardín. Conoces cada curva de su rúbrica como él conocía cada curva de tu cuerpo.

Y ahora es cuando te fijas en la fecha. Quince de diciembre. Recuerdas un día gris de lluvia mansa, cuando él llegó a casa y te dijo que tenía que contarte algo. Venía del médico.

Le habían diagnosticado Alzheimer.

Written by aitztv

15 diciembre, 2014 at 19:26

“Lentamente”

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descargaNo: No es como esperaba. Me había preparado para un salto al vacío o para estrellarme contra una pared. No en vano he dedicado toda mi vida a este momento. Creía haber evaluado todas las posibilidades, no haber dejado nada al azar, pero ¡claro! Todo eran especulaciones. Un dulce sopor va entrando por mis venas y tras él viene un frío indescriptible, como si mis extremidades cristalizaran bajo la mirada de Medusa. ¡Es tan sutil! Milímetro a milímetro comienzo a caer, con tanta suavidad que habría que inventar nuevas medidas para definir mi tránsito. ¿Dónde estoy? No en el mismo sitio que antes, pero lo parece. Percibo mi derredor como un nuevo mundo donde todo deviene a otra velocidad o a otra ausencia de tal. No es una mala experiencia, pero si se prolonga puede resultar angustiosa. ¿Cuánto tiempo llevo aquí? ¿Un segundo? ¿Un siglo? ¿Una vida? Ya no siento nada. Nada avanza ahora por mis venas. No necesito mi corazón. Creo que es mejor que se pare. También merece un descanso, pero comienzo a entender que no lo va a hacer. No se va a detener, va a seguir latiendo pero lentamente: Una sola vez por toda la eternidad.

Written by aitztv

22 noviembre, 2014 at 11:16

Publicado en Ensayo, Literatura, Poesía, Prosa, Romanticismo

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Mummata (Translation)

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Some friend told me whyI don’t writte in English. Ok. Read this translations and you will know why

I am cold. I guess it’s the consequence of having heard the friendly voices that told me that the solutions are not at the bottom of the bottles. With the help of Benson, I got to stay a few days sober, or half sober if that is possible. Wrapped in a blanket attempt to withstand tremors inherited many nights of wine without roses. The consequences are similar, though much less romantic. Tonight almost I would volunteer be to electroshock just for making company to Jack Lemmon. Of the friendly voices has I a bit confused: I don’t understand it. According to Benson friendly voices are those that appear when you can no longer hear or understand the inner voices. I am concerned that among the friendly voices could be bastards of difficult qualification. Friends of wine are friends or are not: sounds weird but it is very true. Living without alcohol is like surgery without anesthesia. We all need a point of inhibition when things get ugly. Operate without a doubt claim anesthesia; the same happens when what you dislike is to live. The anesthesia of the damned comes bottled.

Since the other morning with Benson I debate me in a sea of doubt. When I dropped in the eyes of the girl I wasn’t expecting to stay hanging from the empty space. I live in a complete feeling of vertigo, as if you were falling toward the center of the Earth on an infinite journey locked in an endless return. When I asked him his name hear a voice like the humming of a cat:"Mummata": I don’t even is if it is possible to call her that, but the musicianship of this set of letters are hammering in my soul and in my heart, now that I know that are different things. Since I do not see her only I want to sleep. The dream is the death of the poor, a cheap and affordable death as the gloomy rooms where sometimes hide the cries of lovers. When you are not with me I want to destroy me. No, it is not kill myself, that makes it any idiot; I seek the destruction will be destroyed as the Sun of the sinners that day of reckoning, I evaporate from the sea and breack in master pieces that nobody can return to joint again, leading me ahead what I have been and what I am not to be ever again. My life turned into a terminal illness guarded by the antithesis of King Midas, with the capable hands turn into fuck everything you touch. Benson looks serene, not afraid. It is possible, he tells me, to love more than one person at a time: she may love the body of a body and soul in another body, the intellect of a third and up to smile one more. She may love the fire in the bottom of the eyes, fever in the soul and the dark corners of the heart, where the spiders close their eight eyes to go to sleep. She may love a hip, a shoulder, a chest, a sex… Yes, you can love all that, but you can’t have everything at the same time. You can buy a body, a will, a speech and a silence, but you have to gain the rest. The money is only the ballast which leads you to the abyss and betrayal.

Hands shaking me. I cannot keep them quiet time enoght to see if there is something in them. Again I feel nausea, but already I nothing left to vomit, or physical or metaphorically. The bile of the soul is much more bitter that the liver can produce. It’s like having to vomit sawdust, it destroys you when pass. It reminds you that, somehow, you’ve already lost this war. I refuse; I wake up and again I fall, I relish me shamefully in my excrescences, I am permeable to all kinds of ridiculous-. Mummata! Where are you? I want to rip the evil eye, amputating you lies, destroying that shadow that want to separate us like as a creature lurking behind the door. Let me see you the time that can withstand an ember in my hand! Gives me the term of a sigh and at then I tell you all, I will tell it all…

I hear the rain burst on the metal roof. The tropics endeavored once more to remind us how little we and our sufferings are. I still feel in my arms her perfect body, her deep breath, the taste of the skin more hidden. His eyes held a pregnant encyclopedia of lessons difficult, impossible to forget. Wonderful creature, you’re my dream every day and every night. A slow kiss. I dream that I’m fighting, but I don’t see my enemy. I send swipes in the air and finally I become exhausted, tired of fighting my shadow. I seek answers where there are only questions.

The wind rises powerful, like an invisible wall that wants to occupy all the space at the same time. Takes the rain and  deploy curtains that open and close labyrinths that nobody will ever read.

Benson looks at me. For the first time, I think I’ve seen a tear twinkling in his eyes.

Written by aitztv

7 diciembre, 2013 at 5:34

El día del padre

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3727088-silueta-de-padre-e-hija-en-la-puesta-de-solNada se puede comparar a la infinita alegría que produce ser padre. Cuando tu primer hijo viene a mundo te das cuenta de que acabas de descubrir una de las pocas cosas, quizás la única, por la que pondrías en juego tu vida hasta perderla. Cuando debutas en la paternidad recibes de la naturaleza un regalo y una enorme responsabilidad; tienes en tus manos un futuro, una vida que has de modelar desde el principio sin determinar sus características únicas, esas que hacen que tu hijo o hija sean un ser maravillosamente individual. Pero también recibes la garantía del dolor; sabes que llegará un día en el que se tendrá que desgajar de ti y recorrer su propio camino y que cada día que disfrutas de su infancia y adolescencia es un día menos hacia esa separación. Las estaciones de la vida de un padre las marcan la evolución de sus hijos; sólo compartimos con ellos la primavera de la infancia y el verano dela adolescencia, después ellos toman las riendas de sus vidas y nos transformamos es una especie de consejeros cuyas advertencias rara vez son escuchadas.

Personalmente recuerdo cada instante de la vida de mis hijas: sus primeros pasos, sus primeras palabras… Recuerdo sus ojos enormemente abiertos al mundo y a todo lo que les rodeaba. Y sufro. Sufro por todo aquello que se me ha escapado entre las manos y que ya no tendré tiempo de realizar con ellas. Sufro porque no podré repetir esos momentos de infinito cariño cuando era para ellas, junto con su madre, lo más importante del mundo. Sufro porque descubro que si elimino de la ecuación de mi vida esos momentos y su mera existencia no queda nada de mí que merezca la pena.

Hoy es el día del padre y estoy a miles de kilómetros de aquellos que quiero: Esta mañana ha sonado mi teléfono diciéndome que tenía un mensaje. Mi hija mayor me recordaba la fecha con un “te quiero” que me ha atravesado de parte a parte. Me siento horriblemente bien o tal vez extraordinariamente mal. Subido como estoy en una montaña rusa emocional hace falta muy poco para desequilibrarme y ese “te quiero” es uno de los pocos que escucharé ya en mi vida. Lo siento como siento las primeras lluvias de septiembre que marcan el final del verano, de ese verano de adolescencia, para dar paso al otoño de la razón y de la distancia. No hace mucho pedía yo a los hados del destino diez años de paz… y me los han negado. En ese juego infame de dar y quitar que es la vida quedan sin embargo cosas de las que no nos pueden expropiar. La más importante es posiblemente el haber sido padres.

No hace falta marcar a fuego una fecha en el calendario para recordar que tuvimos la suerte de ser partícipes del milagro de la vida, pero sí es bueno que aprovechemos que existe para reflexionar sobre todo lo que intentamos trasladar a nuestros hijos; todo el amor que pusimos para que su vida fuera un poco mejor que la nuestra. A veces en el empeño dedicamos tanto tiempo al trabajo que nos perdemos los momentos más maravillosos de su infancia; la comparamos con la nuestra y nos parece que la hemos mejorado, pero ellos cargan con nuestras categorías sin saber si está bien o mal: sólo lo aceptan.

Alguien dijo que no dejamos de jugar al hacernos mayores; nos hacemos mayores al dejar de jugar. Por eso pienso que la vida junto a mis hijas debería ser aún una especie de juego incluso en los peores momentos, como hacia el protagonista de “La vida es Bella”. En ese juego quisiera poder dejar escondido, como el mapa del tesoro, mi testamento emocional. En él quiero detallar a quién dejar la curiosidad y la cautela. A quién las noches estrelladas y los colores de las mariposas. A ambas quiero librar de los miedos, el odio y la mezquindad que a la larga sólo producen dolor y profundas heridas. Pero sobre todo quisiera poner a esa humilde herencia una condición. nunca olvidéis aquellos momentos, los buenos, los que merece la pena recordar, porque en ellos siempre encontraréis el profundo cariño de vuestro padre.

Llegará el invierno del olvido: es inevitable. Un día amanecerá el horizonte nevado y los vientos del norte barrerán los recuerdos; los buenos y los malos. Nada sobrevivirá excepto quizás, esa cascada de cristal que no es otra cosa que la risa inocente de vuestra infancia.

Written by aitztv

19 marzo, 2013 at 2:48

Pesadilla antes de San Valentín

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Descorchar una botella de vino no es algo al alcance de cualquiera. Abrirla si. Arrancar la cápsula y tirar del tapón como un palafrenero es muy fácil; es como desnudar a una prostituta. Le arrancas la ropa y la arrojas a un lado sin preocuparte de lo que hay dentro. A fin de cuentas todos los vinos son una mezcla de tanino, agua y alcohol con algunas impurezas, al igual que un amor de lance no contiene más que carne y huesos. Sólo si te tomas tu tiempo descubrirás que cada vino tiene un matiz propio y cada mujer una esencia única, irrepetible. No se disfruta y ama lo que sólo se puede analizar o tocar. No nos enamora un vino ni una mujer por sus partes individuales. Nos hechizan las esencias porque son irrepetibles. El vino deja un tenue recuerdo en mi boca como tu cabeza sobre mi pecho deja tu aliento único. No hay recuerdo capaz de describir esa sensación. cada trago de vino es tan singular como  una ráfaga de viento. Cada acto de amor recurre a tantas variables incontrolables que merece su recuerdo particular. Quizá por eso el hombre siempre busca refugiarse en el alma de la botella o en alma de una mujer. Son los lugares que por más que los visites siempre te hacen sentir un desconocido. Allí eres siempre anónimo; nuevo cada día. En el fondo lo importante del vino y del alma… Son las impurezas.

Abrir una botella de vino requiere mimo. Tomarla con cuidado entre tus manos y sin brusquedad descubrir su cuello para alcanzar su parte más tierna. Apartar lo visible para alcanzar ese interior oscuro y misterioso que tanta magia encierra. Allí están los demonios y las esperanzas, tu “yo” grande y tu “yo” más ínfimo. Allí está lo que nunca vas a contar. Allí te vuelves mayúsculo e infame, suave como la piel de un níspero, amargo como el amaretto, dulce como el jugo de la caña y recio como el aliento de un buey. Se parecen tanto el espíritu del vino y el alma enamorada de una mujer que es natural sustituir la ausencia de lo uno por lo otro: refugiarse en la botella para llorar a la amada ausente y abandonarse en el regazo de una mujer para sublimar el aroma del vino. Me costaría decir qué nació antes.

Celebrar el amor es quizá la cuestión más ilógica del universo. No desespero de que algún día alguien aprenda a embotellar esa sensación como alguien en el pasado descubrió cómo poner en conserva las corrientes galvánicas. Si hay un motor capaz de mover el mundo sólo puede estar- en mi humilde y trasnochada noción del universo- dentro del alma oscura del vino y en lo más profundo del alma -mucho más oscura aún a los ojos del hombre- de una mujer enamorada. Me vais a permitir que vaya un paso más allá: Ni el vino ni el amor estarán completos si no corre por sus venas una chispa mediterránea… No me lo toméis a mal. El mediterráneo es más una arruga en la piel de los continentes que un vástago del océano. A sus pechos nació el vino acunado por ancianos conocimientos y de todo ello se alumbró le semilla del amor romántico, bajo la luz violeta que tan pocos han sabido entender. Otros rincones tienen otros sabores: El trópico –mi añorado trópico- es dulce, perfumado y  luminoso. El Sur es recio y directo, como la eterna Patagonia. La luz mortecina de hiperbórea nos invita al más cálido de los abrazos… Concededme pues para el mediterráneo el delicado sabor del vino y la dulzura de la piel de una mujer o, si queréis, voltead el pensamiento y nos perderemos en la dulzura del vino y el delicado sabor de la piel de una mujer.

Todo aquello que es dulce y delicado tiene a su vez un trance áspero. la resaca es la nostalgia del vino mientras que el vacío es la nostalgia del amor.  Amanecen muchas mañanas con la lengua y el corazón pegados al paladar. Esas nostalgias son como engrudo para la mente y el alma: las hacen confusas y en ocasiones despiadadas. A veces al amor es como el vino barato; es bueno en las eternidades cortas, pero letal para los instante eternos. No te preocupes: te acostumbras a vivir con el dolor, te haces adicto. Necesitas sufrir hasta saber que de verdad sigues vivo. ¿Quién querría un corazón anestesiado?

Necesito sentir la sangre como alfileres rompiendo las venas que la encierran; hacer  de los latidos del corazón una cuenta atrás: convertir los órganos del cuerpo en los detonadores que pondrán final a esas luces tan luminosas que no me dejan dormir.

Y por terminar de alguna forma, dejadme poner una estrofa de un poema.

“Hoy te voy a dar
Todas las cosas que no tengo.
Te enseñaré
Los lugares que no conozco
Y el trago suave del vino
Que nunca he bebido…”

¡Amén!

Written by aitztv

13 febrero, 2013 at 17:48

Segunda divagación imprescindible

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Muchas gracias a quien ha recuperado este poema que creía definitivamente perdido. Lo habitual es que los poemas tengan un dueño diferente a su autor, así que consideremos que he pagado el copiright.

Lo se porque me duele.
Me duele el pecho en tus ausencias más
diminutas.
Sollozo en los caminos
que no puedo descubrir
contigo.
Y así, de perdido,
en el caótico martirio
de tu falta de presencia
hago ácido mi cambio
y mi destino.
Así escuece mi veneno
llamalo vida – en la piel;
en mi piel que tus dedos
distraidos o ignorantes-
ya ni entienden ni codician.
¡Tan sórdido es el instinto
que me empuja!
Inconfesable es, por
sabido, lo distinto.
Diferente y conocido,
revelado. Ocaso, tal vez,
de mi alma inmunda.
… por eso
me duelen,
tus ausencias
más diminutas.

Written by aitztv

27 marzo, 2011 at 11:56

Publicado en Literatura, Poesía